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Retrato de la burguesía catalana

Que se rinda España y a seguir facturando en lo que venga. Si levantaran la cabeza sus abuelos, los que le pagaron a escote la guerra a Franco...

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Quim Torra y Juan José Brugera, presidente del Círculo de Economía | EFE

No es verdad que todo el mundo quiera más España. Quieren más España, sí, los andaluces, que lo acaban de demostrar de modo inequívoco, casi aparatoso. Quieren más España los dueños de esos miles y miles de balcones repartidos por centenares y centenares de ciudades y pueblos del país, todos exhibiendo orgullosos una misma bandera. Quieren más España los votantes del PP, de ahí que hayan corrido a tomar buena nota sus dirigentes. Quieren más España sus iguales que apoyan al PSOE, por eso el milagro de la palabra hasta ayer impronunciable, E-s-p-a-ñ-a, en boca hoy de todos sus cargos institucionales; de todos sin excepción. Quieren más España las bases sociales de Ciudadanos, por eso el retorno urgente de las franjas rojigualdas y la afirmación nacional al discurso por momentos anodino y tecnocrático de sus voceros. Quieren más España los que, cansados ya de esperar, se han marchado a VOX, también ellos cientos de miles. Pero hay un grupo, sin embargo, que no quiere más España, sino menos España. Y ese grupo, el que, abiertamente enfrentado al clamor hoy unánime de la nación, ansía minimizar España hasta reducirla a la insignificancia extrema, no resulta ser, por cierto, un agregado irrelevante. Todo lo contrario.

Y es que esos que ahora mismo andan aunando fuerzas para reducir España a la nada testimonial son los señores empresarios catalanes. Aunque no la totalidad de los empresarios catalanes, sino únicamente una facción de ellos: la formada por los directivos y propietarios de las mayores empresas de la demarcación, algunas de ellas grandes bancos con un notable peso en el Ibex; otras, multinacionales con presencia en medio mundo. Pues resulta que los que quieren menos España, y así nos lo han hecho saber al resto a través de un comunicado oficial, son los miembros del muy exclusivo y exquisito Círculo de Economía de Barcelona, el sanedrín de lo que aún queda en pie a estas alturas de la mítica burguesía catalana. La siempre heroica burguesía catalana, la misma que huyó despavorida rumbo a Madrit con su dinerito en el bolsillo el 1 de Octubre. Pero desde aquellos temblores y aquellas zozobras ya ha transcurrido más de un año. Así que, recuperada la calma, nuestros grandes empresarios domésticos han vuelto a la práctica activa del deporte que más les gusta desde siempre, el de la equidistancia. Una equidistancia muy poco equidistante, por lo demás.

Porque resulta que los señores y señoritos del Dinero equidistan mucho, y cada vez más, de la media Cataluña que está dispuesta a defender la Constitución en las calles, pero equidistan muy poco, ya prácticamente nada, de la otra Cataluña, la asilvestrada que se sublevó contra nuestras leyes cuando entonces. Así, los exquisitos caballeros del Círculo de Economía, esos refinados próceres a los que el resto de los españoles les tuvimos que garantizar la solvencia de sus empresas y de sus bancos durante aquellos días críticos de octubre, cuando el tarado de Junqueras y el majadero de Puigdemont se lanzaron al monte, nos lo agradecen ahora reclamando, y por escrito, que la soberanía de la nación española sea suprimida, ya, cuanto antes, en el territorio que comprenden las cuatro provincias catalanas. Nada más y nada menos. Pues los señores y señoritos del Círculo de Economía han llegado, al parecer solo con el auxilio de sus privilegiados cráneos, a la sabia conclusión de que una manera rápida y barata de tranquilizar a los líderes separatistas sería rendirse ante ellos. Que se rinda España y a seguir facturando en lo que venga. Si levantaran la cabeza sus abuelos, los que le pagaron a escote la guerra a Franco...

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