Menú
Con tu apoyo hay más Libertad
  • Sin Publicidad
  • Acceso a Ideas
  • La Ilustración Liberal
  • Eventos
EN LA CUMBRE

Yo quiero ser un gorila homosexual

El desierto de lo políticamente correcto avanza implacablemente. Cada vez se estrenan más películas cuyo criterio de fondo es la corrección política, es decir, el oportunismo cultural. ¿No es eso Brockeback Mountain? ¿No fue eso Mar adentro? ¿No va a ser eso El Código Da Vinci?

Juan Orellana
0
Hoy la ley y la opinión pública favorecen el "homosexualismo", a la eutanasia le falta un telediario para implantarse, y el ataque a la Iglesia es moneda habitual de nuestros dirigentes y de los consumidores de tópicos, una población que crece a cada minuto en número y en idiotez. Por tanto, estas pelis entran con vaselina en todos los ambientes, especialmente de jóvenes y universitarios.
 
En esta línea, se ha estrenado esta semana En la cumbre, un film protagonizado por Glenn Close y cuyo argumento sigue a cinco personajes durante veinticuatro horas un día de otoño en la ciudad de Nueva York. Isabel, fotógrafa, está a punto de casarse con Jonathan, abogado y antigua musa de un artista gay. La madre de Isabel, Diana (Glenn Close), es una archifamosa actriz que tiene una academia de interpretación y se ha enterado de que su marido tiene una nueva amante, y comienza a hacer crisis después de tantos años de matrimonio "abierto". También tenemos a Alec, joven actor de tendencias homosexuales, y a Peter, periodista de investigación. A medida que transcurre el día la vida de nuestros personajes se va dando la vuelta. Pues bien, este film cuenta lo que le pasa a la gente cuando ya no usa el sentido común, sino que se limita a reproducir las conductas que la "opinión pública", el Poder, la mentalidad mediática, dan por buenos y políticamente correctos. Al final, Jonathan no sabe si le gustan las chicas o los chicos, Diana si está bien ser un matrimonio triangular o en cuadrilátero, Isabel si está enamorada o no... en fin, un desastre general que provoca no pocas dosis de infelicidad.
 
Pero a pesar de esta infelicidad, aquí no pasa nada. Nadie se da cuenta de que la creciente desdicha, que cada vez llega más a estratos de edad inferiores, tiene que ver con esta falsa cultura vacía, relativista, nihilista, que vende duros por pesetas y que está atravesada de arriba abajo por la mentira y la negación más burda de la experiencia. Ahora algunos políticos quieren elevar la condición ontológica del mono, o mejor dicho, rebajar la condición ontológica del hombre. Afirman que pertenecemos a la "Comunidad de iguales" los hombres, los gorilas, los chimpancés... Pronto habrá que cumplir cuotas, como han hecho con las mujeres en las empresas, y en cada consejo de administración deberá sentarse un mono que con su arrugado pulgar rubrique los acuerdos financieros. Y si ese mono tiene conductas sexuales "atípicas", pues será el rey del mambo. Pero yo ya estaré en la luna, si queda sitio.
0
comentarios

Servicios