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Cayetano González

Qué solas están las víctimas

La triple reivindicación de Memoria, Dignidad y Justicia por parte de las víctimas del terrorismo sigue teniendo absoluta vigencia.

Cayetano González
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No sé qué es peor: si el conjunto de actuaciones del Gobierno social-comunista de Sánchez e Iglesias en relación con el mundo de ETA –sus presos, sus herederos políticos, a los que corteja para contar con sus votos en las instituciones– o la falta de reacción, salvo muy contadas excepciones, de la sociedad, de los medios de comunicación, ante hechos que evidentemente suponen una afrenta a las víctimas del terrorismo.

¿Qué es lo que está pasando en nuestra sociedad para que, cuando el presidente del Gobierno y secretario general del PSOE –en cuyas filas ha habido un buen número de víctimas de ETA– lamenta la muerte en la cárcel, por suicidio, de un etarra, no suceda absolutamente nada en términos de reprobación? Incluso el ministro de Interior apela a la “humanidad” para justificar esa declaración de su jefe, lo cual recuerda mucho lo que dijeron en su momento otros dos ex de Interior, Rubalcaba y Fernández Díaz, para justificar las actuaciones que llevaron a cabo los gobiernos de los que formaron parte con dos presos de ETA muy relevantes: Iñaki de Juana Chaos y Josu Uribetxeberria Bolinaga. ¿Por qué Sánchez lamenta ahora el suicidio de un etarra, cuando no es el primero, o cuando ha habido otras muertes similares de presos comunes y no ha dicho nada? ¿Es que hay suicidios de primera y suicidios de segunda dentro de las cárceles?

¿Por qué se busca el acuerdo con los herederos políticos de la banda terrorista, se mendigan sus votos para aprobar prórrogas de los estados de alarma o los Presupuestos, o la reforma laboral, como si fueran un partido político más, y sin embargo se demoniza a otro partido, Vox, que es a día de hoy la tercera fuerza política nacional, con casi cuatro millones de votos y en cuyas filas militan víctimas de ETA, entre ellas un referente moral para muchos españoles como José Antonio Ortega Lara?

"Ninguna necesidad aritmética justifica tratar como un partido más a quienes, desde un punto de vista ético, no lo son". Estas palabras no las ha dicho un peligroso radical de la derecha. Las ha pronunciado este fin de semana el nuevo secretario general de las juventudes del Partido Socialista de Euskadi, Víctor Trimiño, y las ha dicho además delante de Idoia Mendía, esa señora que hace dos años brindó con champagne con Arnaldo Otegui en una cena prenavideña. No sé cuál será el futuro político que después de esto le espera al joven Trimiño, pero hacía tiempo que no se oía a un dirigente socialista una declaración tan llena de sentido común.

Es verdad que la pandemia, con sus graves consecuencias sanitarias y económicas, lo condiciona todo, y la gente está a lo que está. Es verdad que la condición humana tiende a olvidar las tragedias, las cosas desagradables del pasado, y 857 personas asesinadas por ETA y miles de heridos durante cincuenta años, lo es. Pero cuando una sociedad olvida a sus muertos está cometiendo una grave injusticia y un tremendo error.

ETA ya no mata, es verdad. Pero sus víctimas y el dolor causado durante tantos años siguen ahí. Están pendientes de resolver por la Justicia varios centenares de sus crímenes. Sus herederos políticos no solamente están en las instituciones, sino que además son cortejados por la actual coalición gobernante, se pacta con ellos como si fueran un partido político más. Y no lo son, como acertadamente ha subrayado el dirigente de las juventudes socialistas del País Vasco.

La triple reivindicación de Memoria, Dignidad y Justicia por parte de las víctimas del terrorismo sigue teniendo absoluta vigencia, aunque no esté atravesando sus mejores momentos. De este Gobierno ya se sabe lo que se puede esperar. Lo preocupante es la falta de reacción, de pulso, de una ciudadanía que en muchos periodos de nuestra historia reciente supo estar al lado de las víctimas y no tolerar según qué cosas a los gobernantes de turno. No dejemos solas a las víctimas. Si esto sucediera sería un triunfo más de quienes han causado tanto dolor y un fracaso colectivo como sociedad.

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