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Cristina Losada

La Europa sin cordones

Al contrario de lo que predica el Gobierno español, la "derecha europea" no es unánime en el asunto de los cordones.

Al contrario de lo que predica el Gobierno español, la "derecha europea" no es unánime en el asunto de los cordones.
El primer ministro italiano, Mario Draghi. | EFE

La entrada de Vox en un gobierno autonómico la han tratado el Gobierno y sus aliados como un cataclismo. La portavoz gubernamental ha lamentado que Feijóo tragara con ello y le ha pedido que mire hacia Europa -lugar donde no está España, al parecer- y siga el ejemplo de la "derecha europea", concepto en el que no incluye a la española. El modelo a seguir son los "cordones sanitarios democráticos" para evitar que la ultraderecha llegue a las instituciones y acabe con la democracia y los derechos humanos. Es un plan muy sencillo, salvo por un detalle incordiante. Esa pauta se sigue en Alemania y Francia, pero hay otros países, dentro de la Unión, que no la aplican. Al contrario de lo que predica el Gobierno español, la "derecha europea" no es unánime en el asunto de los cordones.

Partidos a la derecha de la derecha tradicional, llamados también populistas, de extrema derecha y de derecha alternativa, han formado parte de coaliciones de Gobierno en Noruega, en Finlandia y en Austria en la última década. En el mismo período, esos partidos sospechosos han servido de apoyo externo a Gobiernos en Dinamarca y Países Bajos. Pero el caso más relevante es uno de plena actualidad, porque está ahora mismo en el Gobierno, en el de Italia, y bajo la presidencia del respetable Mario Draghi. Hay que detenerse en el caso italiano porque ese partido es nada menos que la Liga de Matteo Salvini.

Hace poco, en el Congreso, Sánchez metió en el mismo saco a Le Pen, Salvini, Abascal y Putin. De ser así tendríamos que decir que en el Gobierno de Draghi están representados todos ellos. El líder de la Liga no está, pero tiene tres ministros en el gabinete. Tres ministros y ocho o nueve altos cargos. Si el jefe del partido es, como se ha dicho, xenófobo, racista, ultraderechista y LGTBifobo, cae por su propio peso que el partido que dirige también lo será. De modo que ahí tenemos a un partido con toda clase de señas fóbicas en el Gobierno italiano. ¿Va a decirle Sánchez a Draghi que imponga un cordón sanitario a la Liga y la eche? Debería hacerlo, si no por otra cosa, por el apoyo de Salvini al separatismo catalán. Pero la situación aún resulta más desafiante para el frágil orden mental de nuestra izquierda: los de la Liga de Salvini comparten mesa de Consejo de Ministros con dos partidos de izquierdas como el Partido Democrático y Libres e Iguales.

El cordón sanitario a los partidos de la derecha populista no es una política común ni general. Esto en el viejo núcleo de la Unión, porque si miramos hacia el Este, hay países donde ese tipo de partidos gobiernan, y alguno de ellos forma parte del Partido Popular Europeo. La "derecha europea" tiene formas diferentes de encarar a esos competidores que recogen un voto de protesta y descontento, que antaño, hace mucho tiempo, solía ir a parar a partidos de izquierdas. La cuestión, además, es de qué ha servido el cordón. El caso francés es el actual y paradigmático. Allí lo han puesto más que nadie. El resultado es que Le Pen no ha dejado de ganar votos. Lo que pierden por el cordón lo ganan por outsiders.

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