Vox se desinfla
Al igual que no se puede ser adolescente toda la vida, tampoco se puede ejercer de airado antisistema por tiempo indefinido.
Vox, que es un partido dirigido por españoles profesionales, un oficio del que siempre se ha podido vivir muy bien y con gran desahogo en este país, está demostrando que no conoce España. Aunque, en su descargo, procede decir que eso de ignorar qué es España no solo les ha ocurrido a ellos. Yo recuerdo que la dirección de Ciudadanos, otros que aspiraban también a ejercer el monopolio de la españolidad identitaria a jornada completa, 24/7, le envió un mindundi desde Madrid a Cristina Losada –cuando lo de su candidatura a la Xunta– con el cometido expreso de hacerle saber que no era necesario ningún programa electoral específico para Galicia, que con enseñar en los carteles la cara bien afeitada de Albert Rivera ya sería suficiente. Naturalmente, sacaron cero diputados.
Quien conoce someramente España sabe que Galicia no es lo mismo que Madrid, que Asturias no resulta ser intercambiable con Murcia, y que Andalucía no constituye en absoluto un expediente regional que se pueda resolver con un poco de folclore flamenco y cuatro batas de cola cuando llega la hora de las elecciones. Así, mientras el PP cuenta con un líder genuino en Andalucía, Vox ha preferido recuperar el modelo añejo de los gobernadores civiles, grises y anodinos funcionarios provinciales designados desde la capital del Reino cuya virtud política más apreciada por el alto mando es la de la dócil invisibilidad, mucho mejor cuanto más invisible.
Y eso, allí en los territorios donde el PP carece de una representación fuerte y con arraigo asentado –tal como ocurría en Extremadura–, puede no suponer un lastre demasiado relevante en las urnas. Pero no es el caso de Andalucía, donde Moreno Bonilla ha logrado vincular su muy específica impronta personal a la percepción colectiva de la derecha en esa región. Y es que, al igual que no se puede ser adolescente toda la vida, tampoco se puede ejercer de airado antisistema por tiempo indefinido. Castilla y León supuso el primer baño de realidad para un Vox demasiado rendido a delirios sucesorios de grandeza. Y en Andalucía les espera el resopón.
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