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Carmelo Jordá

El artículo y el ridículo

A un miembro del gobierno que más impuestos ha subido de la historia se le puede exigir que no defienda a un presunto defraudador multimillonario.

Carmelo Jordá
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A casi todos los políticos de España se les ha escapado alguna inconveniencia frente a un micrófono supuestamente apagado, incluso ha habido quien en pleno calentón parlamentario o periodístico se ha pasado de la raya sabiendo que los micrófonos o las cámaras estaban en marcha.

Pero que se te escape un artículo en El País, con foto incriminatoria incluida, ya es más novedoso, y se diría que es lo que le ha pasado al señor secretario de Estado de Deporte, que se ha ido a Prisa a ensalzar al Barça en un récord de corrección política sólo comparable al récord de cursilería que el tío se ha marcado en folio y medio. Algo más de mil palabras que pasarán a la posteridad como una de las joyas del politiqués, ese idioma tan raro -y tan feo- que hablan y escriben el 80% de los españoles en cuanto llegan a subsecretarios de algo.

No, no se me ocurre pedir a un político que escriba como una persona normal, lo que sí se le puede exigir a un miembro del gobierno que más impuestos ha subido de la historia es que no defienda a un presunto defraudador multimillonario.

Quizá él no lo sabe, o puede que no se acuerde, pero mientras él defiende a un Barça inmerso en un proceso penal, los inspectores de Hacienda espoleados por su compañero Montoro desarrollan verdaderas razias a la caza del contribuyente. Auténticas intrusiones guerrilleras en las que al olor del botín caen empresas, negocios y particulares que se han equivocado a la hora de hacer la declaración, que han interpretado la ley tal y como venía haciéndose desde hace años, hasta que a alguien se le ha ocurrido que un cambio al respecto serviría para sangrar más a los ciudadanos, o que, simplemente, han tenido mala suerte. Empresas, profesionales o contribuyentes rasos que, por cierto, no disponen del ejército de abogados y asesores que están al servicio del Barça, especialmente cuando negocia un traspaso de 100 millones de euros.

Por otro lado, es cierto que, como equipo puntero que es desde hace décadas en varias disciplinas, en el club barcelonés ha jugado una buena colección de glorias del deporte, pero hasta donde yo sé eso no te exime de pagar a Hacienda.

Finalmente, que a día de hoy alguien defienda al Barça como "un activo fundamental de la Marca España" es directamente para descojonarse, con perdón, además de que igual te cae una querella de Laporta por injurias y calumnias. Primero porque de hecho se negó tajantemente a serlo cuando se lo pidió Zapatero; segundo y sobre todo, porque ninguna institución de la sociedad civil catalana ha hecho, ni remotamente, tanto por el antiespañolismo como el Barcelona. Podemos discutir si un club deportivo tiene derecho o no a meterse en estos fregados políticos, pero es indiscutible que el club culé lleva años haciéndolo… y no precisamente a favor de España.

Con tantas causas justas que se pueden defender hoy en Cataluña –el español, la libertad de expresión, que a los niños no se les inculque el odio, el equilibrio en las cuentas públicas, el cierre de TV3, la butifarra…–, va Cardenal y se nos pone a defender al Barça. ¡Hay que ser ridículo para escribir según qué artículos!

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