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La Real Academia se pronuncia sobre la tilde diacrítica

La RAE no ha mostrado sensibilidad alguna ante los infames ataques al español por parte del cerril nacionalismo periférico.

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Tras treinta y cinco años de afrentas políticas a la lengua española y a sus hablantes desde los gobiernos autonómicos con lengua vernácula, tras treinta y cinco años de sistemas educativos que enseñan mal la gramática y minusvaloran la prosodia y ortografía del español, la Real Academia Española, por fin, se ha pronunciado... sobre el uso de la tilde diacrítica en sólo y éste para reconocer que no ha tenido éxito en la recomendación de no acentuar ambas palabras.

Nunca una nación ha sufrido tantos agravios a su lengua común como España en sus últimos decenios. Para conseguir sus fines totalitarios, el nacionalismo radical marxistoide (avalado por la izquierda) ha basado toda su estrategia política en desposeer de legitimidad al español ante un Estado débil y acomplejado que fue cediendo soberanía hasta que la nación quebró en sus pilares básicos: la lengua común y la Constitución del 78.

Han pasado años y leguas de duelos y quebrantos con el idioma de Cervantes, que ahora se ha erigido en bandera de la libertad por una sociedad civil harta de tanto desprecio al hablante en español. Mientras tanto, la Real Academia Española ha permanecido impertérrita, inasequible al aliento de muchos ciudadanos damnificados en su yo más íntimo por no poder escolarizar a sus hijos en su lengua materna, ver restringidos sus derechos a recibir información oficial en la lengua común e incluso ser amenazados de muerte por reclamar su libertad lingüística. Son hechos muy graves que deberían hacer reflexionar y actuar a la institución que se vanagloria de limpiar, fijar y dar esplendor a la lengua española. Con la excepción de algunos ilustres académicos, como Anson, Reverte, Vargas Llosa o Gregorio Salvador, la RAE, de forma oficial, no ha mostrado sensibilidad alguna durante estos años ante los infames ataques a una de las lenguas mayoritarias del mundo por parte del cerril nacionalismo periférico. El idioma común, el español, es un factor esencial para el progreso cultural y social de la nación, sin menosprecio de las lenguas vernáculas, y que contribuye a crear espacios emocionales colectivos favorecedores de la convivencia y la armonía necesarias para sacar al país de la profunda crisis estructural que sufre. No es la economía, ni la prima de riesgo, lo único importante. Si España no consigue una estabilidad en su estructura cultural, a través de una profunda reforma de la educación y una vuelta a la unidad lingüistica, como se busca la unidad de mercado, no sobrevivirá como nación libre, democrática y competitiva.

Los escolares de Galicia no estudian ni disfrutan de la prosa de Fernández Flórez y Valle-Inclán porque está escrita en español; lo mismo sucede con la de Baroja y Unamuno en Vascongadas; y con la de Pla y Marsé en Cataluña. Son sólo algunos ejemplos de esta tragedia cultural que asola Hispania. Pero la Real Academia, preocupada por su esplendor, se dedica a pronunciarse sobre la tilde diacrítica.

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