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José T. Raga

¡La izquierda, por la desigualdad!

El presidente Sánchez ha optado por sacralizar la desigualdad en el ámbito político, jurídico y social.

El presidente Sánchez ha optado por sacralizar la desigualdad en el ámbito político, jurídico y social.
Pedro Sánchez. | Europa Press

La verdad es que, contemplando la escena sin prejuicios, con la mayor objetividad, España, nuestra querida España, es una nación fascinante. Podemos encontrar en ella las mayores contradicciones sin que a nadie le tiemble el pulso, ni necesidad alguna de explicación que allane el camino de su comprensión, aunque el objeto de conocimiento resulte, de suyo, incomprensible.

Estoy refiriéndome, naturalmente, a la izquierda gobernante, porque me consta de muchos españoles de izquierda que no desearían ser identificados con la izquierda en el poder. Eslóganes ancestrales, que han constituido la columna vertebral del pensamiento y política de la izquierda, durante generaciones, se han hecho trizas en apenas unos años, para ser sustituidos por sus antagónicos.

La Constitución Española vigente (29/12/1978), establece que: "España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político" [Artículo 1-1.] Unos principios, sin los que no cabe un verdadero Estado Democrático de Derecho.

Todo el marco político español, hacía suya la Constitución, con independencia de que unos acentuasen más unos rasgos y otros hacían lo propio respecto de otros. La izquierda, solía atribuirse, con mayor énfasis, la consecución de la igualdad, mientras que, la derecha incidiría en la libertad, y en otros casos, sobre la integridad de la Nación Española... Pese a estas preferencias, el texto fue considerado un modelo de equilibrio, capaz de catalizar una nueva España, que se iniciaba en la Transición.

Estamos hablando de sucesos datados en diciembre del año 1978, por poner una fecha de origen, pero que, sin saber por qué, se ha venido manteniendo a lo largo de los años, de suerte que la izquierda se presentaba como adalid de la igualdad, a la vez que la derecha lo hacía de la libertad. Sin entrar en discusiones de fondo, que no vienen al caso, lo cierto es que la atmósfera social, ha venido avalando aquellas identidades.

Así, diría yo que ha venido siendo, hasta que el presidente Sánchez ha optado por sacralizar la desigualdad en el ámbito político, jurídico y social, que empezó por la cuestión de sexos/géneros –penalizando un mismo hecho delictivo con distintas penas según quien lo cometa– y que continúa, a través de la pretendida amnistía, para unos delincuentes, pero no para otros.

Y, hablando de desigualdades, habría sido una ocasión, muy propicia, para remediar la asimetría financiera establecida por el Concierto –Estado con País Vasco– y por el Convenio –Estado con Navarra–, para que todos los españoles estuvieran sometidos al mismo régimen fiscal, sin privilegios ni excepciones.

Pero no; el presidente del Gobierno Español, ha preferido malgastar el patrimonio de la igualdad –patrimonio por autoproclamación– y apostar por la desigualdad que supone, no sólo mantener la que venía desde mediados de sigo XIX, sino ampliarla a Cataluña mediante un nuevo, quizá Acord, que regularía el régimen fiscal del Estado con Cataluña.

¿Dónde quedó la Constitución? ¿Dónde los principios ideológicos de la izquierda? ¿Izquierda y derecha, lucharon históricamente para esto?

¡No se depriman, aunque cueste!

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