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Fanatismo político

El fanatismo político de Rajoy está acabando con la política española.

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El fanatismo político de Rajoy está acabando con la política española. Actuar como si en España no pasara nada, como si todo fuera normal, es el rasgo que mejor define su fanatismo político. El ocultamiento de su incapacidad para formar un Gobierno estable es el otro gran rasgo de su reaccionaria política. No le resultará fácil a los otros partidos desmontar esta patraña ideológica, que está perfectamente instalada en la sociedad española más pastueña y bobina, porque también ellos han contribuido de modo decisivo a decir que todo puede arreglarse. Falso. Hay cosas que no tienen arreglo posible. Hemos perdido la posibilidad de formar un Gobierno para todos los españoles y, además, están los mismos actores que fracasaron el día 20 de diciembre de 2015. El fracaso sobre fracaso no conducirá a nada bueno. Por lo tanto, preparémonos para lo peor con ironía y humor. Serenidad estoica y humor son los ingredientes básicos para sobrevivir a esta campaña electoral, que estará aún más plagada de mentiras, engaños y manipulaciones que la anterior.

Así las cosas, dos maneras radicales existen para abordar la nueva campaña electoral del 26 de junio: ¿habrá política o todo será una cuestión de intereses?, ¿se votará por unas ideas o por miedo a no cobrar la pensión? Me temo lo peor. Se votará por la mera supervivencia. La política ha muerto. La gente se creerá la gran patraña de Rajoy: "Aquí no pasa nada. Yo garantizó el orden, la estabilidad, la Constitución y las pensiones". La panza está por encima de la incertidumbre, la inestabilidad, el conflicto y la posibilidad de una nueva política. El personal está tan fanatizado y asustado que votará a su primer fanático: Mariano Rajoy. Su derrota electoral fue histórica, pero se ha mantenido en el poder. Más aún, este hombre ha conseguido algo increíble: pasar por ser un tipo normal. Un sencillo lector del diario deportivo Marca. Mentira. Rajoy, el jefe del Gobierno de España, ha negado la viabilidad de nuestra democracia, porque estimula la presencia en los espacios políticos de la muchedumbre, del gentío, que niega la viabilidad de las soluciones democráticas, para presentarse él como gran salvador. Terrible. Rajoy aparece como el único salvador de una situación caótica que él mismo promociona.

No es sencillo encarar esta fórmula fanática, que reduce la política a la panza, a llenar la andorga, y en la que están de acuerdo el PP y Podemos y, por qué no decirlo, también Ciudadanos y el PSOE. Solo cabe apelar a la esperanza política. No es mucho, lo sé, pero, en estos momentos de absoluto desmoronamiento de todas las instituciones democráticas, sólo nos cabe apelar a la gran política. O sea quizá sea verdad que la política es una materia demasiado sutil como para decir que el Gobierno de Rajoy esté acabando con ella. El Gobierno de Rajoy está utilizando de modo descarado todo el aparato del Estado a su favor, incluso promociona a un grupo político que niega la democracia a través de una extrema ideologización política de la vida cotidiana, pero quizá el miedo no haya logrado paralizar totalmente la sustancia política de la democracia: la indeterminación política de unas elecciones. Por lo tanto, a pesar de todas las miserias del fanatismo político, sólo nos cabe reconocer que es imposible dar un canon al político que le sirva de norma. Un detalle menor, algo casi insignificante, un matiz puede transformar todo. Quizá por eso, por la importancia que tienen las circunstancias, la inteligencia y la sensibilidad de los hombres que hacen la política, tendremos que seguir con vitalidad esta campaña electoral.

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