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El constitucionalismo de VOX y la hipocresía del PSOE

Proponer una reforma de la Constitución para suprimir las autonomías es tan constitucional como proponer la supresión de las diputaciones.

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Aplicando esa máxima leninista –que suele atribuirse a Goebbels– según la cual "una mentira repetida mil veces se convierte en verdad", buena parte de la clase política y mediática insiste en presentar a una formación liberal/conservadora como VOX como si se tratase de una formación fascista, racista y homófoba, contraria a la Constitución. Prueba reciente e insuperable del uso sistemático de esta mentira lo constituyen las declaraciones de la ministra de Justicia, Dolores Delgado, en las que ha tenido la colosal desfachatez de afirmar que, mientras las formaciones secesionistas que han violado de palabra y obra el orden constitucional "aceptan" la Carta Magna, el partido que lidera Santiago Abascal la rechaza.

A este respecto, convendría recordar que el fascismo fue una escisión del Partido Socialista Italiano, un movimiento revolucionario, típicamente colectivista, que quería aunar socialismo y nacionalismo. Pero no menos ridículo y artero es que Delgado presente a VOX como una formación "anticonstitucional" por el hecho de que pretenda llevar a cabo una reforma de la Carta Magna –por los cauces legalmente establecidos– para suprimir el modelo autonómico, tal y como por cierto sucede en muchos otros países democráticos del mundo, empezando por nuestra vecina Francia.

Todas las formaciones en un momento u otro denominadas "constitucionalistas" –empezando por el PSOE, siguiendo por Ciudadanos, el PP o UPyD– han propuesto proyectos de reforma de la Constitución para dar cabida en ésta a asuntos o cuestiones que consideran primordiales, como Vox considera primordial la supresión de las autonomías. Y todas ellas las han presentado en el marco de una reforma previa de la Constitución. Así, pretensiones tales como erradicar las diputaciones, los aforamientos o el Senado; suprimir la prelación del varón sobre la mujer en el orden de sucesión a la Corona, o la propia Monarquía, no convierten a ninguna formación constitucionalista en "inconstitucional" o "contraria a la Constitución". Porque lo que distingue a una formación constitucionalista partidaria de reformar la Constitución de otra contraria a la misma es la lealtad y respeto al orden constitucional, empezando por los procedimientos que la Carta Magna contempla para su propia reforma. Por el contrario, los proetarras y los secesionistas catalanes que instalaron a Pedro Sánchez en la Moncloa han respaldado y protagonizado un proceso golpista que lo es no por que proponga una reforma constitucional destinada a conceder el falso derecho de autodeterminación a Cataluña, sino porque arrambla con todos los procedimientos y atenta directamente contra el ordenamiento jurídico.

La desfachatez de Delgado al calificar a Vox de "contraria a la Constitución" por el hecho de proponer una reforma constitucional por los procedimientos legalmente establecidos es tanto o más notoria si se tiene presente que se ha producido el mismo día en que Pedro Sánchez se ha manifestado contra un precepto constitucional como el de la inviolabilidad de la figura del Rey. Lo criticable, en este caso, no es que tal pretensión requiriese de una reforma previa de la Constitución, sino que va destinada a poner en la diana a quien, a diferencia de muchos otros jefes de Estado, no tiene función ejecutiva alguna, sino que sólo desempeña una función simbólica de la unidad y permanencia de la Nación, así como una labor de moderación y arbitraje.

Con todo, más grave es que el presidente del Gobierno se haya manifestado por boca del Rey al asegurar que el propio Felipe VI sería partidario de dicha reforma. Aun cuando el Rey fuera partidario de acabar con ese útil y justificado privilegio que contempla la Constitución, lo que muy probablemente sea una mentira más del Dr. Sánchez, ningún monarca tiene facultad para proponer reforma legislativa alguna en una Monarquía parlamentaria; como ningún presidente del Gobierno está legitimado para manifestar lo que pueda opinar el Rey sobre este o cualquier asunto concreto.

Aunque representantes del PSOE hayan salido a la palestra para tratar de enmendar o maquillar las tan poco protocolarias manifestaciones de Sánchez, asegurando que las ha hecho "a título personal", lo único que queda en evidencia es la ilimitada hipocresía de un PSOE empeñado en ser uno de los más graves problemas de España.

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