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Santiago Navajas

La EpC socialista ha muerto: ¡viva!

Un proyecto de educación en valores que sea liberal y, en consecuencia, no intervencionista ni estatalista, ha de garantizar la libre competencia de las ideas y los sistemas morales dentro de los valores democráticos de nuestro sistema político

Santiago Navajas
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"La enseñanza estatal en los países que adoptan los principios de Fichte produce, si tiene éxito, un rebaño de fanáticos ignorantes, dispuestos a la voz de mando, a lanzarse a la guerra o a la persecución del disidente, según se requiera de ellos. Tan grande es este mal que el mundo sería mejor si nunca se hubiese implantado la enseñanza estatal". Bertrand Russell

La irrupción de una asignatura como la de Educación para la Ciudadanía fue sorprendente por dos motivos. En primer lugar, porque se planteó como una mutación de las asignaturas filosóficas clásicas, Filosofía y Ética, que se venían impartiendo sin haber planteado ningún problema ya que estaban diseñadas desde un punto de vista profesional y neutral. De hecho, los contenidos morales, políticos, sociales y jurídicos de estas asignaturas, así como la capacitación profesional del Departamento de Filosofía al que estaban adscritas, garantizaban la necesaria neutralidad y objetividad para estas asignaturas como para cualquier otra.
 
Cuando uno de los inspiradores de este nuevo paradigma pedagógico-moral en España, el dirigente del PSOE Peces Barba, presentó su propuesta de líneas maestras para la Educación para la Ciudadanía (socialista, se entiende) descubrió el Mediterráneo, porque coincidía punto por punto con la asignatura de Ética y los contenidos éticos-sociales de la asignatura Filosofía de 1º de Bachillerato. La única aportación original, y la diferencia más significativa respecto de lo ya existente es cuando trazaba el perfil del “educador para la ciudadanía”:
 
"Debe cuidarse mucho la preparación del profesorado, e incluso crear profesores propios de Educación para la ciudadanía. En todo caso, la atribución mayoritaria de esas enseñanzas a profesores de Filosofía o de Historia debe ser completada con una formación específica que les prepare para explicar los principales conceptos de la materia".
 
Formación específica que se empezó a impartir, ¡qué casualidad!, en la Cátedra de Laicidad y Derechos Humanos de la Universidad Carlos III bajo la égida ideológica del mismo Peces Barba. Por tanto, desde el principio, el plan socialista consistía en la trivialización y banalización de dichas asignaturas, según el modelo de juegos florales de corte moralista y adoctrinador para la inculcación de consignas partidistas de manera acrítica.  Como dijo Antonio Gramsci, uno de los teóricos en la izquierda de la sustitución de la educación de corte científico por el agit-prop ideológico:
 
"La conquista del poder cultural es previa a la del poder político y esto se logra mediante la acción concertada de los intelectuales llamados "orgánicos" infiltrados en todos los medios de comunicación, expresión y universitarios".
 
En segundo lugar, los principales interesados en el cambio de dichas asignaturas -asociaciones de padres, asociaciones de profesores de filosofía, etc.- se ningunearon por el PSOE siguiendo una actitud de soberbia moralista según la cual no cabía el diálogo porque se sentían los arrogantes dueños de un proyecto moral universalizable aunque sus destinatarios -padres, alumnos, profesores- no parecían estar muy felices con la "liberación" y el "adecentamiento" obligatorios que se les prometía.
 
Frente a ello se levantó la Iglesia católica, que veía peligrar su posición de adoctrinamiento ideológico dentro del duopolio educativo español, pero también el movimiento liberal, que sospechaba de la intromisión estatal en la libertad de conciencia de los ciudadanos.
 
El proyecto de expansión de la ética socialista camuflada en la asignatura Educación para la Ciudadanía puso en cuestión la tradición de enseñanza en valores y principios democráticos desde una perspectiva profesional. Se pretendía sustituir una perspectiva neutral y crítica (como la que propone recuperar ahora el ministro Wert), por otra sectaria y aleccionadora.
 
