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20-IV-2008

La tragedia de Rajoy

Como en las turbadoras tragedias políticas del mejor teatro inglés, la sinuosa trayectoria de Mariano Rajoy desde su última derrota electoral corre el riesgo de terminar en un desenlace funesto no sólo para él, que al fin y al cabo es quien menos importa, sino para la posibilidad de que el PSOE sea sustituido en el Gobierno de España dentro de cuatro años, o quizá menos.

En un tono airado, agresivo y en absoluto moderado, abierto o integrador, el actual líder el PP bramaba ayer contra los que a su juicio pretenden convertir su partido en algo que no es. La pregunta que muchos se hacen, sobre todo en las últimas semanas, es precisamente ésa. ¿Qué es, o qué quiere ser, el Partido Popular?

Según su ideario, el PP es un partido “inspirado en los valores de la libertad, la democracia, la tolerancia y el humanismo cristiano” que “defiende la dignidad del ser humano y los derechos y libertades que le son inherentes”, y promueve en primer lugar “una economía de mercado”. Que Rajoy afirme ahora de que ni liberales ni conservadores tienen cabida en el PP es, además de un tosco error, una burla que ni sus afiliados ni sus votantes se merecen.  

La repentina indignación de quien hoy preside el Partido Popular, que debería ser orientada hacia sus auténticos rivales, y no contra quienes en uso de su libertad se limitan a expresar sus preferencias de forma independiente y asumiendo muchos más riesgos que él (como decía un veterano periodista, los medios de comunicación se presentan a las elecciones todos los días, los políticos sólo una vez cada cuatro años) demuestra, además de una inquietante ineptitud, un peligroso e irrefrenable afán por hacer del PP justo lo contrario de lo que dice: un sindicato regido por un cabecilla que reparte prebendas en función de lealtades puramente personales y en el que cualquier parecido con la libertad es pura coincidencia.

Así las cosas, y a pesar de sus acertadas críticas a la política económica del Gobierno y de su atinada denuncia de la desastrosa gestión de la sequía por parte del PSOE, la deriva de Rajoy hacia el autoritarismo así como el tono desafiante de sus últimas fanfarronadas nos hacen dudar de su idoneidad para continuar al frente de su partido. Una interrogante que a buen seguro comparten muchas de las personas que en los próximos días serán elegidas como compromisarios en el congreso del Partido Popular.  

A menudo, la diferencia entre ser una ventaja o un inconveniente, un activo valioso o un baldón de cuya carga la organización a la que uno pertenece debe prescindir, es una cuestión de estilo, talante y buena educación. En el acto de reafirmación de ayer, típico por lo demás de un político en apuros, Mariano Rajoy conminaba a todo aquel que tuviera algo que objetarle a que lo dijera. Nosotros lo tenemos, y así lo hemos expresado siempre que nos ha parecido preciso. Por desgracia, el líder del PP ha decidido que las cosas no sean así en el seno de su partido. Como exclamaba Julio César en el drama homónimo de Shakespeare, sólo los cobardes pueden morir mil veces. ¿Cuántas vidas políticas tiene Rajoy?