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El efecto Vox y el mal Mayor

El arriolismo es una forma de encajar las pésimas noticias desde la perspectiva de Sun-Tzu, el de 'El arte de la guerra'.

Pablo Planas
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El arriolismo es una forma de encajar las pésimas noticias desde la perspectiva de Sun-Tzu, el de El arte de la guerra. Arriola, para sus exégetas, es el maestro de Kung-fu, el hemisferio izquierdo del cerebro presidencial, donde residen el lenguaje, las matemáticas y la lógica, el gran gurú de Rajoy. La última teoría de la factoría de sentencias orientales del sociólogo de cabecera del presidente es que Vox, el partido en el que se acaba de refugiar Vidal-Quadras del fuego amigo, es una excelente oportunidad estratégica para el PP, puesto que contribuirá a fragmentar la contraoferta electoral, en teoría. Según estos cálculos, la abrupta escisión en el nucleo doctrinal del centroderecha debilitará a Unión, Progreso y Democracia, el partido de Rosa Díez, y, en consecuencia, lo de Vox y Alejo es excelente para Rajoy.

¿Y lo de Mayor Oreja? Otra buena noticia, según el argumentario de urgencia de Génova. El comunicado del partido es de una estridente ambigüedad, como si Mayor Oreja fuera un empleado de confianza al que se permite gestionar los términos gráficos de su despido. Rajoy contaba con él para taponar los efectos electorales de fotos como la de los carniceros de Mondragón y lo del liberado Bolinaga, el torturador de José Antonio Ortega Lara. Mayor no se ha dejado utilizar, pero, como en el caso de Vidal-Quadras, Arriola se fuma un puro porque Rajoy lo ha dejado, lo de los puros.

En política, casualidades las justas. Mayor Oreja le diría a Rajoy el pasado día 9 que nones, pero el expediente ha trascendido el mismo día de la vídeocarta de Vidal-Quadras y su ingreso en Vox, el partido del citado Ortega Lara y de Santiago Abascal. Se podrá objetar que Mayor, de momento, no ha pedido la baja del PP para ingresar en Vox y que su renuncia obedece a una casuistica diferente a la de Vidal-Quadras. Y es verdad. La parte mollar del discurso del eurodiputado Mayor afecta a ETA y el nacionalismo vasco, mientras que el eurodiputado Vidal-Quadras está especializado en la cuestión catalana. Y a partir de aquí empiezan los problemas para quienes no están en los secretos de Arriola.

Ortega Lara y Abascal encarnan las razones por las que hace política Mayor Oreja, mientras que Vidal-Quadras era una de las razones por las que un número indeterminado de votantes del PP en Cataluña no había emigrado a Ciudadanos. De modo que Vox es la primera formación política de ámbito nacional que se nutre de las flaquezas de Rajoy ante dos expedientes cruciales: el final de ETA y el fin de España. No es poca cosa ni parece que pueda ser explicada en términos de si todo esto afectará más a Rosa Díez o a Albert Rivera; si será bueno para Rajoy y malo para sus adversarios electorales, teoría fundada en una concepción de la derecha de corte presidencialista que identifica al PP con Rajoy por encima incluso de la mayoría liberal-conservadora a la que el partido habría de representar. Lo de Mayor no es un mal menor, ni lo de Vidal-Quadras un daño colateral; no es tan sólo un lunes tomentoso, que también. A quien argumenta que lo de ambos estaba cantado y descontado habría que recordarle que antes las cabezas de los críticos en el PP se las cobraban los nacionalistas por razones de aritmética parlamentaria. Es bien conocida la historia de Vidal-Quadras. Ahora les salen gratis, ya que esas cabezas ruedan y se van motu proprio o porque a la fuerza ahorcan (los del partido), lo que demuestra lo mucho que ha avanzado el nacionalismo y lo que supone todo esto para España, Rajoy al margen.

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