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Daniel Rodríguez Herrera

Los Juegos Olímpicos como los quiere la izquierda

En España, mal que le pese a la izquierda, el único racismo realmente existente, y la única discriminación legal realmente existente, es la hispanofobia.

Daniel Rodríguez Herrera
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En España, mal que le pese a la izquierda, el único racismo realmente existente, y la única discriminación legal realmente existente, es la hispanofobia.
Ana Peleteiro. | EFE

A la izquierda y al nacionalismo les debió de asustar mucho ver a toda España unida celebrando el Mundial de fútbol, así como otros éxitos deportivos obtenidos bajo la bandera de todos, de modo que están llevando a cabo un exitoso programa de politización del deporte. La idea es que también sirva como elemento de división de los españoles en buenos y malos, y que en lugar de alegrarnos de los éxitos de los nuestros sea otro punto más de discusión que nos separe. Los buenos son quienes consideran poco menos que heroica la retirada de Simone Biles de la mayor parte de las competiciones gimnásticas; los malos quienes pensamos que, siendo seguramente lo más prudente y aconsejable en su caso, de heroico tiene poco. Los buenos son Ana Peleteiro con sus "valientes" declaraciones y quienes la utilizan para calificar a España como un país racista, además de machista y homófobo, por supuesto.

España no es un país ni racista, ni machista ni homófobo. Naturalmente, eso no quiere decir que no haya españoles racistas, machistas y homófobos. Pero son pocos y unánimemente condenados por todos. Y como la oferta es infinitamente inferior a la demanda, la izquierda necesita exagerar los incidentes que existen o directamente inventárselos. No somos los únicos en amañar los resultados de este curioso deporte. En Estados Unidos, que, ya saben, nos lleva unos años de ventaja en estos asuntos, no son raros los delitos de odio que resultan ser más falsos que un dólar de hojalata. El culmen fue el intento del actor Jussie Smollett de elevar su caché en la serie Empire fingiendo haber sufrido un ataque de unos partidarios de Trump por ser negro y homosexual; la Policía averiguó que lo había fingido todo con la ayuda de un par de extras de la serie. Hay dos detalles reveladores de que la realidad es muy distinta de como nos la intentan dibujar: el actor creía que ganaría más dinero si se presentaba como víctima y tuvo que fingirlo porque nadie motu proprio lo atacó por su raza o orientación sexual. Porque lo cierto es que las sociedades occidentales de hoy son las más tolerantes que han existido jamás en la historia de la humanidad.

En España no hemos terminado de sufrir la demagogia con lo de Peleteiro y ya estamos escuchando retumbar los tambores con Mo Katir. Como gane una medalla este atleta empeñado en competir por España a pesar de los obstáculos burocráticos y la posibilidad que siempre tuvo de hacerlo por Marruecos porque resulta que es murciano, el volumen de los ñiñiñeos será ensordecedor. "¡Mira los fachas, cómo rabian por que gane un marroquí!". Y no, nos alegraremos porque gana un español que además ha elegido serlo, como nos alegramos con el bronce de Peleteiro al menos hasta que abrió la boca para insultar a su país con ese acento gallego que, mezclado con el color de su piel, me resultaba especialmente entrañable.

Niurka Montalvo fue una estrella española negra del atletismo que no obtuvo una medalla olímpica porque lo impidió la dictadura cubana. Y una vez retirada entró en política de la mano del Partido Popular, es decir, los malvados y racistas fachas. Mucho antes que ella, Pepe Legrá fue campeón del mundo en peso pluma durante el franquismo. Negro e inmigrante, lo peor de lo peor para los fachas, cabría suponer. Pero era recibido con honores en El Pardo, y el dictador era un gran admirador suyo. Estamos muy lejos de ser un país que reniegue de los éxitos de sus deportistas por su raza. Es posible que alguien cuya dieta informativa se reduzca a La Sexta, la SER y el panfleto de Escolar pueda creer lo contrario, pero informarse por esos medios convierte tu visión del mundo en algo especialmente alejado de la realidad en todos los ámbitos, no sólo este.

En España, mal que le pese a la izquierda, el único racismo realmente existente, y la única discriminación legal realmente existente, es la hispanofobia. Pero la izquierda no sólo no condena a quienes odian a España, sino que los aplaude cuando no forman parte directa de sus filas. Porque es otra forma de separarnos en buenos y malos, que es a lo único que juega. Y para ello necesita convertir en sujeto político absolutamente todo, incluyendo el deporte y los Juegos Olímpicos. De ahí que no estemos hablando de hazañas deportivas sino de Simone Biles y el supuesto racismo en España.

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