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EDITORIAL

Ni Ábalos ni Koldo: caso Gómez-Sánchez

Si algo no puede hacer la mujer o el marido de un presidente del Gobierno o de una autonomía es reunirse con empresarios.

Después de años de atacar como hienas a un ciudadano privado cuyo único delito –y no lo decimos nosotros: lo han asegurado varias estancias judiciales– es ser hermano de Isabel Díaz Ayuso, el Gobierno y el PSOE han descubierto este jueves que mencionar a los familiares de los políticos es intolerable y que "en política no todo vale".

Para ello, obviamente, ha tenido que destaparse la reunión de la esposa de Pedro Sánchez con el conseguidor del caso Koldo-Ábalos y con un empresario al que no mucho después el Gobierno concedió un rescate de más de 600 millones de euros.

Palabras como hipocresía o desvergüenza se quedan muy cortas ante el desparpajo de este Gobierno y su vicepresidenta primera, no se puede tener la cara más dura que María Jesús Montero… a excepción del propio Pedro Sánchez, claro.

Constatar el tremendo descaro de este Ejecutivo, no obstante, es mucho menos importante y grave que el contenido de esta información sobre Begoña Gómez que ha publicado este jueves El Confidencial y que, encima, Montero también se ha apresurado a justificar diciendo que encontrarse con empresarios "es parte del trabajo" de la mujer del presidente del Gobierno. Una mujer que, conviene no olvidarlo, no tiene ningún papel institucional, como sí ocurre en otros países en los que el sistema es presidencialista.

Es un escándalo mayúsculo: si algo no puede hacer la mujer o el marido de un presidente del Gobierno o de una autonomía es reunirse con empresarios que, evidentemente, buscan en esa persona un camino para conseguir favores del poder que no pueden lograr por las vías oficiales y, por tanto, legales.

¿Para qué iban a querer los empresarios reunirse con Begoña Gómez si no es por su relación íntima con el presidente? Es exactamente lo mismo que ocurrió en su momento con Juan Guerra y sus innumerables cafelitos en un despacho oficial a pesar de no tener ningún cargo público.

Aquel escándalo mayúsculo acabó costándole la dimisión a Alfonso Guerra y este, que seguro que seguirá creciendo en los próximos días, puede acabar teniendo un efecto similar. Ya no estamos hablando del caso Koldo, ni siquiera del caso Ábalos, ahora nos enfrentamos a una red cada vez es más extensa y, sobre todo, que cada vez llega más arriba.

Ni Ábalos ni Koldo: este ya es caso Gómez-Sánchez.

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