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EDITORIAL

La operación de Roures y Podemos con Rufián

Lo que esta gente llama salvar a la izquierda y a España en realidad es salvarse ellos a costa de España, igual que Pedro Sánchez.

Irene Montero y Gabriel Rufián protagonizaron en Barcelona un acto en defensa de una candidatura conjunta con todas las siglas de la izquierda que puso de manifiesto su pobre nivel intelectual y la desesperación de unos personajes que temen perder sus posiciones de privilegio y, sobre todo, los suculentos ingresos que les depara la política, muy superiores a los que tendrían en el caso de tener que trabajar.

Con la ampulosa excusa de parar al PP y a Vox, a los que identifican sin reparo alguno con el fascismo, y con una larga sarta de mentiras, como la de que se pretende ilegalizar a ERC, Montero y Rufián abogaron por una unidad de la izquierda a la izquierda del PSOE que en realidad es una operación política de Podemos para salvar los muebles y de Rufián para salvar su escaño. Bajo la pretensión de ofrecer una alternativa de izquierda en un momento de grave riesgo para la democracia y las libertades lo que Rufián y Montero hacen es buscar salidas personales, el mantenimiento de su estatus y la prolongación artificial de dos carreras políticas que hace mucho tiempo ya que no dan más de sí.

Las aportaciones de Irene Montero son de sobras conocidas. Ella es la impulsora de un desastre de las dimensiones de la ley "suelta violadores" y la principal difusora de la ideología de género y de estupideces como el "ellos, ellas y elles". Gabriel Rufián, por su parte, es un separatista que al ver peligrar su posición en ERC pretende transitar del odio a España a liderar la izquierda en España. La típica contradicción izquierdista que el todavía portavoz de ERC en el Congreso pretende cabalgar para mantenerse en Madrid y en política porque debe pensar que trabajar es de cobardes.

Con Podemos y Rufián se juntan el hambre con las ganas de comer, una especie de alianza de conveniencia por la que Podemos pretende aprovecharse del tirón demoscópico de Rufián —al parecer el dirigente preferido por la mayoría de los votantes de extrema izquierda en toda España— y Rufián cobijarse bajo la sombra del partido de Pablo Iglesias antes de que Oriol Junqueras le dé la patada en las posaderas urgido y empujado por todos los cargos y militantes de ERC que profesan un odio africano a su portavoz en Madrid.

Para ERC, Rufián es un "botifler", un charnego traidor, el "españolazo" empotrado en el partido por el capricho de Junqueras. Para Podemos, en cambio, es un activo electoral siempre que forme un tándem con Irene Montero y les ayude a recuperar el terreno arrebatado por una Yolanda Díaz ahora en retirada y por la plataforma Sumar, en plena descomposición. Detrás de la maniobra aparece el empresario Jaume Roures, otro personaje indispensable para comprender el deterioro de la política en España, un elemento siniestro en toda la extensión de la palabra, un tipo sin el que no se puede entender ni la figura de Pablo Iglesias ni el golpe de Estado separatista en Cataluña, uno de los grandes enemigos de la nación y de los españoles que se pretenden libres e iguales.

Lo que esta gente llama salvar a la izquierda y a España en realidad es salvarse ellos a costa de España, igual que Pedro Sánchez. Cuanto peor, mejor para ellos, unos ases de la crispación que sólo pueden medrar y mantenerse a base de enfrentar a los ciudadanos, crear enemigos, alzar muros, sembrar odio y engañar a los electores.

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