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DE DESTRUCCIÓN DEL HOMBRE

El poder de la Eucaristía frente a los proyectos

La Iglesia en España no anda a tientas. Anclada en el Evangelio y en la Tradición de veinte siglos, sabe de su experiencia acumulada en la historia. No hay enemigo pequeño. Todo aquel que se opone al auténtico progreso humano se opone a la Iglesia.

José Francisco Serrano Oceja
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C. S. Lewis nos alertó, en un precioso y no suficientemente recordado libro, La abolición de lo humano, que los proyectos de destrucción del hombre no sólo afectan a una de sus dimensiones, por ejemplo la inteligencia, sino que afectan a toda la persona. Quien pretende un proyecto de cambio de España, de la ciudadanía, de los principios de convivencia, sabe que tiene que actuar en todas las direcciones. La primera es la educación, momento y espacio de construcción y de desarrollo de las capacidades personales. La segunda, los medios de comunicación, larga mano de la educación y auténtico sistema paralelo de conformación de conciencias. Todos los esfuerzos por defender la libertad, y el auténtico progreso humano, y de denunciar la pretensión totalizadora de la ideología que nos gobierna, son pocos. Desde ahí se entiende el ataque furibundo que la COPE está sufriendo, unas veces público y manifiesto, no pocas veces oculto y denigrante.
 
El partido socialista y su alianza con los principios de las civilizaciones que han, y están, ralentizado la historia, no tiene programa, tiene proyecto. Un proyecto con una pretensión: acabar con lo que define al hombre como tal, a la persona. El Proyecto Gran Simio no es más que uno de los datos, en la vertiente antropológica, del puzzle de un proyecto sustantivo de legitimar las políticas sociales y culturales de este gobierno. Más allá de la utilización de la nefanda teoría de Peter Singer, los ideólogos de este experimento español de laicismo destructivo han aprendido de los efectos de un gota a gota, que mina los fundamentos y la razón personal y social. Por más que nos empeñemos, es la Iglesia la única que puede hacer frente al proyecto que hoy está en plena ebullición en nuestro país.
 
¿Cuáles son los referentes de la respuesta de la Iglesia? El primero la vida en Cristo, hecho carne, hecho historia, presente en la Eucaristía. No es casual que el plan pastoral de la Conferencia Episcopal Española para el próximo cuatrienio se centre en la Eucaristía. Es en el sacramento del amor de Dios y del amor a los hombres, en donde se refleja, como un espejo, la vida de las personas y los anhelos más profundos de las sociedades. Hay quien se ha sorprendido de las referencias a que "la cuestión principal a la que la Iglesia ha de hacer frente hoy en España no es encuentra tanto en la sociedad o en la cultura ambiente como es su propio interior; es un problema de casa y no sólo de fuera". Hay quien ha querido dar contenido a este problema al margen del análisis de los obispos. Para entender qué quieren decir los obispos con esta idea hay que recurrir al documento "Teología y secularización. A los cuarenta años del Concilio Vaticano II".
 
Cuando los obispos hablan del "humanismo inmanentista" se están refiriendo a "las tendencias laicistas en la organización de la sociedad, la desidentificación de la realidad misma del matrimonio y la familia, los atentados contra la vida del concebido no nacido, el recorte de libertades en materia educativa, la deriva de una parte de la juventud, sometida a nuevas formas de esclavitud".
 
Los obispos, y la Iglesia, son finos escrutadores de tendencias de destrucción de lo humano. Ahora, en la actual situación, no hace nada que no hicieran en el pasado. No debemos olvidar que fue la primera visita de Juan Pablo II a España, año 1982, primer año triunfal del socialismo, la que provocó que la Asamblea de obispos comenzara a elaborar un plan pastoral con el fin de programar y coordinar mejor sus actividades. Se titulaba "La visita del Papa y el servicio a la fe de nuestro pueblo" (1983-1986).
 
Paradójicamente, el segundo, el plan pastoral de 1987-1990 "Anunciar a Jesucristo en nuestro mundo con obras y palabras", tuvo muy presentes los documentos "Testigos del Dios vivo", "Los Católicos en la Vida Pública" y "Constructores de la paz". Textos de afirmación de lo humano y de lo cristiano frente a climas sociales y políticos en los que ya se estaban poniendo las bases de lo que vendría después, de una forma desbocada.
 
Conviene que no nos llevemos a engaño. La Iglesia en España no va a hacer nada de lo que ya haya hecho antes, ni se va a separar de los principios, en sus nuevos textos, sobre los que ha escrito antes. La Iglesia, y los obispos, saben que en la historia del hombre han existido muchos proyectos. Y las primeras víctimas de los proyectos han sido las personas, los pueblos, las generaciones. Y también saben, y nos lo recuerdan, que después de los proyectos, el encuentro con Cristo, presente en la Eucaristía, fue siempre la salvación para no pocos. Con la Eucaristía y en la Eucaristía se relativizan todos los proyectos. La Eucaristía es realidad, vida; el laicismo es siempre proyecto.
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