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EDITORIAL

La calle, contra Sánchez

El complejo de inferioridad solo hace mella en unos dirigentes de la derecha que han estado muy por debajo de la Nación a la que dicen representar.

El éxito de la manifestación de este pasado sábado, convocada por numerosas asociaciones cívicas bajo el lema "Por España, la democracia y la Constitución", es fiel reflejo del rechazo mayoritario de los españoles a la política de Pedro Sánchez y sus aliados. La asistencia multitudinaria de ciudadanos a la concentración en el centro de Madrid al llamado de estas organizaciones en defensa de la Nación es un hecho de enorme relevancia que va a caracterizar este final de legislatura, en el que las operaciones atropelladas del sanchismo para mantener el poder están deteriorando nuestra democracia a un ritmo jamás visto en el pasado.

La reacción furibunda de la izquierda es una prueba añadida de que la concentración en defensa de España y nuestra Constitución se ha saldado con un éxito rotundo de los convocantes, que han contado con el apoyo de los dos principales partidos de la derecha española. Los exabruptos de Sánchez, comparando la manifestación en defensa de España con las algaradas separatistas que pretenden su destrucción, y las salidas de tono de sus ministros acusando ridículamente a los miles de asistentes de formar parte de una conspiración ultraderechista vinculada a Trump y Bolsonaro son el mejor indicador del pavor que cunde entre las filas izquierdistas, que no contaban con sufrir en la calle un rechazo tan palmario.

Son muchas las razones para protestar contra el gobierno social-comunista y sus aliados. Entre ellas, la reforma espuria del Código Penal para beneficiar a los golpistas catalanes, la imposición por ley de una visión hemipléjica y sectaria de nuestra historia reciente, las incontables concesiones a los terroristas, la aprobación de leyes aberrantes impulsadas por los comunistas bolivarianos y el asalto al poder judicial para anular impunemente todos los controles democráticos. Esta nefasta obra política y legislativa ha espoleado las conciencias de los españoles y llevado a sus organizaciones más representativas a salir a la calle a protestar por la deriva del sanchismo, que amenaza con deteriorar nuestro régimen de libertades con carácter tal vez irremediable.

Santiago Abascal fue el único líder nacional presente en la manifestación. Por parte del PP hubo una representación de cargos intermedios, puesto que Alberto Núñez Feijóo decidió no hacer acto de presencia. Tampoco estuvieron Almeida y Díaz Ayuso, anfitriones oficiosos de la marcha por sus cargos institucionales en el ayuntamiento y la comunidad de Madrid. Los populares decidieron abstenerse de acudir a este acto multitudinario en defensa de España para evitar la reedición de la famosa "Foto de Colón", con que la izquierda extrema sanchista los zahirió en el pasado. A todos ellos, los socialistas, comunistas y separatistas les siguen dictando con quién pueden o no acudir a una manifestación. Por fortuna, ese absurdo complejo de inferioridad solo hace mella en unos dirigentes de la derecha española que, en esta ocasión, han estado muy por debajo de la Nación a la que dicen representar.

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