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EDITORIAL

Ridículo mundial de Sánchez por su tibieza con Irán

Sánchez se retrata con su equidistancia, puesta aún más de manifiesto si se compara con las reacciones de Núñez Feijóo o Díaz Ayuso.

El ataque iraní sobre Israel, el más grave perpetrado en las últimas décadas por el régimen terrorista de los ayatolás, ha pillado al Presidente del Gobierno en plena gira europea para convencer a otros países de que hagan el ridículo junto a España tratando de reconocer al Estado palestino, una extravagancia sin la menor utilidad práctica salvo la de presumir de judeofobia en el seno de la UE.

En medio de sus labores de lacayo internacional de los terroristas de Hamás —España no podía caer más bajo— Sánchez se ha encontrado con esta agresión militar de la teocracia chií contra la única democracia de Oriente Medio, un ataque que ha despachado de la manera que cabía esperar del personaje: definiendo como "acontecimientos" el ataque iraní y mostrando su preocupación por la respuesta israelí para que no se produzca una escalada. Ese fue el mensaje de Sánchez al mundo, mientras cientos de drones y misiles sobrevolaban las ciudades israelíes. Ni una palabra de condena contra el régimen iraní.

Solo horas después, tras constatar el aislamiento de su posición entre los dirigentes occidentales, Sánchez emitió otro mensaje en las redes con una tímida condena del ataque iraní pero dejando claro, eso sí, que se trata de un rechazo genérico a "toda forma de violencia", una muestra de burda equidistancia aún peor que si hubiera sido sincero y se hubiera ahorrado ese tímido amago de reprobación.

El Gobierno israelí ha despachado esta última patochada sanchista calificando al presidente del Gobierno español como "un cero absoluto", tal y como ha recogido la prensa de allí, que sigue sin acostumbrarse a que el mandatario de un país occidental importante actúe con el radicalismo infantiloide que caracteriza a Sánchez cuando opina sobre política internacional. Amihai Chikly, ministro de la Diáspora, resumió con ese simple comentario lo que opina el pueblo israelí de un primer ministro europeo, convertido desde el pasado 7 de octubre en siervo voluntario de la organización terrorista palestina que patrocina, precisamente, el régimen iraní.

De la extrema izquierda española no cabe esperar ni un ápice de decencia, más aún teniendo en cuenta los lazos evidentes de algunos de sus dirigentes con Teherán. Pero sus esfuerzos y los de Sánchez para acusar a Israel de todos los males de Oriente Medio resultan todavía más ridículos cuando los ayatolás se quitan la careta y muestran al mundo, como acaban de hacer, que su intención es exterminar a los israelíes y destruir al Estado judío.

Irán es responsable de exportar el terrorismo a numerosos países y de financiar y dirigir las operaciones terroristas que se perpetran especialmente en Oriente Medio, como la masacre de más de mil civiles judíos el pasado 7 de octubre. Sánchez se retrata con su equidistancia, puesta aún más de manifiesto si se compara con las reacciones de Núñez Feijóo o Díaz Ayuso, ejemplos ambos de firmeza contra el terrorismo iraní y sus ataques indiscriminados al pueblo israelí.

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