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EDITORIAL

El Congreso no es un prostíbulo donde negociar corruptelas

Los implicados utilizaban, además de prostíbulos y restaurantes de lujo, la misma sede del Congreso como lugar donde negociar sus corruptelas.

¿Se imaginan los lectores la monumental escandalera política y mediática, así como la catarata de peticiones de comisiones de investigación que se estarían registrando en este momento en el Congreso, si se hubiese destapado que un diputado del PP ha venido liderando una trama corrupta que, desde la misma sede del Parlamento, ofrecía a empresarios privilegios en materia de contratación pública, al tiempo que los extorsionaba a cambio de tratos de favor en las inspecciones y las ayudas europeas, todo ello con cenas y fiestas de por medio con prostitutas, cocaína y viagra a cargo del contribuyente?

Pues bien. Esto es lo que ha destapado el llamado "caso Mediador", sólo que el protagonista de la trama, Juan Bernardo Fuentes Curbelo, alias Tito Berni, no es un diputado del PP, sino del PSOE al igual que los otros 15 diputados que participaron, junto a los empresarios implicados, en esas cenas y orgías. Sin duda, esa es la razón por la que los medios próximos a la izquierda tratan de pasar de puntillas por el escándalo, mientras la TVE intenta diluirlo bochornosamente con otros casos de corrupción del pasado. Esperemos, sin embargo, que esta no sea también la razón para que el PP o Vox no lleguen a reclamar una comisión de investigación en el Congreso, cosa que se justifica no ya sólo por la extrema gravedad de los hechos denunciados, sino también por el hecho de que los implicados utilizaran, además de prostíbulos y restaurantes de lujo, la misma sede del Congreso como lugar donde negociar con los empresarios sus corruptelas.

Ni que decir tiene que al PSOE y a Podemos —insuperables a la hora de acotar o incluso de tapar los casos de corrupción cuando provienen de sus propias filas— les parecerá suficiente con la dimisión como diputado que presentara Tito Berni hace dos semanas o con la reciente circular del Congreso por la que se informa a los diputados que tendrán que registrar todas las visitas que reciban. Sin embargo, ambas medidas constituyen una auténtica tomadura de pelo si se utilizan arteramente para cerrar un asunto de tan extrema gravedad y que se extiende ya por el gobierno regional del PSOE en Canarias.

En este sentido, bien está que Núñez Feijóo haya salido a la palestra para reclamar al PSOE que diga "quienes son esos 15 parlamentarios que asistían a este tipo de fiestas, por llamarlas de alguna forma a este tipo de actuaciones", siempre y cuando —claro, está— las declaraciones del líder de la oposición sean la antesala para que el PP registe una ineludible solicitud de comisión de investigación en el Congreso como la que —se supone— este partido tiene previsto registrar en el Senado a propósito del caso de corrupción que afecta a Ximo Puig.

Y es que ya podrá Patxi López afirmar, con total desfachatez y como si ser socialista fuese un "estado de gracia", que "hay cosas que son incompatibles con ser socialista", que el PSOE acumula el más largo historial de casos de corrupción de Europa, en muchos de los cuales no han faltado —como en el caso que ahora nos ocupa— las cenas de lujo, las prostitutas y la droga.

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