
Debemos ser inflexibles con los majaderos que nos conminan a no politizar la tragedia. Si hay algo politizable en España es, sin duda alguna, la mala gestión de las infraestructuras ferroviarias y de comunicación que ponen en peligro la vida de millones de ciudadanos. Por aquí no hay debate. El primer responsable del accidente de Adamuz es Pedro Sánchez. Yo no hablo de responsabilidades jurídicas y culpas penales. Me refiero a la responsabilidad política. A esa gentecilla del PSOE y del PP, sin importar que sean militantes o allegados, que piden calma y sosiego para saber qué ha sucedido solo debemos decirles: sinvergüenzas. Majaderos. Tenemos que enfrentarlos y decirles que son cómplices al ocultar lo evidente: las culpas del Gobierno por un "mantenimiento" defectuoso de la red ferroviaria. Los españoles de bien están hartos de este tipo de personajes. Ya no les llaman acomplejados, sino cobardes.
Claro que debería haber una explicación de la tragedia de Adamuz. Claro que deberíamos ser sensatos y esperar una investigación rigurosa de lo sucedido. Claro que debe aclararse con ciencia y paciencia qué y cómo ha sucedido esa tragedia. Pero de ahí nadie debería admitir la palabrería de los políticos para eludir sus responsabilidades. Ya sabemos, sí, quiénes son inocentes y quiénes tienen responsabilidades que esconder. Por lo tanto, tenemos todo el derecho del mundo y, sobre todo, la obligación de exigir la dimisión en pleno del Gobierno. Ahí tiene, señor Feijóo, un motivo más, si es que le faltaban, para plantear una moción de censura. ¡Que no lo hará, seguramente! Pero estará dando argumentos a miles de votantes para que entreguen su voto a otra fuerza política con mayor coraje e inteligencia. Sí, señor Feijóo, ya están tardando en pedir la dimisión de Sánchez y toda su caterva de ministros.
Ante nuestros ojos se abren cientos de pruebas que se dirigen contra la actuación del Gobierno. Todo es descartable, salvo que el Gobierno tiene responsabilidades directas e indirectas en esta catástrofe. Se descarta que haya sido un fallo humano. Se descarta también que los trenes estuvieran en mal estado. Se descartan, en fin, muchas otras cosas, pero nadie, con una inteligencia media y cierta dignidad personal, dejará de anotar los fallos, errores y tropelías cometidos por el Gobierno de Sánchez en la gestión de la red ferroviaria española tanto en alta velocidad como en media distancia y, por supuesto, en los trenes de cercanías.
Es un escándalo, conocido en el mundo entero, que el superministro de Transportes de los primeros Gobiernos de Sánchez, está en la cárcel y su sucesor, Oscar Puente, vaya camino de ser juzgado por imprudencia temeraria, o peor, podría ser acusado por los familiares de las víctimas por homicidio involuntario. Todo eso, pues, no es nuevo. Todo se sabe. Todo puede demostrarse con pelos y señales… Entonces, ¿a qué viene tanto rollo sensiblero y políticamente falso de esperar a que se esclarezca lo sucedido? Seamos serios y decentes, escribamos lo que está circulando por todas partes: la principal hipótesis del accidente de tren de Adamuz apunta a una rotura en la vía debida a defectos de infraestructura. Comienza a tomar fuerza entre los investigadores que el deterioro en la red ferroviaria es la causa del accidente. Por cierto, y dicho sea de paso, el Ministerio de Transportes de Oscar Puente suprimió en julio pasado la Unidad de Emergencias y Seguridad de Transportes, clave en la prevención de accidentes. Tampoco debe echarse en saco roto que los trabajadores de Adif no han dejado de denunciar que las obras de mejora del tramo del accidente se hicieron a precio de "low cost" con grapas de mala calidad. He ahí sobrados argumentos para que el ministro de Transportes sea cesado.
Pero, si Sánchez insiste en que nada puede descartarse, incluido el sabotaje, entonces nadie descarte un perjuicio, un daño, una avería, un deterioro, en fin, un sabotaje gubernamental contra los trenes accidentados en Adamuz. Nadie en su sano juicio puede descartar un quebranto voluntario del propio Gobierno contra sus ciudadanos. Puestos a hacer conjeturas, no creo que esta sea la más descabellada. Pues, si tenemos en cuenta las mil irregularidades cometidas por el Gobierno de Sánchez en el mantenimiento de las vías, el poco caso que el Ministerio de Transportes ha prestado a todos los que se quejaban, incluidas las denuncias efectuadas por el sindicato de maquinistas de trenes más importante de España, de los problemas que habían tenido lugar en ese tramo de vía, entonces no es descartable el entorpecimiento voluntario del Gobierno contra el funcionamiento normal de los trenes.
Ante una tragedia de tales dimensiones, nadie con inteligencia y coraje debería dejar de exigir la dimisión del Gobierno en pleno. Si no lo hace, enfrentémonos a la barbarie de Sánchez, porque la próxima será peor. Cualquier opción será buena, salvo esperar a que una comisión dentro de un año nos diga una vulgaridad.
