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José García Domínguez

Nosaltres, els 'castellans'

He pasado la mayor parte de mi propia vida rodeado de esa gente, los catalanistas, y también me cuesta entenderlos.

He pasado la mayor parte de mi propia vida rodeado de esa gente, los catalanistas, y también me cuesta entenderlos.
El consejero de Educación, Josep González Cambray en la escuela Turó del Drac de Canet de Mar (Barcelona). | EFE

Cuando los lectores puedan acceder al contenido de este artículo, ya solo faltará un día para que el martes 31 de mayo se cumpla el plazo límite otorgado por el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña al consejero de Educación, González Cambray, a fin de que aplique la sentencia el 25% en todos los centros de instrucción primaria de Cataluña. Un mandato judicial que, dados los antecedentes, resulta harto probable que tampoco en esta ocasión se vuelva a cumplir. Por algo, la deshonestidad intelectual, casi más que la estelada, es su bandera.

Si bien en esta ocasión el presunto insumiso se arriesgaría, en el peor de los supuestos, a que se le incoara un procedimiento penal, y, en el menos grave, a cargar con sanciones económicas personales derivadas de la vía contencioso-administrativa que podrían llegar a suponer desembolsos por su parte de hasta 1.500 euros diarios mientras persistiera en la actitud de desobedecer el mandato. Por lo demás, a partir del mismo martes comenzará un rosario de querellas criminales contra otros cargos menores en la jerarquía (las demandas ante la Fiscalía de Delgado constituirían una forma de perder el tiempo, por lo que se han descartado), asunto que promete alargar la situación de interinidad en la ejecución de la orden otros meses más. Y suma y sigue.

Yo entiendo que no se entienda. A fin de cuentas, he pasado la mayor parte de mi propia vida rodeado de esa gente, los catalanistas, y también me cuesta entenderlos. La otra Generalitat, la socialista de Valencia, ha decretado que 2022 sea el año de Joan Fuster, autor de Nosaltres, els valencians, genuina Biblia fundacional de los Países Catalanes. Un libro que procede explorar si se quiere descubrir qué hay en la cabeza de toda esa tropa que manda en Cataluña. Para Fuster, el valor de la aportación cultural de sus conciudadanos de habla castellana a la historia colectiva a lo largo de los siglos ha sido igual a cero. Els castellans autóctonos son, a sus doctos ojos, simple escoria espiritual, una rémora de nulo valor. Peor casi que los moros, grupo cuya expulsión se celebra en esas páginas con alborozo. Si eso piensan de unos que llevan desde la Alta Edad Media viviendo a su lado, ¿qué no sentirán en su fuero interno hacia los que llegaron hace apenas medio siglo? Hagan feliz a Ximo Puig: lean a Fuster.

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