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Javier Somalo

El PPgasus, Ayuso y Feijóo

El 'PPgasus' de la cloaca contra el centro derecha no ha hecho más que levantar el vuelo y ya ni siquiera se disimula el frente común de prensa y poder.

El 'PPgasus' de la cloaca contra el centro derecha no ha hecho más que levantar el vuelo y ya ni siquiera se disimula el frente común de prensa y poder.
La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. | EFE

En la frontera entre la inteligencia institucional y la cloaca habitual se pergeñan la mayoría de las operaciones políticas de calado, las que se cobran víctimas. Jueces, policías, políticos y periodistas beben juntos al anochecer en el río revuelto, como en una estampa africana del Okavango.

Dieter Brandau hiló de noche un enmarañado copo: el Gobierno habla de las exclusivas de El País antes de que aparezcan en su portada. Y sale a escena Dolores, pero no Delgado, sino Cospedal. Es un escándalo sin precedentes lo que cuenta El País, pone "los pelos de punta", dice la portavoz del Gobierno, Isabel Rodríguez. Pregunta Rubén Fernández por ello, por el evidente contraste entre las 'villarejadas', y Adriana Lastra contesta que no hay color, que lo de Cospedal es delito y que lo otro… lo otro… ¿qué era lo otro?

Nada, sólo confesiones entre una fiscal, luego ministra y luego jefa de los fiscales y un comisario macarra dado a las grabaciones y a otros negocios. Entre los dos, apoyados en un ex número dos del PSOE, antes y después juez, admiten lo sucio de su día a día. Dolores Delgado dijo no saber quién era Villarejo, luego que sí pero que no lo había visto nunca, luego que apenas le saludó y por fin que "qué guapa estás", le dijo el comisario… y aquello de los burdeles tipo Gran Hermano para obtener "información vaginal" que la Lola consideró un "éxito garantizado".

Las voces que nos trajo después Miguel Ángel Pérez no le ponen "los pelos de punta" a Isabel Rodríguez: los colegas se dan los teléfonos porque uno lo ha perdido —y eso que no se conocían—, se consideran "piezas del mismo engranaje", un engranaje "underground", ya se sabe. Pero de las Lolas, indudablemente la delincuente es la del PP. Lo dice Lastra torciendo la boca y empujando la voz con breves risotadas de superioridad. Como si hablara con Villarejo, vaya.

Bastó el párrafo tramposo de un juez para echar a un presidente del Gobierno que, bien es verdad, hizo poco por evitarlo. Sentada la premisa, como siempre, vino todo lo demás. Y lo de menos es que ese párrafo fuera reprendido y anulado por el Tribunal Supremo, como tampoco importa que una grabación pertenezca o no a un sumario. Lo relevante es el bocado, casi siempre mortal, que el depredador propina a la presa y la herida que se desangra en redes sociales, portadas infames, tertulias de pago y donde haga falta. Es la voz del PP, la de Aguirre, Cospedal o qué más da. Vienen a decir que el catálogo es amplio, que ya llegará, si hace falta, la voz del propio Feijóo, aunque sea mentira, fuera de todo contexto. Lo intentaron con unas fotos. Y el poder se escapa, como la arena en el puño.

Felipe Sicilia nos deja claro el objetivo conjunto PRISA-Ferraz: "Feijóo no es nuevo, ya estaba allí. Moreno Bonilla no es nuevo, ya estaba allí. Estaban en ese PP corrupto". Y, bochornosamente mal, explica la película:

Estamos pendientes de qué otra información se puede ir conociendo. El medio de comunicación que publica esto dice que habrá nuevas informaciones, nuevos audios. Si esas informaciones hacen preveer [sic] lo que sospechamos y es que hay una clara evidencia de cómo la señora Cospedal, y por tanto la número dos del Partido Popular, estaba involucrada en un caso de corrupción gravísima, pues evidentemente pediremos las responsabilidades y explicaciones que necesitan y que merecemos los ciudadanos porque se utilizó ni más ni menos que a la policía para tapar la corrupción y se está hablando ni más ni menos que tratar de presionar a la policía para que no hiciera su trabajo, que es investigar una trama de corrupción que señalaba los altos dirigentes del Partido Popular.

Añade Sicilia, detalle sin importancia, que "al parecer, los audios no formaban parte de la causa y, por tanto, son nuevos indicios". Pues pieza nueva, Sicilia, di que sí. Estefanía Molina escribe una columna de apoyo al despliegue sonoro de El País titulada "¿Qué hay en la libretita de Feijóo?". No merece mucha atención pero sobrecoge el arranque:

María Dolores de Cospedal pudo haber sido la presidenta del Partido Popular. De haber sido así, hoy El País estaría causando una crisis brutal en el principal partido de la oposición.

