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EDITORIAL

PSOE, Sumar y Vox, arrasados en Galicia

Ha sido un mal día para aquellos que odian a España y también para los que están dispuestos a sacrificarla por sus intereses personales.

Pese a la enorme campaña de propaganda que se ha desarrollado en los últimos meses, desde los pellets hasta el CIS, el PP ha logrado una victoria muy sólida en Galicia, en un escenario que es cierto que era un campo de minas para los populares, que habrían quedado tocados de no haber logrado la mayoría absoluta, sobre todo siendo el líder del partido Alberto Núñez Feijóo, presidente de la Xunta hasta hace menos de dos años.

No obstante, lo más importante de estas elecciones no es tanto la victoria del PP como el hecho de que ese triunfo impide que se abra un tercer frente separatista en España, en un momento en el que esta habría sido una noticia nefasta.

Porque por mucho que el BNG se haya cubierto con pieles de cordero en los últimos meses, está claro que un gobierno liderado por Ana Pontón y apoyado por este PSOE iba a poner sobre la mesa todas las reivindicaciones separatistas que ya contaminan la política española desde Cataluña y el País Vasco.

Ha sido, por tanto, un mal día para aquellos que odian a España, incluso para el BNG, que tiene un buen resultado pero que no le sirve de nada. Y sobre todo ha sido una noche nefasta para los que desde el Gobierno quieren volar por los aires nuestra democracia y las libertades que ampara la Constitución.

Tanto el PSOE, que se queda en la completa irrelevancia en Galicia con sus nueve diputados, como Sumar, que ya es una formación no sólo extraparlamentaria sino directamente marginal, se han dado de bruces con el resultado de sus políticas desde el 23J, de su entrega al separatismo y de la huida hacia adelante que emprendió Pedro Sánchez cuando se dio cuenta de que necesitaba los siete diputados de Puigdemont para mantenerse en el poder.

Pero no sólo ha sido una mala noche para los que odian a España: aquellos que ya están dispuestos a cualquier cosa para salvar sus propias siglas también han obtenido un resultado lamentable. Vox no ha sido capaz de entender que en estas elecciones su papel no podía ser hacerle el caldo gordo a la izquierda con una campaña durísima contra el único partido que podía frenar la llegada del nacionalismo: el PP.

Los de Abascal prácticamente repiten el mismo resultado que obtuvieron en 2020, cuatro años después siguen muy lejos de entrar en el parlamento de una región que es obvio que no entienden. Como no han entendido que España en este momento requiere de los partidos, al menos de los de la derecha, un patriotismo que esté por encima de las siglas y no digamos ya de los intereses personales.

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