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Pablo Planas

Sánchez, perturbado

El presidente del Gobierno mira para otro lado ante los desmanes de Pablo Iglesias y socializa el insomnio.

Pablo Planas
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El presidente del Gobierno mira para otro lado ante los desmanes de Pablo Iglesias y socializa el insomnio.
Pedro Sánchez | EFE

Como se pilla antes a un mentiroso que a un cojo, Pedro Sánchez ha vuelto a ser víctima de su incontinencia verbal en declaraciones al diario italiano Corriere della Sera, medio en el que ha asegurado: "Nunca he pensado en pactar con el PP. Así desapareció el Pasok". De modo que toda esa verborrea del presidente del Gobierno sobre el afán de pacto, el espíritu de consenso y la necesidad de entendimiento con el PP no era más que puro palique, una bola detrás de otra trola en una escalada de embustes más paparruchas.

Ha quedado meridiano que a Sánchez no le interesa ni un pacto general ni acuerdos puntuales, sino que el PP apoye de manera sumisa y acrítica todas y cada una de sus iniciativas, que Casado se suba sin mirar al carro de proetarras y golpistas, junto a Ciudadanos, para cantar a coro las alabanzas que alimentan el desaforado y fantasioso ego de nuestro narcisista en jefe del Gabinete. Pero poca broma con Sánchez, cuya divisa es "El que la sigue la consigue", tal como demuestran episodios como la reconquista de la Secretaría General del PSOE y la moción de censura contra el bolso de Soraya.

Ni siquiera es verdad que el partido socialista griego haya desaparecido ni que su actual papel residual se deba a un pacto con la derecha helena. No hay que ser ni aficionado a la política internacional para saber que el Pasok se convirtió en un partido menor por el clientelismo político, la corrupción y una gestión pésima, rasgos que comparte con el PSOE de Lastras y Simancas.

A fin de añadir más sal y redondear la jornada en el curso de una semana que comenzó con su clamorosa ausencia en el funeral católico por las personas que han fallecido a causa del coronavirus, el presidente del Gobierno no ha tenido mejor ocurrencia que condenar sin juicio previo al rey emérito por las que considera "perturbadoras" actividades. Ciertamente, los manejos financieros de Juan Carlos I no tienen buena pinta, pero que el jefe del PSOE de los ERE los califique de "perturbadores" e "inquietantes" tiene miga. Lo sorprendente es que al declararse perturbado Sánchez haya dicho sin querer una verdad como un puño.

Eso sí, de Pablo Iglesias, ni mención. Y cuidado que no sólo es "pertubador" e "inquietante", sino alarmante y estremecedor que el vicepresidente segundo se quedara con la tarjeta del móvil de una colaboradora que contenía fotos e información íntima y que el tipo se líe a insultar a los periodistas que no le bailan el agua en la rueda de prensa del Consejo de Ministros. Mientras, Sánchez mira para otro lado y socializa el insomnio.

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