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Pedro de Tena

De disyuntivas justas y debates falsos

Recuerdo ahora con apetencia programas como 'La Clave', en los que la presencia de expertos junto a los políticos impedía tirar de demagogias baratas.

Recuerdo ahora con apetencia programas como 'La Clave', en los que la presencia de expertos junto a los políticos impedía tirar de demagogias baratas.
Pedro Sánchez, en un mitin del PSOE en Alcalá de Henares. | EFE

Como soy uno de los que ha titulado "O Sánchez o España" en uno de sus artículos, me he sentido aludido por Pedro Sánchez en su actuación farsista de ayer. Ya saben que decretó nada menos que seis debates sucesivos y exclusivos con el PP, sin sumar con su, hasta ahora, eternamente aditiva Yolanda Díaz y sin contar con el concurso de Vox, el tercer partido más votado en las pasadas elecciones municipales y en las últimas generales de 2019. Ahora, ya se ve, no le molan los debates plurales como le molaban en 2019.

Entonces le interesaba enfrentar a la "derecha extrema" con la "extrema derecha" (ya saben que para él y parte del sanedrín de Feijóo, Vox es peor que ETA, peor que Bildu, peor que los golpistas catalanes y peor que las leyes de Irene Montero u otras). Ahora le conviene agrupar todo el voto de la izquierda en él. Es decir, no hay un gramo de creencia democrática en la nueva parida: sólo partidismo populista y evidente.

El narcisismo patológico que exhibe el protagonista del Manual de Resistencia, que tampoco escribió él mismo, como ya es proverbial, es bífido. Unas veces sirve para acometer con su yo absoluto a cualquiera que se ponga en su camino –en el PSOE saben mucho de ello y más que lo sabrán ahora cuando ordene y mande en las listas electorales—, y otras, como mostró ayer, se manifiesta como un ego cobarde que se esconde en un montón para que nadie lo señale como el responsable del desastre del pasado 28 de mayo.

Ayer molaba el embozo, el taparse con los votantes socialistas para ocultar que en la disyuntiva que él mismo contribuye a hacer famosa, "O Sánchez o España", dice lo que dice y no otra cosa. Claro que los votantes socialistas, cada vez más abochornados por un capo que traiciona toda una trayectoria del partido (y por eso lo quisieron echar en 2015), son parte importante de España. Son millones de personas, en su mayoría de buena fe, que creen que su opción es la mejor para el país. Pero estos santos, que aguantan con su voto fiel a pesar de lo que han visto de sus dirigentes, no aparecen en la disyuntiva.

El que aparece es Pedro Sánchez, él personalmente, él como secretario general del PSOE y él como presidente del gobierno de una España a la que no respeta (caso fresas, caso Ghali, caso economía española —será la suya— como una "moto", caso Sahara, caso inmigración, caso COVID y su no comité de expertos, caso amnesia histórica, caso Bildu, caso ERE —ya caso Griñán—, caso "sí es sí", caso poder judicial, caso secesión y malversación y así sucesivamente sin parar en un largo rato si hubiese espacio).

La disyuntiva está bien formulada. Es "O Pedro Sánchez o España", incluyendo en nuestra nación española, como es natural en una democracia sensata y liberal, a los votantes socialistas, a los que está infligiendo uno de los mayores castigos imaginables. Les ha hecho ser cómplices de decisiones que avergonzarán a las futuras generaciones socialistas como ha avergonzado a las anteriores recientes que lo han dicho, bajito, pero lo han dicho. Pedro Sánchez, él personalmente, le está haciendo daño a toda España, a la que no le vota y a la que le votaba, que ya se verá. Por eso, la disyuntiva no es una farsa y expresa adecuadamente el dilema político y moral de las próximas elecciones generales. Sin Pedro Sánchez, España, también el PSOE, naturalmente, tendrán una oportunidad de librarse del monstruo frankensteinano y de las gorgonas antipatrióticas que ha protegido para su única gloria.

Y ahora, el que no permite preguntas en las ruedas de prensa ni responde de su derrota ni consiente comparecencias libres de su propio partido; el que abusa de su posición para hablar el doble que los demás; el que controla la radiotelevisión pública nacional, influye en cadenas de radio y TV privadas como nadie y cuenta con apoyos suculentos en prensa escrita y opinadores tertulianos, este individuo es el que propone seis debates hasta el 23-J con el PP y otros más con otros partidos, como si los españoles no tuviéramos otra cosa que hacer que plegarnos a su bufa artimaña electoral.

Yo, que era un ferviente defensor de los debates políticos, una vez comprobada su inutilidad por su superficialidad argumental, por su mala intención descarada, por su tortura de los hechos y datos, por las exhibiciones oratorias circenses y por la mentira manifiesta (memento, Sánchez, lo de tus pesadillas, tus negaciones al pacto con Bildu y otras muchas que llegan hasta Pedro Solbes, rip), recuerdo ahora con pasión y apetencia programas enriquecedores como La Clave, del gran José Luis Balbín, en los que la presencia de expertos y científicos junto a los políticos, impedía a éstos tirar de demagogias baratas y mortificar a las estadísticas para darnos gato por liebre.

O sea, Sánchez, sobre todo debata con Txapote y, de paso, y si puede, que le vote.

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