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EDITORIAL

El Rey ensalza la unidad mientras sus detractores excitan el cainismo

Resulta grotesco que las mismas formaciones que han protagonizado o tapado la monumental corrupción en Cataluña traten de infectar a la Monarquía.

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El esperado mensaje de aliento, solidaridad y esperanza que el Rey dirigió en la noche de este miércoles a la ciudadanía vuelve a dejar de manifiesto el papel fundamental que desempeña la Corona a la hora de aunar a los españoles ante desafíos tan graves como el que representa el coronavirus, que ya ha causado más de seiscientas muertes.

Como ha señalado Don Felipe, "la realidad nos pone a prueba" y, dado que "todos somos parte de la solución", debemos afrontar esta crisis con "responsabilidad, sentido del deber, entrega y solidaridad". Sirvan como ejemplos los heroicos profesionales del sector sanitario, "primera línea de defensa" de la sociedad, tal y como ha recalcado el Rey. Así como los militares y los miembros de las fuerzas de seguridad que velan por el cumplimiento de lo estipulado en el estado de alarma. También hay que ensalzar a los empresarios que ofrecen sus hoteles para que sean utilizados como hospitales; o al sindicato CSIF, que ha ofrecido a sus liberados para cubrir las necesidades de personal sanitario; o al empresario Amancio Ortega, que ha donado 300.000 mascarillas y reorientado la actividad industrial de Inditex a la producción de material sanitario.

Frente a estos encomiables ejemplos de compromiso cívico, nos encontramos desgraciadamente no sólo con la falta de reflejos de que ha dado muestra el Ejecutivo, con su tramposo plan de rescate, con el que trata de disimular su inoperancia, sino con el miserable y cainita agitprop desestabilizador de unos partidos separatistas e izquierdistas que tratan de utilizar el virus como herramienta de división entre los españoles. Véase la esperpéntica pretensión de Quim Torra de convertir Cataluña en un Estado independiente en unos momentos de reclusión general, o la delirante decisión de la Generalidad de exportar a Italia mascarillas que tanta falta hacen en España, incluida la propia Cataluña. No menos rechazo debe provocar la llamada de los golpistas y los comunistas a que los ciudadanía emprendiera una cacerolada contra la Monarquía en el momento en que Felipe VI se dirigía a la Nación, a pesar de que éste ha tomado decisiones contundentes para mantener la Corona a salvo del virus de la corrupción; decisiones que pueden explicar la relativa tardanza con que se ha dirigido los españoles en estos momentos tan duros.

En cualquier caso, resulta grotesco que las mismas formaciones que han protagonizado o tapado la monumental corrupción en Cataluña traten de infectar a la Monarquía, que, por mucho que les pese, seguirá siendo símbolo de la unidad y permanencia de la Nación.

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