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Javier Somalo

La Transición de los psoetarras

Estamos en otra Transición, que es la Regresión social-comunista y que tiene todos los ingredientes de un nuevo régimen

Estamos en otra Transición, que es la Regresión social-comunista y que tiene todos los ingredientes de un nuevo régimen
Pedro Sánchez en el Congreso | EFE

No es que reclamen una condena innecesaria y extemporánea del franquismo, es que ya son, formalmente, el Frente Popular. Pero sin Franco enfrente, sin franquistas y con ellos mismos en el poder. Y ese es el verdadero peligro, aunque lleve traje y corbata: que harán la revolución desde arriba porque ya pueden echarle la culpa a la crisis energética, a Rusia, y a no sé cuántas cosas más.

Todo dictador o aprendiz se queja de lo que sucede en el país al que subyuga. Si las cosas salen mal, que es lo habitual, es por las fuerzas externas. Pedro Sánchez ya tiene en contra sus propios "poderes oscuros" que le permiten colocarse a la cabeza de la manifestación, sentirse uno más entre los damnificados. Así lo dijo en el Debate sobre el estado de la Nación:

"Sé por lo que están pasando los españoles. Lo sé y me hago cargo, comprendo la angustia y la frustración y su estado de ánimo porque también es el mío".

Y, diagnosticado el mal, urge siempre identificar a los culpables, a esos que viven mejor dentro del caos. Él es un ciudadano más, sí, pero con la capacidad de salvarnos de todo mal, como dice que hizo —"hemos salvado la vida de 450.000 personas"— durante la pandemia. El presidente-víctima se transfigura entonces presidente-vengador, la solución al problema.

"No toleraremos que se aprovechen de la situación".

Y cuando el navegante tiene claro el rumbo —ay, las alegorías náuticas— no hay viento o marea capaz de insinuar la más mínima zozobra. Los problemas se atajan sin darles tiempo a asomar. Con un par de impuestazos a los del puro, hasta aplauden los de Podemos, incluso los del puro de Podemos aplauden. El presidente se lo quita a los ricos y se lo da… al Estado o al presidente de nuevo. Lo pagamos los demás. Y se escuchan cantos de sirenas, cada vez más afinados, que le tararean la nacionalización, los parias de la tierra…

Pero el propio Sánchez, sin saberlo, va confesando cuál es su forma de actuar. Lo hizo en noviembre de 2019 cuando le espetó —y por poco no escupió— a un periodista despistado de RNE si sabía quién nombraba al fiscal general del Estado. Aquél fue el momento chulo-sujétame-el-cubata de Sánchez contra el independentismo de Puigdemont y del "racista" Torra. Al prófugo lo traería él a España, cogido del pescuezo. Palabrita de Pedro Sánchez. Y en RNE, incautos, se les ocurrió dudar…

Pedro Sánchez: La fiscalía general del Estado le pidió al juez instructor la activación de la euro-orden después de conocer la sentencia del Tribunal Supremo… estamos esperando a ver cuál es exactamente la decisión final de la justicia belga pero, en todo caso, ese es el planteamiento que estamos haciendo…

Periodista de RNE: Pero eso no lo está haciendo el Estado [sic], lo está haciendo la Justicia…

Pedro Sánchez [torciendo el gesto]: Pero...

Periodista de RNE: Usted lo planteó como un compromiso electoral y ya sabe que desde el independentismo se está preguntando cómo lo va a hacer Sánchez…

Pedro Sánchez [esbozando una sonrisa]: Pues lo estamos haciendo… es que… ¿la fiscalía de quién depende? [largo, larguísimo silencio] ¿De quién depende?

Periodista de RNE: Sí, sí… depende del Gobierno

Pedro Sánchez [levantando los hombros]: Pues ya está…

Luego no se hizo nada de nada. Pero no porque no pudiera, que menuda es Dolores Delgado de Garzón, sino porque no quiso Sánchez.

