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Pablo Molina

Hasta aquí llegó la ultraizquierda

La crisis sanitaria debe servir para crear en el cuerpo nacional una sólida reserva de anticuerpos contra el ultraizquierdismo que venimos soportando en los últimos años.

Pablo Molina
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La crisis sanitaria debe servir para crear en el cuerpo nacional una sólida reserva de anticuerpos contra el ultraizquierdismo que venimos soportando en los últimos años.
La ministra de Igualdad, la ultra Irene Montero, en el Senado | EFE

Todos deseamos que los científicos encuentren pronto una vacuna para el coronavirus (todos salvo Torra y sus amigos, que si no sale de un laboratorio catalán no se la pondrán), pero la actual crisis sanitaria debe servir también para crear en el cuerpo nacional una sólida reserva de anticuerpos contra el ultraizquierdismo que venimos soportando en los últimos años.

Como ocurre con las vacunas, que utilizan virus para provocar una respuesta del sistema inmunitario contra futuras infecciones, son los propios ultraizquierdistas los que van a hacernos invulnerables a sus ideas, al menos hasta que el izquierdismo no experimente una nueva mutación y haya que volver a empezar.

La actuación de los podemitas desde que saltó la alarma por el coronavirus ya debería inhabilitarlos para sacar en las próximas elecciones ni un voto más que el de los propios candidatos y sus familiares consanguíneos en primer grado. Todos ellos animaron a asistir a concentraciones multitudinarias cuando en otros países afectados ya estaba la población recluida y aislada, con lo cual provocaron miles de contagios, como demuestran los datos más recientes. Solo por eso deberían salir de la política para siempre, sin que nadie debiera rodear sus sedes y correrlos a gorrazos por las calles, que es lo que estarían haciendo ellos si un Gobierno de derechas hubiera cometido un despropósito tan descomunal.

Pero es que aún nos sangran los oídos de escuchar sus lamentos y amenazas a cuenta de las majaderías más absurdas que han utilizado en los últimos años para llegar al poder. Así, les hemos visto declarar la alerta antifascista cuando Vox consiguió representación en un Parlamento autonómico, el apocalipsis climático junto a la niña Greta y el Defcon 5 antifranquista para profanar la tumba del anterior jefe del Estado. Antes de llegar ellos al Ayuntamiento de la capital, los niños madrileños morían de desnutrición en las manos yertas de sus padres, derrumbados sin vida junto a los contenedores de basura. La anterior pareja de Pablo Iglesias, hoy relegada al último puesto del Hemiciclo por no haber sabido conservar su amor, avisaba en las tertulias televisivas cuando todavía era primera dama perroflauta de que el 25% de la población española podía morir de hambre por culpa de los recortes de Rajoy.

Pues bien, ahora llega una amenaza cierta con ellos en el Gobierno y los hemos visto hacer tres cosas: agravar sus consecuencias, tratar de sacar partido de la desgracia para implantar aquí el modelo chavista y correr de un lado para otro como la tonta del bote tratando de esconderse y evitar cualquier responsabilidad. Esto es demasiado incluso para el español medio, capaz de elegir por dos veces a ZP.

Ahora toca evitar contagios y curar a los enfermos, pero el coronavirus pasará y llegará el momento de pedir cuentas a esta banda de fanáticos peligrosos. Han abusado tanto de los españoles que la reacción puede ser apabullante. Nos han vacunado y se lo vamos a demostrar.

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