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"Kale borroka" a la catalana: la ley del silencio

Desde las pasadas autonómicas se han multiplicado los ataques a las sedes del PP y Ciutadans y los insultos a políticos y militantes no nacionalistas.

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Lo que nadie condena en Cataluña

El movimiento separatista catalán insiste siempre en el carácter "cívico" y "familiar" de sus actos, unas fiestas caracterizadas por las masas ingentes de participantes y el orden en su desarrollo. Tan distinguidas exhibiciones del espíritu catalanista suelen ir de la mano de severas recomendaciones para no caer en las "provocaciones fascistas". Así, entre la última Diada y el pasado Doce de Octubre, el discurso político y policial de la Generalidad consistió en alertar por activa y por pasiva de una hipotética invasión de ultraderechistas que no llegó a producirse. La única excepción de un día señalado en rojo por la consejería de Interior fue la manifestación convocada en plaza de Cataluña por la entidad "Som Catalunya, somos España", que llenó de banderas de España y catalanas sin estrella la plaza de Cataluña y sus alrededores. No hubo incidentes dignos de mención, salvo una pequeña agresión de un grupo de "antifascistas" a un provocador que portaba de forma visible una bandera española.

CiU y ERC, ya sea como partidos o desde la Generalidad, insisten en la teoría del "pacifismo" separatista y en el carácter integrador de sus actos, en las actitudes dialogantes de los partidos que forman su "frente nacional" ante el discurso del miedo de los partidos que califican de "unionistas", es decir: PP, Ciutadans y ahora ya hasta el PSC, dadas sus reticencias no tanto sobre el "derecho al decidir" sino sobre la conveniencia de que Cataluña se separe de España. Las formas políticas e institucionales en Cataluña son de una urbanidad exquisita, sostienen los dirigentes nacionalistas.

Sin embargo, el día a día de los militanes y trabajadores de los partidos "unionistas" suele verse alterado cada vez con más frecuencia por "expresiones" del separatismo catalán que no parecen avalar las tesis sobre el carácter abierto y dialogante del movimiento popular hacia la indepedencia. Por ejemplo, sólo desde las pasadas elecciones, en noviembre de 2012, las sedes del Partido Popular en Cataluña han registrado más de cuarenta ataques. Desde pintadas a lanzamientos de huevos; desde pedradas y destrozos en el interior de los locales a "escraches", desde amenazas de muerte a recomendaciones para que hagan las maletas.

Ciutadans es una fuerza con menor implantación territorial, pero también objeto frecuente del otro "discurso" del independentismo. Sólo el año pasado, su sede de Gerona fue atacada cuatro veces. El 10 de junio, día de su inauguración, el 16 del mismo mes, el 26 de noviembre, justo después de las elecciones autonómicas y el 22 de diciembre. En Barcelona, los militantes de Ciutadans ya están acostumbrados. Atacaban su sede cuando la tenían en el Paseo de Gracia y también la actual, mucho menos céntrica, al lado de la plaza de toros Monumental. Incluso en el PSC notan ya algunas consecuencias desagradables por la renuncia de su dirección a formar parte del movimiento separatista. Hay sectores del socialismo catalán que no tienen ninguna duda, ex dirigentes que ya han dado el paso de integrarse en las "mesas por el derecho a decidir", como Joaquim Nadal o la exalcaldesa de Badalona, Mayte Arqué; pero la dirección encabezada por Pere Navarro prefiere explorar una reforma constitucional o incluso la tercera vía de Josep Duran antes que sumarse a la "gran coalición" de Oriol Junqueras, Carme Forcadell, la líder de la ACN (Assemblea Nacional Catalana ) y Artur Mas.