Vaya, pero no es así. ¿Va a estropear la realidad algún titular de El País? De ninguna manera. Van a por esa "crisis brutal" como sea, a ver si aciertan. Años y años estuvieron acosando a Eduardo Zaplana y a familiares lejanos y no hubo manera. Pero las intenciones —y la frustración— de la columnista quedan claras: ¡mecachis, nos quedamos en Cospe! Pero ojo a Sicilia, que "habrá más audios".

El problema del PP y la suerte de la izquierda es que la voz de Dolores Delgado, de Garzón, la cacería de Fernández Bermejo o los párrafos del juez De Prada no suenan todos los días en todas partes, no se recuerdan, se pierden… salvo en esta casa, claro. Si las voces son del clan de Sánchez, lo antidemocrático es grabar y creer a un tipo que está en la cárcel —"qué guapa estás"— soltando basura; si son de la oposición, ponen "los pelos de punta".

Cada encuesta que pueda asomar un éxito de la derecha será contestada con una nueva voz robada, una foto, un párrafo judicial. Da igual que sean comprometedores, no importa siquiera que sean ciertos. Es la dentellada, la herida sin defensa. No hay que acostumbrarse sino contestar.

El PP tiene poco tiempo para rearmarse tras el hundimiento de la flotilla Casado. La vertiginosa velocidad de los acontecimientos se resume dramáticamente en tres nombres propios: Rivera, Iglesias y el propio Casado. ¿Alguien habría apostado un céntimo hace tres años a que hoy estarían los tres solteros de poder? Nada así había sucedido antes. El hundimiento de la UCD ha perdido ya su condición categórica quedando en pura anécdota al lado de lo que hemos visto desde 2018 hasta hoy. Y con un golpe de Estado el año anterior. Muchos otros cambios son posibles.

Federico Jiménez Losantos puso un ejemplo de lema que en manos de la izquierda ya estaría adornando camisetas bajeras de diputados y hasta recaudando fondos: "SÁNCHEZ ERES GAL". Junto al nombre del presidente, un aparente verbo se convierte en uno de los mayores escándalos de corrupción económica de la democracia (en torno a los mil millones de euros, el primero es el caso Malaya de Marbella) y como predicado, las tres letras del terrorismo de Estado. De ambos es único responsable el PSOE y nadie se lo recuerda. Queda feo. Pero el PP es franquista, y ahora también "mangante". Y antes hundió el Prestige e invadió Irak. La gacela bebiendo a orillas del sangriento Okavango. Y las esquelas en El País.

El peligro del PSOE ante la pérdida de poder

El único escudo eficaz contra la izquierda que construye un régimen privado como el de la II República es plantarle cara. Otorgar con el silencio sólo alimentará más agresiones ante la inminente pérdida del poder. Las encuestas empiezan a enseñarle a Pedro Sánchez la puerta del olvido ya que sólo puede medirse al centro derecha sumando, como hace, con lo que hay que combatir: comunismo, golpismo, terrorismo.

El discurso de Isabel Díaz Ayuso en el congreso que encierra ya bajo siete llaves a los que quisieron impedirlo —Almeida, genuflexo, pide un contrato en prácticas— demuestra que la única salida posible es volver a conectar con la base social y confrontar sin complejos con la izquierda y el nacionalismo. Es más sencillo de lo que parece.

Alberto Núñez Feijóo, acostumbrado a la gestión pero también a las pullas periodísticas teledirigidas, debe aprovechar el camino abierto por Ayuso desde Madrid, puerta de entrada a La Moncloa. Es un PP reconocible y no hace falta más que una Ayuso, así que Feijóo puede ser como es, no como le quiere la izquierda, y funcionará. Pero lo que está fuera de toda duda es que la cercanía del fin de legislatura con Sánchez debilitado y poseído ya por sus socios traerá malas artes, cada vez peores.

El Pegasus contra el PP, el 'PPgasus' de la cloaca contra el centro derecha no ha hecho más que levantar el vuelo y ya ni siquiera se disimula el frente común de prensa y poder. Entre ellos se dan la enhorabuena en público y anuncian nuevos capítulos. El de Lola y Balta no lo reponen, aunque también podría haber más. Van a por Feijóo, a por Ayuso, a por Moreno Bonilla, a por cualquiera y como sea. Lo confiesan. Y lo veremos. ¿Resistirán? Si lo hacen, ganan.

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