Menú
José García Domínguez

El mensaje del Gobierno a los caseros

En un alarde de prospectiva estratégica e ingenio planificador, acaba de rogar a los particulares poseedores de algún piso vacío que lo alquilen barato a los potenciales inquilinos.

En un alarde de prospectiva estratégica e ingenio planificador, acaba de rogar a los particulares poseedores de algún piso vacío que lo alquilen barato a los potenciales inquilinos.
El presidente del gobierno, Pedro Sánchez. | Europa Press

Madrid y Barcelona no son las locomotoras de España. Madrid y Barcelona son las aspiradoras de España. Una locomotora tira de los demás hacia delante con fuerza; una aspiradora, por el contrario, absorbe los recursos del entorno hasta dejarlo convertirlo en un páramo. Imagino que llegados a estas frases introductorias del artículo, ya habrá un montón de lectores irritados conmigo por sostener semejante tesis; lectores críticos que, naturalmente, no sólo residirán en Madrid o en Barcelona, sino que muchos de ellos habrán logrado alcanzar el éxito en sus carreras profesionales gracias a estar donde todos sabemos que resulta imprescindible estar, o sea, en Madrid o en Barcelona.

Por lo demás, eso, la creciente aglomeración de las actividades empresariales importantes en muy pocos territorios dentro de los países, ocurre hoy no sólo en España sino en todo Occidente. Francia, por ejemplo, ya no existe; lo que aún queda de ella remite a un disperso geriátrico rural subvencionado por París, el lugar donde se genera el 90% de la creación de valor de la nación. Y con Inglaterra ocurre lo mismo: ahora apenas representa el folklórico patio trasero del Gran Londres. Quizá Alemania, con su industria homogéneamente diseminada por el espacio, sea el único país de verdad que todavía quede en pie en Europa.

¿A qué viene esto? Viene a que el Gobierno, en un alarde de prospectiva estratégica e ingenio planificador, acaba de rogar a los particulares poseedores de algún piso vacío que lo alquilen barato a los potenciales inquilinos. En la cuarta revolución industrial a la que asiste en este instante el mundo, uno de los rasgos dominantes es que la producción vuelve a realizarse como en la Edad Media: dentro de las ciudades, no fuera y lejos de ellas; pero en muy pocas, como ya se ha dicho. Madrid y Barcelona van a tener que alojar a uno de cada tres trabajadores españoles antes de una generación. Algo que va a dejar en pura anécdota lo que ocurrió a principios de los sesenta tras la migración masiva del campo a la ciudad. Pero el Gobierno tiene la solución. Lo acabamos de ver.

Temas

En España

    0
    comentarios