En la noche del 12 al 13 de octubre, unos militantes de las juventudes del partido socialista fueron atacados por otros jóvenes que provocaron destrozos en un local socialista del distrito barcelonés de "Les Corts" mientras proferían gritos a favor de la independencia. Unos días antes, poco después de la Diada, la sede del PSC en Sant Adrián del Besós, amanecía con la pintada "Fora de Catalunya!" firmada por "Arran", las juventudes de las Candidatures d'Unitat Popular (CUP), uno de cuyos diputados desencadenó el incidente que acabó con el abandono del hemiciclo del parlamento catalán de los diputados de Ciutadans primero y el PP a continuación.

El fenómeno de los ataques a las sedes de los partidos no nacionalistas no ha suscitado nunca la más mínima atención mediática, ni dentro ni fuera de Cataluña. A diferencia de lo que ocurrió con el asalto ultraderechista a la sede de la librería Blanquerna en Madrid durante el pasado 11 de septiembre, los ataques y agresiones sufridos por militantes o dirigentes de los partidos no nacionalistas, que se remontan, por cierto, a los años del Tripartito, pasan inadvertidos.

Nunca se ha producido una condena oficial o un acto de solidaridad por parte de las formaciones nacionalistas y eso que los ataques no han sido sólo en forma de pintadas o proyectiles contra una fachada o una persiana metálica. También se han registrado ya algunos casos de insultos y agresiones físicas, como la de los jóvenes socialistas. En Rubí (Barcelona), el pasado 12 de febrero, un concejal del PP sufrió lesiones en el codo derecho tras ser zarandeado por unos "desconocidos". Otra concejala del mismo partido, en Subirats (Lérida), sufrió una variante en la práctica de las amenazas: las pintadas contra ella se hicieron en su centro de trabajo, una entidad financiera. En Ciutadans también pueden contar sin parar insultos, empujones y amenazas, sobre todo amenazas: vía correo ordinario contra su principal dirigente, Albert Rivera, vía Twitter contra sus simpatizantes o sus cabezas visibles. E insultar a Alicia Sánchez Camacho por la calle ya no es una anécdota. Le ha pasado también a Pere Navarro, a Albert Rivera y a los rostros más conocidos entre los contrarios a la independencia.

Sin embargo, ERC y CiU insisten en que la "fractura social" es una hipótesis insultante, que los incidentes son hechos aislados, que no merecen condena, que no se debe caer en las provocaciones y que el peligro está en la resurrección de la extrema derecha, siempre con el asalto a la librería de Madrid como argumento incontestable y definitivo. Si en las puertas de los no nacionalistas menudean las amenazas de muerte o la recomendación de hacer las maletas, en el parlamento catalán también se percibe un ambiente bronco. Alicia Sánchez-Camacho fue increpada en sede parlamentaria por denunciar el intento de la Generalidad de criminalizar de la manifestación del Doce de Octubre unos días antes de que los diputados de Ciutadans y el PP fueran conminados por la presidenta de la institución, la democristiana Núria de Gispert a callarse o a abandonar el pleno tras ser tachados de "fascistas" y "nazis" por un diputado de las ya citadas CUP. Al término de la sesión, algunos diputados convergentes oyeron perfectamente como Pere Navarro le dijo al president Artur Mas "això se'n va a la merda", en lo que interpretaron como una alusión nada velada a las consecuencias del giro radical y separatista de CiU.

Después del Doce de Octubre, entre la agresión a un ciudadano por exhibir una bandera de España y la aparición de más pintadas en alguna sede del PP, el diputado de Ciutadans Matías Alonso parafraseó a Churchill en el Parlamento autonómico: "Algún día los fascistas se llamarán a sí mismos antifascistas".

La consejería de Interior, mientras tanto, sigue restando importancia al goteo de amenazas, coacciones, ataques e insultos. El consejero del ramo y el gobierno autonómico en pleno piden, en cambio, el cese fulminante de la delegada del Gobierno en Cataluña, Llanos de Luna, por denunciar a los ayuntamientos que retiran las banderas de España, destinan fondos públicos a los actos independentistas y promueven campañas de insumisión fiscal.

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