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EDITORIAL

Sánchez estrecha lazos (amarillos) con Torra

La lamentable realidad es que Pedro Sánchez no quiere romper lazos con los separatistas aun cuando estos lazos sean amarillos.

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Está visto que la desfachatez del Gobierno de Sánchez no conoce límites: en mismo Ejecutivo que no ha dudado, una vez disuelto el parlamento, en abusar de los decretos ley y del dinero del contribuyente con fines descaradamente electoralistas, rehúye ahora su obligación de hacer cumplir la ley al golpista mandatario de la Generalidad, Quim Torra, por considerarlo "poco escrupuloso" y "electoralista". Esta es, al menos, la delirante excusa que ha esgrimido el ministro de Fomento, José Luis Ábalos, para justificar la renuencia del Gobierno a la hora de instar a la Fiscalía General del Estado a actuar contra el presidente separatista catalán por el público y persistente delito de desobediencia que conlleva su negativa a retirar los lazos amarillos de los edificios públicos catalanes, tal y como le ha ordenado la Junta Electoral Central por considerarlos "partidistas".

Lo cierto es que la exposición de esos lazos amarillos es algo aun peor que el "uso partidista" de los edificios públicos catalanes; es la utilización de esos edificios para mostrar solidaridad con unos golpistas y para denigrar el ordenamiento jurídico español al que se le acusa abiertamente de tratar a los políticos encausados por el golpe de Estado como si se trataran de presos políticos. Por ello, no es un derecho sino obligación de cualquier gobierno impedir -o, en su caso, instar- a que se castiguen cosas como estas, con absoluta independencia de que le reporte o no beneficios electorales y con independencia de que estemos o no en campaña electoral. El imperio de la ley no admite intermitencias y la neutralidad exigible en campaña electoral no puede suponer una equidistancia entre el cumplimiento de la ley y su vulneración.

Con todo, la excusa dada por el Gobierno socialista para justificar su nada escrupulosa omisión del deber de hacer cumplir la ley es aun más desvergonzada si tenemos presente que obedece, precisamente, a fines partidistas. Y es que Pedro Sánchez sabe perfectamente que, después de haber gobernado con el apoyo de los separatistas catalanes, los proetarras y la extrema izquierda podemita, una firmeza sobrevenida contra Torra y su tropa golpista, no le reportaría ahora beneficio electoral alguno sino que, por el contrario, entorpecería sobremanera los pactos que pretende reeditar con estas misma formaciones tras las elecciones del 27 de abril.

Y es que, tal y como apuntan las encuestas publicadas hasta la fecha, la única forma que tendría Pedro Sánchez de seguir siendo presidente del gobierno es precisamente reeditando ese "gobierno Frankenstein" en el que el PSOE volvería a tener de compañeros de viaje a las mismas formaciones separatistas que mantienen intacto su desafío a España como nación y como Estado de Derecho.

La lamentable realidad es que Pedro Sánchez no quiere romper lazos con los separatistas aun cuando estos lazos son amarillos.

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