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José García Domínguez

'El País' y Cobos: ¿burricie o manipulación?

El escandalito, amén de las lagunas formativas de la nueva hornada, pone de manifiesto –otra vez– el gran vicio hispano: la pereza.

José García Domínguez
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El escandalito, amén de las lagunas formativas de la nueva hornada, pone de manifiesto –otra vez– el gran vicio hispano: la pereza.

Hubo un tiempo, hace muchos, demasiados años, en que lo que marcaba la diferencia ontológica entre el diario El País y La Voz de Almendralejo era que los redactores del primero sabían que el Tribunal Constitucional no forma parte del Poder Judicial. Era cuando aún no se había ido Pradera y todavía estaba por llegar la Logse. Esto es, cuando ni siquiera había soñado con verse ministro de Justicia un tal Caamaño. El mismo Caamaño que, según es fama en la Universidad de Santiago, fue suspendido en una oposición a cátedra por incurrir en idéntico error de bulto, o sea, por perorar que el Constitucional pertenece al tercer poder del Estado.

Ora por simple burricie, ora por afán manipulador, lo cierto es que El País ha logrado hacer un escandalito planetario de los 37, 14 euros que el militante Francisco Pérez de los Cobos abona mensualmente al Partido Popular. Escandalito que, amén de las lagunas formativas de la nueva hornada, pone de manifiesto –otra vez– el gran vicio hispano: la pereza. Y es que cualquiera dispuesto a entretener su ocio en Google durante diez minutos podría haber acusado recibo de lo que sigue. Acaso salvo el erudito Caamaño, ningún jurista ignora que quien propuso sustraer a los tribunales ordinarios la justicia constitucional fue Hans Kelsen. De ahí que la primera materialización de su idea, el Tribunal Constitucional de Alemania, se haya convertido en el gran modelo de referencia de todos los que luego lo imitarían, incluido el español.

Bien, pues sepa el doctor en Química Alfredo Pérez Rubalcaba que el Bundesverfassungsgericht, que así le dicen allí, tuvo, primero de vicepresidenta y luego de presidenta, a la compañera Jutta Limbach. Ocurre que Jutta es militante del SPD desde que tiene uso de razón. Circunstancia que no le impidió encabezar el Tribunal Constitucional entre 1994 y 2002. Cargo que, por cierto, tuvo que abandonar no por su conocida militancia socialista, sino por haber alcanzado la edad máxima, 68 años, prevista en la ley. Huelga decir que, al modo de Jutta, otros magistrados del mismo órgano lucen el carné del SPD o el de la CDU-CSU sin escándalo aparente de nadie. Hasta aquí los diez minutos en Google. Mas volvamos al gran dilema. ¿Será burricie o afán manipulador?

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