Este mismo viernes tanta chulería ha acabado en rodilleras ante Pere Aragonés convocando la "mesa de diálogo", sin parlamento, para abordar lo que ya hace tiempo denominan formalmente "conflicto catalán". Porque Pere Aragonés es de ERC, pata del Gobierno, y eso tiene su precio. Lo mismo que el "conflicto vasco". Por eso hemos tenido que recordar a Miguel Ángel Blanco y la liberación de Ortega Lara en el 25 aniversario escuchando en la tribuna del Congreso a Mertxe Aizpurua, la que ponía los clasificados de ETA en Egin y Gara, la que humilló a las víctimas con sus portadas. El precio de su apoyo es que además nos hace la Ley de Memoria Democrática. ¿Transición? La que viene…

Esto es lo que pasa por empeñarse en integrar al nacionalismo en aquellos años y no corregirlo después, por cargarse la LOAPA que los ponía en su sitio desarrollando magistralmente el artículo 155. Se empieza gobernando con el PNV y CiU, aquellos "moderados", y se acaba con la ETA y el golpe catalán, la lógica evolución.

De Bacigalupo a Pumpido, la Transición que se nos viene

¿Hay algo de todo esto que trama Sánchez que pudiera resultar inconstitucional y, por tanto, inviable? Ilusiones. La Constitución española no es obstáculo porque Sánchez, haciendo de necesidad virtud, convierte la todavía (¿firme?) negativa del PP a contaminar la Justicia en un argumento para ponerle la camiseta del PSOE al Tribunal Constitucional. Lo hace con una ley especial que reforma otra que también era especial y que perseguía lo contrario porque era lo que en ese momento convenía a Sánchez. Una reforma impedía al CGPJ no renovado hacer nombramientos. La otra necesita que ese CGPJ los haga en el Constitucional.

Sólo así podrá él colocar su par de togas con Conde Pumpido como campeón del polvo del camino. Con el Constitucional convertido en el vigía amigo del invasor, Sánchez podría perpetrar el cambio de régimen desde dentro sin despeinarse. Y lo que haga falta.

¡Pero de qué independencia judicial hablamos! En caso de que hubiera una separación efectiva de poderes siempre existirá la vía directa, tan transitada por el PSOE. Con toda la presunción requerida, el titular del escándalo —nada nuevo— es que Prisa compró a un juez para que echara a otro que le molestaba. Costó 200.000 dólares americanos depositados en Argentina. Se los pagó Jesús de Polanco, amo de Prisa, a Enrique Bacigalupo, suegro de la ministra Teresa Ribera. El juez al que había que echar del camino era Javier Gómez de Liaño. Y se hizo. El padrino de la operación, el propio Polanco, presumió de ello, sin ambages, en enero de 2001:

"Fui yo quien presentó la querella y es la primera vez que en España a un juez se le condena por prevaricación sin que haya cohecho. He librado a la sociedad española de un juez como ése".

La condena por prevaricación fue en realidad una medalla al mérito en la pechera de "un juez como ése", como Javier Gómez de Liaño, que nunca dejó de serlo. Pero ahora hasta puede que haya justicia de verdad si la Audiencia Nacional está a la altura de ese juez que un día instruyó sin tacha desde sus despachos el caso Sogecable.

Y luego habla Gabriel Rufián, el de las balas fake, de la "contaminación" de los medios de comunicación y de las cartas que, según él, deberían tomarse en el asunto. Prisa, el catalizador, siempre medra y, por lo visto, es obligatorio respetar tal condición, gobierne quien gobierne.

Estamos en otra Transición, que es la Regresión social-comunista y que tiene todos los ingredientes de un nuevo régimen: Justicia y medios de comunicación propios, empresas participadas y asaltadas a medias por el Gobierno y esos medios de comunicación (Sánchez y Prisa en Indra)… Sin olvidar que la independencia de Cataluña está sobre una "mesa de diálogo", que la banda terrorista ETA pisa moqueta y que su delegación política nos hace la Ley de Memoria Democrática escribiendo el fin del proceso del 78 para abrir el capítulo único de su éxito después de matar.

Así son los mimbres que levantan el cercado de Sánchez, muy similares a los de la II República a la que nadie que no fuera de izquierdas estaba invitado.

La verdadera lucha contra el terrorismo debió extenderse siempre contra el nacionalismo, su fundamento, pero se les privilegió para gobernar. Hoy, y ya casi sin tiempo, la lucha contra ese nacionalismo golpista sin disfraz, contra los terroristas de escaño y contra el comunismo que hunde países enteros en todo el mundo debe librarse primero contra el PSOE de Pedro Sánchez, matriz del Mal en España. Nos va la libertad en ello.

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