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Demandas que serán secuestros

Lo que hoy es demanda, mañana puede ser secuestro. Hay historias y escenarios propios y ajenos, cercanos y lejanos que nos dan derecho a temerlo

Javier Somalo
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Abril de 1983 fue un mes duro para el semanario de información política Cambio 16. Dos de sus números fueron secuestrados por afirmar que Rodolfo Eduardo Almirón, uno de los fundadores de la Triple A argentina, era el jefe de seguridad de Manuel Fraga Iribarne, entonces líder de la oposición. Los secuestros de la publicación ya no eran previos por lo que no se pudo impedir la llegada a muchos puntos de venta. Por si acaso, Pedro J. Ramírez, entonces director de Diario 16, publicó íntegro el trabajo del semanario que dirigía José Oneto y que siempre comentaba con certeras saetas el presidente del grupo Juan Tomás de Salas.

Estamos en el segundo año de gobierno del PSOE de Felipe González pero el aparato jurídico de AP consiguió que los tribunales ejercieran una censura atroz. Fue el argentino aludido el que interpuso la querella. Tal y como informó El País, "a la salida del Juzgado, Eduardo Almirón, acompañado de los abogados Ruiz Gallardón, padre e hijo, manifestó a este periódico que se sentía víctima de una canallada". El hijo en cuestión era un joven Alberto, hoy ministro de Justicia, que pidió indemnización económica para su cliente amén de la aplicación de la pena de prisión menor para el autor de la información. Pero conviene recordar que junto al veterano don Manuel y el jovencísimo Alberto estaba, como secretario general de AP, Jorge Verstrynge que hizo su propia aportación al asegurar que conocía los papeles sobre Almirón porque habían llegado también a Interviú pero –le aseguraron– no se iban a publicar.

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Andando el tiempo –30 de diciembre de 1994– siendo Gallardón senador del PP y tertuliano de la cadena SER junto a José Barrionuevo y Cristina Almeida sucedió algo curioso: el ex ministro del PSOE anunció en antena que interpondría querellas contra todo aquel –fundamentalmente Pedro Jota– que le asociara con los GAL. Su compañero de mesa, el senador Ruiz Gallardón, acudió raudo a proclamar que Barrionuevo "no tiene ninguna responsabilidad ni penal ni política", que "Amedo miente", que 1995 iba a ser "un año extraordinario" para el ex ministro y, sobre todo, para recomendarle que jamás presentara querella alguna contra un periodista. Además de errar en todo, ni el pasado ni el futuro avalaban el consejo del político popular al socialista.

Y andando un poco más, Jorge Verstrynge, secretario general de AP cuando el caso Almirón, aparece hoy en alguno de esos Círculos –no sé si concéntrico, excéntrico o dantesco– de Pablo Iglesias Turrión, político –quiera o no– que ya se ha sincerado con los medios de comunicación. "No se puede consentir que un periodista diga barbaridades impunemente", sentencia el líder de Podemos para anunciar una querella contra Eduardo Inda por comentar la noticia de El Mundo que le vincula con el entramado de apoyo a los presos de ETA. "Impunidad mediática alucinante", recitó Beatriz Montañez como el niño que canturrea la tabla del dos ante un Bertín Osborne, indignado de verdad, no como los otros y campechano auténtico, no como aquel.

Impunidad y periodistas. Es la tendencia. Vuelve la tendencia. Sirvan los ejemplos anteriores con los que ni siquiera hace falta ir a Venezuela o Cuba. Pero si hay que ir, se va. Podemos ya ha abierto una cuenta de correo a modo de buzón de denuncias. Delación popular como en los Comités de Defensa de la Revolución (CDR). O los escraches que gustan por igual a Iglesias y a Verstrynge, y que no son sino las Jornadas de Repudio que pueden y suelen acabar en algo peor.

Si con la contundencia de aquel Cambio 16 se repetiría la historia no correrá mejor suerte el que pruebe con el doble sentido como aquel payaso –creo que era Ramper– que en los teatros de la guerra limpiaba el suelo de un imaginario circo echando al suelo "serrín de Madrid, serrín de Madrid… se rinde Madrid". Olvídense de los trucos de lo subliminal: Juan Carlos Monedero, base ideológica de Podemos, explicó en la televisión de Venezuela los mensajes ocultos contra el comunismo de El Rey León –el felino malo era el ayatolá Jomeini– y Peter Pan –la espada de Peter y el garfio del capitán formaban la hoz y el martillo.

Lo que hoy ha sido donativo popular para sufragar una querella contra un periodista mañana bien podría ser diezmo para costear alguna instancia de nombre interminable. En Caracas se llama Ministerio del Poder Popular para la Comunicación y la Información. Lo que hoy es demanda, mañana puede ser secuestro. Hay historias y escenarios propios y ajenos, cercanos y lejanos en el tiempo y el espacio que nos dan derecho a temerlo. Hay donde elegir. De todas formas, si ya están preparando la maleta no olviden meter a George Orwell. Antes de que desaparezca.

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