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Pablo Planas

¿Piolines?

Los hijos de los "piolines" tienen que ir a colegios donde los maestros llaman salvajes y asesinos a sus padres en un prístino catalán. Puro sanchismo.

Los hijos de los "piolines" tienen que ir a colegios donde los maestros llaman salvajes y asesinos a sus padres en un prístino catalán. Puro sanchismo.
Agentes de la UIP de la Policía Nacional ante varios contenedores ardiendo. | EFE

Pedro Sánchez está desatado. No respeta nada, ni siquiera a los agentes de la Guardia Civil y la Policía Nacional que intervinieron en Cataluña en otoño de 2017 para sofocar el golpe de Estado separatista. En la sesión de control en el Congreso, el dirigente socialista ha tachado a estos profesionales de "piolines", que es como les llamaban los golpistas a causa de los cruceros decorados con personajes de los dibujos animados de la Warner que se utilizaron como indigno alojamiento policial. Entonces gobernaba el PP de Mariano y Soraya, cuya nefasta gestión estuvo a punto de facilitar una intentona que se vino abajo por la actuación el 1 de octubre de esos servidores del Estado a los que Sánchez desprecia, por el discurso del Rey tres días después y por la gigantesca manifestación del día 8 en contra del golpe, que se recordará por la participación de un millón de ciudadanos.

Durante aquellos días, el PSOE se dedicó a jugar a dos bandas. Por un lado, impuso una serie de condiciones a Rajoy, que consistían en echar agua al vino del artículo 155 de la Constitución, aunque su voto no era necesario porque el PP tenía mayoría en el Congreso. Pero ahí emergió el melindroso Mariano, que no quería cumplir con la Constitución en solitario y suplicaba el acompañamiento de los socialistas. Por otro parte, el PSOE y su versión catalana, el PSC, mantenían abiertas todas las líneas con los golpistas. Así, la alcaldesa de Hospitalet y presidenta de la Diputación de Barcelona, la señora Núria Marín, enseguida corrió en auxilio de Puigdemont y procuró a su esposa, Marcela Topor, un contrato como presentadora de un programa de televisión en inglés que tiene el récord de ser el menos visto de la historia audiovisual de Cataluña. La nota al margen es que las televisiones locales de la Diputación barcelonesa emiten programas exclusivamente en catalán, salvo el de Topor. Inmersión para todos, menos para los nuestros.

Sánchez ha llamado "piolines" a los miembros de la Guardia Civil y la Policía Nacional al tiempo que se echaba a los pies de Aragonès cómo un auténtico felpudo. O sea que no sólo adoptaba el lenguaje separatista, sino que rogaba a los separatistas una reunión lo antes posible para que no se le complique aún más la campaña en Andalucía. A lo peor no se acuerda el actual presidente del Gobierno de que esos a los que moteja de "piolines" llevaron a cabo unas actuaciones pulcras y exquisitas, un prodigio de habilidad, consistencia y capacidad a pesar de las maniobras del entonces jefe de los Mossos, Trapero, el de las paellas con Rahola y el prófugo.

Fue el coronel Diego Pérez de los Cobos, purgado por Sánchez y Marlaska, el responsable de un operativo que en cualquier otro país hubiera merecido un elogio general. Pero casi un lustro después de la asonada los golpistas han sido indultados mientras caían todos aquellos servidores públicos que podían suponer un problema para tales golpistas, como la presidenta de Tribunal de Cuentas, Margarita Mariscal de Gante, la directora del CNI, Paz Esteban, el citado Pérez de los Cobos o el que fuera jefe de la Abogacía del Estado, Edmundo Bal.

El colofón es que Sánchez hable como los dirigentes de la CUP y desprecie a unos hombres y mujeres que fueron alojados en Cataluña en condiciones miserables. Por ejemplo, en Pineda de Mar el ayuntamiento llegó a amenazar a los hoteles que admitían policías nacionales con brearlos a multas hasta acabar cerrados si no echaban a los agentes. Pineda es el pueblo de la familia Aragonès, antes Aragonés, un clan de fuste y con negocios hoteleros. El abuelo del actual presidente de la Generalidad fue alcalde en tiempos de Francisco Franco. En aquellos días, un exsocialista como Germà Bel llegó a comparar a los policías y guardias civiles con perros para exigir que se les echara de los hoteles que no admitían mascotas.

"Piolines" les ha llamado Sánchez para después añadir que con el PP había crispación en Cataluña y con él, en cambio, hasta la selección española de fútbol puede jugar en Barcelona. ¿Y el 25% de español en la escuela, qué? Ah, de eso no ha hablado porque tal vez tendría que explicar que su exministro Salvador Illa está pactando con los separatistas un decreto para desobedecer la sentencia y mantener la exclusión del español en la enseñanza pública catalana. Otra cosa es que los hijos del los dirigentes separatistas, sean de ERC, JxCat o el PSC, no estudien en la pública sino en centros privados donde no rige ese supuesto modelo de éxito que es la inmersión lingüística. En cambio, los hijos de los "piolines" tienen que ir a colegios donde los maestros llaman salvajes y asesinos a sus padres en un prístino catalán. Puro sanchismo.

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