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Silicon Valley descodifica la muerte para ser inmortales

Detrás de esta ambición ya hay tecnologías reales, laboratorios prestigiosos y capital de sobra para investigar la biología del envejecimiento.

¿Y si la muerte no fuera un destino inevitable, sino un fallo técnico que se puede corregir? La pregunta parece de ciencia ficción, pero resume una obsesión de los magnates tecnológicos de Silicon Valley. Una buena parte de ellos ha empezado a ver el envejecimiento como un problema de ingeniería que puede medirse, descomponerse, optimizarse y reprogramarse.

La búsqueda de la inmortalidad ya no pertenece solo a los mitos, la religión o las fantasías futuristas. Se ha convertido en una industria multimillonaria. La llamada Longevity Industry, o industria de la longevidad, reúne biotecnología, inteligencia artificial, medicina personalizada, terapias celulares y grandes inversiones privadas. Ha evolucionado hacia la siguiente frontera, más allá de la industria cosmética, cuyo fin es parecer joven, para centrarse en retrasar, reparar o revertir procesos biológicos asociados al envejecimiento para mantenerse verdaderamente joven.

Desde la perspectiva de la mente de un multimillonario del software, el cuerpo humano empieza a parecerse a un software complejo: tiene código —genético—, errores de copia, mecanismos de reparación, fallos acumulados y procesos que pueden alterarse. Sin embargo, ya sabemos que la vida humana no es simplemente una máquina ni un programa informático. De hecho, los médicos ni siquiera saben todavía trazar la línea entre la vida y la muerte en muchos casos. Pero para ellos, los magnates del software, si un programa falla, se actualiza. Si una máquina se deteriora, se repara. Si el cuerpo envejece, se reprograma y listo.

Detrás de esta ambición ya hay tecnologías reales, laboratorios prestigiosos y capital de sobra. Calico Life Sciences, impulsada por Google, investiga la biología del envejecimiento. Altos Labs, asociada a Jeff Bezos, fundador de Amazon, trabaja en el rejuvenecimiento celular. NewLimit, cofundada por Brian Armstrong, consejero delegado de Coinbase, el mayor portal de criptomonedas del mundo, explora la reprogramación epigenética. Neuralink, de Elon Musk, aunque centrada en las interfaces cerebro-ordenador, también forma parte de esta cultura tecnológica que aspira a ampliar los límites del cuerpo humano.

Hay muchas nuevas tecnologías en ebullición actualmente. La reprogramación celular busca devolver a las células rasgos de estados más jóvenes. Por su parte, los senolíticos buscan eliminar células envejecidas que se acumulan en los tejidos y que pueden contribuir al deterioro del organismo. La edición genética permite intervenir en secuencias de ADN y podría ayudar a corregir mutaciones asociadas a enfermedades de la edad; investigaciones publicadas en Nature hace escasas semanas han explorado técnicas capaces de modificar el ADN sin provocar roturas de la doble hélice, abriendo la puerta a su aplicación en humanos. La inteligencia artificial biomédica analiza datos para descubrir fármacos, biomarcadores o patrones del envejecimiento. La medicina personalizada adapta los tratamientos al perfil genético, metabólico y celular de cada paciente, para corregir enfermedades o defectos de manera directa y específica para cada persona en el lugar del cuerpo donde sea necesario.

Quienes hicieron fortuna transformando internet, los datos y la inteligencia artificial ahora quieren transformar el cuerpo humano. No es extraño: el envejecimiento es el mayor mercado posible porque afecta a todo el mundo. Pero ahí comienza el dilema ético. ¿Será la medicina de la longevidad accesible para la mayoría o quedará reservada a quienes puedan pagarla? ¿El objetivo debe ser vivir más años o vivir mejor los que ya tenemos? ¿Qué ocurriría si solo una élite pudiera prolongar su vida décadas o siglos?

Las consecuencias sociales también serán profundas: cambiarán el trabajo, la jubilación, la herencia, la natalidad, el poder económico y la concentración de influencia en manos de personas capaces de vivir mucho más tiempo.

Pero quizá toda esta película no sea más que eso, una elucubración de multimillonarios que no saben qué más hacer con su dinero. ¿Es la muerte un bug que debe corregirse o una condición esencia de la existencia humana? Silicon Valley quiere corregir el código de la vida. Pero quizá la cuestión verdadera que debemos hacernos no sea cuánto tiempo más podremos vivir gracias a la tecnología, sino qué haremos con ese tiempo cuando, en la actualidad, muchas personas están verdaderamente desesperadas por 'matar el tiempo' que llena sus desdichadas vidas. Quizá la vida no consista tanto en el tiempo como en el propósito, el desarrollo de valores y la contribución a lo que sí sabemos que va a quedarse: la propia humanidad.

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