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Pablo Planas

Pérez de los Cobos y Grande-Marlaska

Salvo sorpresa mayúscula, Pérez de los Cobos no será restituido ni ascendido a general. Ha demostrado demasiada integridad. Una lástima.

Salvo sorpresa mayúscula, Pérez de los Cobos no será restituido ni ascendido a general. Ha demostrado demasiada integridad. Una lástima.
Fernando Grande Marlaska, ministro del Interior | EFE

El ministro de Interior, Fernando Grande-Marlaska, ya ha dicho que no tiene ni la intención de dimitir ni mucho menos la de restituir al coronel de la Guardia Civil Diego Pérez de los Cobos en la jefatura de la comandancia de Madrid. Es decir, que piensa incumplir una sentencia del Tribunal Supremo del mismo modo que el golpista Puigdemont se pasaba por debajo del arco del triunfo las órdenes del Tribunal Constitucional sobre el referéndum del 1-O. He ahí un ministro del PSOE actuando como un preboste separatista con la diferencia de que Grande-Marlaska es juez de carrera y Puigdemont un simple periodista, con todo lo mísero que ello implica.

Es indudable que el PSOE ha hecho todo lo posible desde hace décadas por acabar con la Guardia Civil, benemérita institución que desde su fundación en 1844 ha sobrevivido a toda clase de guerras y vicisitudes con un amplísimo reconocimiento ciudadano. Ningún partido, ni siquiera el PP, que retiró a la Guardia Civil de las carreteras catalanas, ha maquinado con tanta inquina contra el cuerpo, cuyos hombres y mujeres trabajan en condiciones indignas, igual que los miembros de la Policía Nacional. Para empezar, cobran bastante menos que el relaciones públicas de los Mossos que detuvo, un decir, a la golpista Ponsatí, quien más bien se echó en brazos del considerado policía.

La Guardia Civil ha sido la carne de cañón predilecta de los gobiernos de la democracia, pero con el Gobierno de Sánchez se ha llegado al paroxismo. El caso Pérez de los Cobos ejemplifica a la perfección el aserto. Este hombre ha servido con lealtad absoluta a la Nación bajo los gobiernos del PSOE y del PP. De hecho, fue Rubalcaba quien lo fichó como asesor del Ministerio de Interior y el Gobierno de Rajoy el que le encargó sofocar la rebelión separatista en otoño de 2017.

Pérez de los Cobos se tuvo que enfrentar a los independentistas promovidos por Zapatero y Rajoy. El agente que organizó el quirúrgico operativo del 1-O. El guardia civil que tuvo que aguantar las chulerías y los desmanes de Trapero, el jefe de los Mossos. El hombre que puso algo de orden en la contención del golpe de Estado. En resumen, el elemento más destacado de cuantos funcionarios públicos evitaron la ruptura de España y la imposición de una dictadura supremacista en Cataluña. Y eso, claro, se paga.

Grande-Marlaska, que fue vocal del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) a propuesta del PP, fulminó a Pérez de los Cobos porque el tricornio se negó a informar al Gobierno de las pesquisas que llevaban a cabo guardias a su mando por orden judicial relativas a la manifestación feminista impulsada por el Gobierno de Sánchez cuando la pandemia del coronavirus ya había entrado en España. Ni siquiera él, Pérez de los Cobos, estaba al corriente de la investigación, porque el concepto de la separación de poderes es de primero de guardia civil, pero eso no fue óbice para que Marlaska lo cesara. Salvo sorpresa mayúscula, Pérez de los Cobos no será restituido ni ascendido a general. Ha demostrado demasiada integridad y, en consecuencia, poca flexibilidad. Una lástima.

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