
Un milagro llamado karma hace campeón a Verstappen

No les voy a engañar, este artículo es el segundo que escribo en este domingo histórico, emocionante y maravilloso de la F1. Cuando todos los periodistas ya estábamos escribiendo y describiendo cómo se había producido el octavo Mundial de Lewis Hamilton el destino ha dado un giro de 180 grados y ha hecho justicia. De haber ganado Hamilton mi artículo era claro: la FIA había beneficiado al piloto de Mercedes al no obligarle a devolverle la posición a Verstappen en la primera vuelta tras un adelantamiento, en mi opinión, limpio, legal y deportivo. También habría criticado los mensajes de Hamilton quejándose de Checo Pérez por proteger los intereses de su equipo, su posición, por conducir, las conversaciones de Toto Wolff pidiendo a la FIA no sacar un safety car ante la rotura de Giovanazzi, y con todo habría felicitado a Hamilton por hacer historia, pero como les digo he tenido que reescribir, con mucho gusto, este artículo.
Igual que critiqué a Max Verstappen en Jeddah por perder los nervios y actuar al límite de lo legal y del reglamento, hoy vuelvo a ser muy clara al afirmar que Verstappen se merece este Mundial con este final trepidante de una de las mejores temporadas de los últimos años y décadas. Se lo merece, porque aunque a veces hemos visto a ese Max del pasado, nervioso y algo inconsciente, durante casi todo el año ha predominado su versión más tenaz, más racional y brillante.
El piloto holandés no sólo se ha proclamado campeón en una de las mejores temporadas de la historia de F1 –hacia cuarenta años que dos pilotos no llegaban empatados a puntos a la última carrera–, sino que ha terminado con la hegemonía de Mercedes, con una época de dominancia absoluta por parte de las flechas plateadas. Felicidades a Verstappen por no darse por vencido en toda la temporada, en toda la carrera y por creer en que era posible y que se podía ganar a Hamilton y a Mercedes. Un Verstappen que devuelve a Red Bull, y no nos olvidemos a Honda, a lo más alto de la F1.
Verstappen nunca olvidará cómo el accidente de Latifi le devolvió a la vida, le dio su última oportunidad de ganar al piloto del aparato, al favorito de casi todos, al ganador fácil que al final tuvo que encajar ser segundo en la carrera y en el Mundial.
No se puede terminar mejor un Mundial que no sólo se ha decidido en la última carrera, se ha decidido en la última vuelta, y además con un español en el podio, Carlos Sainz.
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