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José García Domínguez

Ciudadanos: los minutos de la basura

Sin los catalanes y sin los apolíticos sería muy difícil que la derecha pudiera obtener una mayoría absoluta en el Congreso.

Sin los catalanes y sin los apolíticos sería muy difícil que la derecha pudiera obtener una mayoría absoluta en el Congreso.
Inés Arrimadas durante el debate de la nación | EFE

Ciudadanos ha entrado ya en lo que los periodistas deportivos especializados en baloncesto llaman los minutos de la basura, esos instantes finales de los encuentros que están perdidos sin remedio, momento en el que el equipo titular se va al banquillo para digerir por anticipado la derrota mientras la pista se llena de suplentes y meritorios a fin de que sean ellos quienes protagonicen en su lugar la agonía última de la formación dentro del terreno de juego. Parece evidente que asistimos a la crónica de una muerte anunciada que acaso se consume con el salto rumbo a una nómina institucional en el PP de lo poco salvable que queda ahí dentro —Villacís y para de contar—, el paso previo al cierre definitivo de la persiana.

Así las cosas, antes de descorchar una botella de cava para celebrar el deceso del difunto, las cabezas pensantes de la derecha española deberían recordar dos cosas. La primera, que resulta muy difícil gobernar España siendo electoralmente irrelevante en Cataluña, una demarcación habitada por siete millones y medio de almas. Y la segunda, que ellos, los políticos profesionales, viven permanentemente dentro de una burbuja tan opaca como hiperactiva, la que les impide reparar en la existencia de esa otra parte notable de la población que se muestra por completo ajena e indiferente a la cosa pública, la que integra la muchedumbre invisible de los apolíticos.

Sin los catalanes, y ya sabemos lo que quiero decir cuando escribo catalanes,y sin los apolíticos, que también se entiende, no sería imposible que el PP, contando por descontado con la muleta de Vox, pudiera obtener una mayoría absoluta en el Congreso. No sería imposible, cierto, pero sería muy difícil. Mucho. Y resulta que quienes podrían haber seguido votando a Ciudadanos se encontraban precisamente entre los catalanes y entre los apolíticos, ese tipo de elector muy poco sofisticado desde el punto de vista ideológico que tiende a identificarse con las ofertas programáticas que le suenen a mera gestión técnica, aséptica y profesional de la Administración. Que no otra cosa es el llamado centrismo, por cierto. Yo no brindaría.

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