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Eduardo Goligorsky

El peor autoengaño

La realidad contundente no deja margen para el autoengaño a la clase media estafada por sus guías inescrupulosos.

Eduardo Goligorsky
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La realidad contundente no deja margen para el autoengaño a la clase media estafada por sus guías inescrupulosos.
Puigdemont y Rahola, entre otros, de fiesta 'indepe' | Twitter: @RaholaOficial

Es difícil determinar, en el discurso del secesionista, cuánto hay de engaño urdido para atrapar incautos y cuánto de autoengaño internalizado para reforzar las propias convicciones. A medida que se asciende en la escala de la jerarquía embaucadora, es más fácil encontrar profesionales de la mentira. Sienten tanto desprecio por sus adictos que incluso se complacen en refregarles por las narices que los están timando. El último ejemplo de este desdén impune lo encontramos en la confesión del desahuciado pero ubicuo Artur Mas (LV, 23/2):

En el mundo de la política hay un componente simbólico y estético y muchas veces un argumento se hincha o se exagera para quedar lo mejor posible con la opinión pública. ¿Esto es un engaño? Puede llegar a ser un engaño. (…) Todos los actores que fueron al Parlament aquel 27 de octubre y que votaron a favor sabían que aquello no tenía recorrido real.

Lo lógico habría sido que después de enterarse de que les habían tomado el pelo con tanta desvergüenza para sacarlos a la calle y hurtarles el voto, los dos millones de humillados se despidieran de los abusadores con un corte de mangas masivo. Pero no fue así, porque entonces siguió operando el autoengaño.

Vulgar superstición

El autoengaño hace cerrar los ojos a la realidad y obedecer sentimientos torticeramente inculcados desde la escuela, primero, y desde un aparato monolítico de propaganda, después, y finalmente remachados mediante el estímulo de los más bajos instintos gregarios. Tiene más puntos en común con la fe religiosa, o con la vulgar superstición, que con las ideas políticas.

Ahora estamos presenciando el peor autoengaño cuando un sector minoritario, pero influyente, de la sociedad catalana acepta sin chistar que los sediciosos den carta blanca a una fuerza de choque intimidatoria programada para convertirse en el brazo represivo de un régimen dictatorial. Las primeras víctimas de los Comités de Defensa de la República, que el contubernio secesionista pone en marcha con la colaboración de sus parlamentarios y de sus lenguaraces habituales, serán los burgueses acomodaticios que se resisten a tomar en consideración la genealogía totalitaria de este engendro.

La pobre Pilar Rahola no sabe dónde encasillar a estos energúmenos. Un día los sermonea ("Capuchas", LV, 3/4):

No creo que ir encapuchados a levantar barricadas, o cortar indiscriminadamente (sic) autopistas, sea la mejor manera de demostrar el civismo de los CDR. Sino al contrario, abona el imaginario violento. No lo olvidemos, la causa catalana es cívica y es pacífica, o no es.

Y otro día los sobreprotege maternalmente ("Todo es ETA", LV, 11/4):

Como iban anunciando los serviles y bien informados periodistas del 155, se ha iniciado el acoso y derribo a los CDR con una campaña previa de criminalización que busca desesperadamente convertirlos en arietes violentos.

Afinidad entre bárbaros

El que recurre al arsenal de posverdades, como siempre, es el predicador Francesc-Marc Álvaro ("Una ausencia intolerable", LV, 12/4):

De los creadores de "El golpe separatista" llega ahora "El terrorismo independentista". La ausencia de violencia independentista en Catalunya se ha convertido en un factor al parecer intolerable para algunos, porque limita el uso de la fuerza represora del Estado. (…) El proceso soberanista catalán ha sido y es un fenómeno inequívocamente pacífico, alérgico a cualquier tentación violenta y sabedor de que cualquier error en ese sentido rompería la credibilidad de su discurso.

Si bien, como confiesan Rahola y Álvaro, la táctica aconseja aparentar pacifismo para salvar "la credibilidad del discurso", los mil años de historia sobre los que descansan las reivindicaciones de supremacía confirman que el talante étnico supuestamente pacífico que idealizan los exegetas para justificar la excepcionalidad del poble no existe, y que los catalanes están tan predispuestos como todos los otros seres humanos a obedecer el llamado primitivo de la selva cuando se presenta la oportunidad. Este es el punto débil de todos los mitos de supremacía.

Para demostrarlo no hace falta remontarse a los pogromos y golpes de hoz (hoy muy coreados) de tiempos lejanos. Omito también la Guerra de Sucesión, tan manoseada como tergiversada. Tenemos, casi a la vuelta de la esquina, las guerras carlistas, la Semana Trágica, los pistoleros patronales, los tirabombas anarquistas, los escamots fascistas y el Tercio de Montserrat franquista.