Domingo Moratalla identificó seis trampas conceptuales en el proyecto adoctrinador de la Educación para la Ciudadanía:
●        la trampa del Derecho comunitario, como si el "espacio de reflexión" animado desde Europa no fuese enormemente flexible, y España no estuviese ya a la cabeza, y no a la cola, de dicha iniciativa gracias a la tradición ética vinculada a los Departamentos de Filosofía.
●        la trampa de la modernidad, intentando vincular la oposición al proyecto de enculturación moralista con sectores religiosos reaccionarios.
●        la trampa del pluralismo, ya que tras el pluralismo se produce un olvido y una negación de la verdad, la objetividad y la neutralidad en nombre de eufemismos políticamente correctos vinculados a una asertividad “buenista”.
●        la trampa de la ética pública, en cuanto que se trata de vender la idea de que la ética estatal es la única ética posible y racional, ocultando que dicha ética “pública” es la ética de un grupo concreto, específico, vinculado con intereses ideológicos y materiales.
●        la trampa del positivismo jurídico, que identifica lo legal o lo constitucional con la moral, tratando de imponer las consideraciones morales del grupo de presión que en cada momento consigue que se juridifiquen sus pretensiones, monopolizando el Estado a través de la parasitación de los mecanismos de representación democrática.
●        la trampa del racionalismo mecanicista, en cuanto que considera que es el Estado quién deba crear ciudadanos, en lugar de ver que la eticidad ha de emerger de la propia sociedad civil, de las interacciones libres entre los ciudadanos. En el fondo, sigue alentando la concepción totalitaria del Estado hiperracionalista hegeliano.
Un proyecto de educación en valores que sea liberal y, en consecuencia, no intervencionista ni estatalista, ha de garantizar la libre competencia de las ideas y los sistemas morales dentro de los valores democráticos de nuestro sistema político, que ha de ser considerado una meta a la que llegar mediante la discusión crítica más que un punto de partida apriorístico y por tanto dogmático, como pretendía la Educación para la Ciudadanía (socialista).  Ya Stuart Mill en el siglo XIX advertía que
"Confiar la instrucción pública al Estado constituye aviesa maquinación tendente a moldear la mente humana de tal manera que no exista la menor diferencia de un individuo a otro; el molde a tal efecto utilizado es el más grato al régimen político imperante, ya se trate de una monarquía, una teocracia, una aristocracia, o bien a la opinión pública del momento; en la medida que tal cometido se realiza con acierto y eficacia, queda entronizado un despotismo sobre la inteligencia de los humanos, que más tarde, por natural evolución, somete a su imperio el cuerpo mismo de las gentes".
Para ello, es condición necesaria un gran consenso entre todas las fuerzas políticas, fundamentalmente las más representativas de la derecha y la izquierda parlamentaria. Es también fundamental seguir el modelo que ya tenían las asignaturas de Filosofía y Ética en cuanto que obedecían a unos criterios profesionales, neutrales y objetivos, según los cuales es a través del diálogo crítico y el estudio sistemático de las diversas posiciones (en lugar de favorecer a unas y censurar a otras) como se han de alcanzar la(s) verdad(es) moral(es) y política(s). En caso contrario, se producirá un efecto expulsión por parte de las familias que rechazarán los intentos de uniformización y homegeneización por parte del Estado (más bien, por parte de los grupos de presión que hayan parasitado el Estado en cada momento). 
 
Y es básico que dicha educación sea adjudicada a los profesionales de la Filosofía en lugar de convertirla en un pozo para catequistas ideológicos, que sustituyan una cualificación formal por una habilitación sesgada impartida de los poderes establecidos y los Peces Barba de turno que confundan interesadamente la complementación de la educación familiar con la reflexión crítico-cívica por la suplantación de la educación moral privada por sermones de corte moral-social.
 
El Sr. Navajas es profesor de Filosofía en Enseñanza Secundaria y crítico literario y cinematográfico de los Suplementos de Libertad Digital.

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