Caldera

Ideas...

Sinceramente me parece una falta de respeto al conocimiento el uso de términos nobles para identificar actitudes gratuitas e irresponsables. Ya me pareció una denominación ofensiva que el PSOE decidiera constituir una Fundación que adoptase la denominación fundacional de "Ideas", cuando a mi entender este término merece una cierta reverencia natural: primero, porque son pocas las ideas que merecen tal apelativo y, segundo, porque dicho enunciado transmite al lector un concepto genérico, cuando, de suyo, es específico y muy específico en sí mismo. El vocablo, tal como se enuncia, permitiría hablar de buenas ideas y malas ideas, de ideas infantiles y adultas, de ideas locas y cuerdas, incluso de ideas de los sin ideas, que quizá fuera en lo que se pensara en aquel momento, si es que en sus protagonistas hubo en alguna ocasión un pensamiento.

En esta materia, mi posición se sitúa en el Mito de la Caverna que describe Platón en La República. Para él, la mente humana no está capacitada para contemplar las ideas en estado puro, es decir en toda su integridad, por lo que a lo único que puede acceder es a conocer, de aquellas, las sombras que proyectan en la vida real. El destello de una idea, en sí misma, es de tal naturaleza que si intentásemos verla en su propia dimensión, quedaríamos cegados e imposibilitados para comprensión alguna, de aquí que sólo conozcamos rasgos que las ideas proyectan sobre la capacidad comprensiva de nuestras mentes. Y de aquí mi lógico rechazo a la denominación adoptada por la fundación socialista que, momentáneamente, atribuí a esa arrogancia sin límites de sus dirigentes, en clara connivencia con el desprecio que sienten por todo lo que se relaciona con el saber, con la verdad científica, y con el conocimiento de la historia y del fundamento de la humanidad.

El desprecio se hizo más patente cuando se pone al frente de la mencionada fundación a aquel del que sólo se le conoce una idea, si es que, contra el criterio platónico, se puede llamar idea a la falsedad y a la perversión. Hasta donde yo conozco, el vacío del personaje encargado de las "Ideas" no puede ser más pleno si salimos de la gloriosa idea de falsear cualquier dato cierto, incluso numérico, cuando éste nos resulta molesto porque pone de relieve nuestra incompetencia. Falsear o falsificar, utilizando para ello los procedimientos más burdos que sólo un ignorante es capaz de poner en práctica. Y, lo que es peor, parece ser que la caverna donde se fraguan las ideas de quien otrora ostentara una cartera ministerial, con la misma escasa justificación, es en la que se recluye el presidente del Gobierno para empaparse del humus ideado por aquel manantial de ideas.

El último reflejo que se nos ha dado a conocer de la grandiosidad productiva de las ideas puras es el objetivo del inmediato cierre de las centrales productoras de electricidad de origen nuclear. Esgrimir alguna razón para ello es pedir demasiado, y no queremos poner en aprietos al fabricante de ideas. Por otro lado, la ventaja de la tesis del diálogo helénico es que se nos autoriza a pensar que no estamos preparados para conocer la idea en todas sus dimensiones, por lo que basta saber que hay que cerrar las centrales nucleares, y ello sin discusión. Al fin y al cabo, es la idea del gran mago de las ideas, a cuyo mundo nadie tiene capacidad para acercarse.

Nosotros, que ya digo no tenemos acceso al mundo de las ideas, vemos que es una energía barata, abundante, no dependiente de países que han mostrado muy poco respeto por los compromisos adquiridos, y además segura. Se nos dirá que lo de la seguridad está en entredicho, pues recordamos con dramatismo el caso Chernobil, a lo que sólo tenemos una respuesta: aquello era la Unión Soviética que, con una tecnología avanzada para enviar satélites al espacio o a otros planetas, era incapaz de fabricar un sencillo Fiat 124 del que sólo supo cambiarle el nombre por el de Moskvic; sin duda, para curar con ello el orgullo nacional. Además, a aquel régimen político nunca le preocupó las condiciones de vida de su población.

Me atrevo a decir algo que merecería mantenerse en secreto. Si el gran gobernador del mundo de las ideas hurgase en la historia de la urbe que le vio nacer, que es la que tiene más cercana, simplemente en la primera mitad del siglo XX, descubriría que el número de muertes producidas por inhalación de monóxido de carbono procedente del brasero de carbón vegetal –cisco– doméstico supera en un número infinito las producidas por la energía nuclear –excepción hecha del caso soviético. ¿Qué razón subyace en la idea del cierre de las nucleares? A eso sólo tiene acceso el gran productor de ideas.

Nos tememos que, en el Olimpo en el que reside, pretende contentar a los seis ecologistas/marxistas desinformados que quedan, pues los informados del ecologismo, ya apuestan como única solución por la energía nuclear. Pero es que en aquel lugar, residencia de dioses, se tarda mucho en enterarse de las cosas que ocurren en el mundo de a pie. Se tarda mucho en saber que la factura de la electricidad que pagan los sufridos usuarios –tanto más sufridos cuanto más deteriorada sea su renta– podría ser mucho más baja si el precio de la electricidad no tuviera que cubrir los costes de producción de las centrales menos eficientes.

Pero eso al Olimpo no le afecta: ellos tienen la electricidad gratis. De todos modos, deberían de pensar que los votos que esperan como segundo reflejo de estas ideas son de votantes que están siendo sacrificados por tan peregrinas ideas, bien por el precio de la electricidad, o bien por engrosar la cifra de paro al no poder su empresa competir con una energía cara frente a los que usan, en el exterior, energía más barata. La esperanza es que esos votantes nunca llegarán a conocer la idea alumbrada, porque la luz que la ilumina sólo le permite transmitir una tenue sombra. Así que a votar, que es lo que quiere el Gran Padrino de las Ideas.

¡Qué barbaridad! Y es que este país aguanta todo.

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