Durante la guerra incivil, las enseñanzas de Prat de la Riba y de Pi y Margall fueron sustituidas por las de Bakunin, Trotski y Stalin, con las consiguientes matanzas fratricidas dentro del bando republicano catalán. Bando este cuyos milicianos se ponían de acuerdo, eso sí, para perseguir a los cristianos con la misma saña con que, tal como denuncia el último libro de Pilar Rahola, hoy lo hacen los yihadistas. Una sintomática afinidad entre bárbaros a lo largo del tiempo que ella evita señalar, como si hubiera víctimas de primera y víctimas de segunda, dependiendo de la ideología y creencias de los victimarios.

Metástasis del terrorismo

Es imposible amputar una sociedad o un órgano del entorno natural que le da vida sin que la operación sea un acto de violenciay esté acompañada por el dolor, el debilitamiento y, en casos extremos, la muerte. Pero quienes amputan sociedades no son cirujanos que actúan guiados por la ciencia, como quienes amputan órganos. Son fanáticos movidos por odios ancestrales reñidos con la racionalidad. O, lo que no es menos abominable, impulsados por ambiciones desorbitadas ocultas bajo una máscara de patriotismo.

No habrá trampantojos suficientes, en la retórica del secesionismo, para esconder los vasos comunicantes que existen entre sus ramificaciones más radicales y las metástasis del terrorismo. Amanecía la Transición, en 1977, cuando Carles Sastre, sicario del Exèrcit Popular Català (Epoca), que más tarde se transformaría en Terra Lliure, asesinó al empresario José María Bultó adosándole una bomba al pecho. No se pudo probar que fue también él quien empleó el mismo método un año más tarde para matar al exalcalde Joaquín Viola y a su esposa, pero pasó una larga temporada en la cárcel por el primer homicidio. Y hoy es un astro brillante en el firmamento tribal de la CUP, encabeza la fantasmagórica Intersindical (CSC), promotora de huelgas subversivas, y Xavier Grasset, presentador de la beligerante TV3, lo define como "gran reserva del independentismo"

Incubando verdugos

Una fecha clave para medir la metástasis del terrorismo en Cataluña es el 19 de junio de 1987, cuando ETA atentó contra Hipercor con un saldo de 21 muertos. Pocas semanas antes, la candidatura al Parlamento europeo de Euskal Herritarrok (brazo legal de ETA y de Herri Batasuna) había cosechado 39.693 votos en el Principado. Después de esa masacre, y de la que asoló la casa cuartel de la Guardia Civil de Vic, con 9 víctimas mortales (1991), esa misma lista bajó en 1994 a 4.481 votos. Pero en las europeas de 1999 volvió a subir a 17.790 votos. Las células malignas seguían reproduciéndose.

La crónica de El País (15/6/1999) aporta otros datos reveladores sobre la corriente de simpatía que conectaba a la banda terrorista con los brotes precoces del secesionismo. En febrero de 1999, el patibulario Arnaldo Otegi fue agasajado por dos consejeros de la Generalitat y –añade el diario– "ERC y PI se disputaban su compañía" en conferencias y actos públicos. Recordemos que el PI era el minúsculo Partit per la Independència que lideraban Pilar Rahola y Àngel Colom y que afrontó su bancarrota implicándose en la corruptela del caso Palau.

Los días 3 y 4 de enero del 2004, Josep Lluís Carod-Rovira, consejero jefe de la Generalitat y líder de ERC, se entrevistó en Perpiñán con el matarife etarra Josu Ternera para hacer valer la metástasis y conseguir una tregua para Cataluña. Y ya en el apogeo del proceso, Arnaldo Otegi vuelve convertido en huésped privilegiado de los capitostes secesionistas que le tributan homenaje en el Parlament. Carme Forcadell, la primera.

La realidad contundente no deja margen para el autoengaño a la clase media estafada por sus guías inescrupulosos, sobre todo ahora que en el huevo de los CDR de cepa castro-chavista se están incubando sus futuros verdugos. Ignorar esta evidencia sería el peor autoengaño.

PS: los tres jueces alemanes que han denegado la extradición del prófugo Carles Puigdemont dudan de que lo que España castiga como delito de rebelión equivalga a lo que en Alemania es un delito de traición a la patria. ¿Cómo calificarían esos jueces los actos de un ciudadano nacido en España, cuya única documentación válida para saltar de una madriguera europea de lujo a otra es, le guste o no, la española, y que encabeza, dentro de las fronteras, un alzamiento contra la unidad de su odiada patria natal y, fuera de ellas, desarrolla una campaña de difamación e insidias contra dicha odiada patria? Y, de paso, urge identificar de qué fondo de reptiles, local o extranjero, salen los millones de euros que financian la ostentosa maquinaria de esta traición.

En España

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