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Socialistas, ¡en pie!

Patxi López está a un tris de protagonizar la gran debacle del socialismo vasco.

Cayetano González
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Patxi López | EFE

Contaba Ketty Garat en su crónica sobre el acto celebrado por el PSOE el pasado sábado en Durango que el encargado de subir los decibelios y tocar la fibra sensible de la abatida militancia socialista no fue el candidato a la Presidencia del Gobierno, Pedro Sánchez, sino el cabeza de lista por Vizcaya, Patxi López.

Patxi, oriundo de la margen izquierda de la ría del Nervión, que mamó el socialismo desde muy pequeñito en su propia familia –era hijo del histórico dirigente del socialismo vasco Lalo López Albizu, y su casa era muy frecuentada por Ramón Rubial–, se vino arriba en el mitin de Durango y, como descubriendo el Mediterráneo, dijo: "¡Iglesias no quiere acabar con Rajoy! Iglesias sólo quiere destruir al Partido Socialista y ¡no le vamos a dejar!". "Así que", concluyó su arenga López, “socialistas, ¡en pie! ¡No necesitamos vuestra ayuda, necesitamos vuestra fuerza!”. Sólo le faltó decir que lo que sobre todo necesitan es su voto, porque es evidente que la coalición Podemos-IU en el País Vasco da un bocado no solo a Bildu sino al PSE.

Es comprensible esta sacudida mitinera de López, porque las encuestas no pintan nada bien ni para su partido ni para él mismo. La del CIS le niega el escaño por Vizcaya, lo cual, caso de confirmarse en la noche del 26-J, sería un auténtico desastre. En ese supuesto, el único representante del PSE en el Congreso sería el guipuzcoano Odón Elorza, lo que no deja de tener su aquel.

He de reconocer que me movió a la compasión este llamamiento desesperado de López a la militancia socialista. Pero también es verdad que en seguida me vino a la mente la labor de mamporrero de Zapatero y de Rubalcaba que Patxi asumió durante el proceso de negociación política con ETA que aquél llevó a cabo desde la Presidencia del Gobierno. Y, sobre todo, me vino la imagen de Pilar Ruiz Albisu, la madre de los Pagazaurtundúa, el 6 de julio de 2006, a las puertas del hotel de San Sebastián donde Patxi y Rodolfo Ares se reunieron con Otegi y otros dirigentes de la entonces ilegalizada Batasuna para empujar ese proceso de negociación política. "Patxi, harás y dirás cosas que nos helarán la sangre", clamó aquel día la madre de los Pagaza, con una fuerza moral incomparablemente superior desde cualquier punto de vista a la arenga mitinera del pasado sábado en Durango.

Pero, dejando al margen estas minucias, que siempre tienen un punto de incomodidad para sus protagonistas, tiene razón Patxi: o los socialistas se ponen en pie de aquí al 26-J, o el susto que se pueden llevar cuando se recuenten los votos va a ser muy grande. Ya no es que Podemos les dé el sorpasso, sino que ese hecho, unido al pésimo resultado electoral que les auguran las encuestas, provocarán tiempos de mucha turbulencia en las filas socialistas.

De entrada, tendrán que relevar al secretario general, Pedro Sánchez, convocar un congreso extraordinario y repensar su proyecto ideológico. Y simultáneamente decidir qué hacer con su voto en la formación del nuevo Gobierno, donde tendrán fundamentalmente dos opciones: apoyar la investidura de Rajoy o la de Pablo Iglesias. Podría haber una tercera: volver a hacer un pacto con Ciudadanos, siempre que la suma de ambos sea superior a lo que saque el PP. Las dos primeras opciones son letales para el PSOE, por diferentes motivos. La tercera puede tener el riesgo de volver a hacer encallar el proceso de formación de un nuevo Gobierno y abocar, si nadie cede, a unas terceras elecciones en diciembre, lo cual provocaría que se pusieran en pie no ya los militantes socialistas, sino los ciudadanos de a pie, valga la redundancia, hartos de tanta incompetencia de los actuales dirigentes políticos.

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