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El FMI hace aguas

Es la confianza casi ciega en estas previsiones del FMI lo que nos hacen más dependientes y vulnerables. Si tenemos un mapa erróneo, nuestra confianza en él nos llevará con toda seguridad a una meta no deseada

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El Fondo Monetario Internacional (FMI) es uno de esos casos de instituciones que levantan iras tanto desde cierta parte de la izquierda intervencionista como desde buena parte de los liberales. Curiosamente, los primeros la califican de neo-liberal (ergo, peligrosa), mientras que los segundos la consideran como otro brazo más del intervencionismo de los gobiernos.

Para Carlos Rodríguez Braun, considerar al FMI como una institución defensora de los libres mercados es simplemente una distorsión de la realidad. Tal y como afirma, "no tiene nada que ver con el mercado. Es una organización política, dirigida por políticos y nutrida con dinero que las autoridades extraen a los contribuyentes. Para colmo, un vistazo a la historia reciente del FMI bastará para comprender que sistemáticamente pidió a los países que redujeran su déficit ¡subiendo los impuestos!". Asimismo, en la reciente crisis se han repetido constantemente las peticiones del Fondo para que los países mantuvieran sus estímulos fiscales.

La crisis ha puesto además de relieve algunos puntos débiles en lo que a sus pésimas previsiones económicas se refiere. Así, se une a otros como Milton Friedman, las agencias de rating o las máximas autoridades de la Reserva Federal, quienes han mostrado una nula previsión de lo que se nos venía encima. En el caso del FMI esto es particularmente grave, ya que las predicciones de este organismo tienen una repercusión enorme y son de las más seguidas a nivel internacional.

Además, son de estas previsiones de las que dependen las actuaciones del Fondo. Esto se ha puesto de manifiesto en algunas de sus intervenciones recientes, como la que tuvo lugar a finales de 2008 para ayudar a las cuentas públicas y salvar del colapso financiero a Letonia, el país más afectado en la profunda crisis en los países bálticos. En sus programas de asistencia financiera, el FMI suele conceder el dinero en distintos tramos, con la condición de que se cumplan los requisitos impuestos.

En este caso, a la altura de verano de 2009 el gobierno letón preveía un déficit fiscal para ese año de alrededor del 9% del PIB, muy alejado del 15,5% pronosticado por el FMI. Finalmente, la cifra oficial coincidió exactamente con la anticipada por la Administración de Letonia. Este error de estimación no evitó que en octubre el FMI impusiera recortes de gasto público adicionales, frente a la oposición del gobierno, quien argumentaba que las expectativas del FMI eran demasiado pesimistas. Otras de las recomendaciones que recibió el gobierno de Letonia desde varias instancias fueron subir los impuestos y devaluar su moneda, el lat, lo que afortunadamente no llegó a suceder.

Para Anders Aslund, experto en las economías de Europa Central y del Este, "el FMI se ha equivocado sobremanera en todas las cifras sobre la economía letona, y se ha visto forzado a cambiar su misión principal tres veces en medio año", lo que implica que "esté en camino de desacreditarse a sí mismo en Letonia, como también sucedió en Corea del Sur (en la crisis financiera asiática de 1997) al exagerar la extensión de la crisis y pensar que los problemas sistémicos son peores de lo que realmente son". No por casualidad, Lituania, que también pasó por problemas, prefirió no acudir a la ayuda del FMI, y financiarse en el mercado aunque fuera a tipos de interés más altos.

Como consecuencia de todo esto, algunos como Nassim Taleb, autor de El Cisne Negro, se hacen la necesaria reflexión: "¿Cómo puede la gente seguir escuchando al número 2 del FMI hablar sobre su pronóstico para el futuro cuando nunca acertó en el pasado?". ¿Hay razones de peso para pensar que mejorarán sus previsiones en el futuro? Probablemente sus defensores argüirán que en años próximos dispondrán de mayor y mejor información. Pero lo cierto es que esta información se va creando y modificando constantemente.

Taleb va más allá y se pregunta qué sentido tiene lanzar previsiones de este tipo cuando fallan una y otra vez. ¿Para qué? La respuesta que suele recibir es que para orientarse es preferible tener un plano a no tener ninguno. Pero, ¿de verdad me es útil un plano de París si quiero encontrar la Puerta del Sol?

Precisamente, es la confianza casi ciega en estas previsiones lo que nos hacen más dependientes y vulnerables. Si tenemos un mapa erróneo, nuestra confianza en él nos llevará con toda seguridad a una meta no deseada. En cambio, si no tuviéramos ninguno, deberíamos agudizar nuestra atención y sentidos, aumentando la probabilidad de éxito.

Ya va siendo hora de que se ponga a cada uno en su lugar. El FMI y sus previsiones, así como la FED y las suyas, no deberían salirse de rositas, con un "aquí no ha pasado nada". Al menos, la opinión pública debería ser consciente de en qué se despilfarra su dinero.

Ángel Martín Oro escribe regularmente en su blog.

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