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CIENCIA

Materia oscura en Aragón

El próximo 27 de marzo la ministra de Educación y Ciencia, María José San Segundo, el presidente del Gobierno de Aragón, Marcelino Iglesias, y otras autoridades científicas y educativas patrias estarán bajo tierra.

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Pero que nadie se asuste: afortunadamente, lo harán por un breve lapso de tiempo. En concreto, se situarán bajo los cerca de 800 metros de roca del macizo de El Tobazo, en el interior del túnel de Canfranc.
 
El lector se preguntará qué se les ha perdido a tan ilustres personalidades debajo del suelo. En realidad, lo que se le ha perdido es lo mismo que se nos ha perdido a todos los españoles, a todos los habitantes del planeta; más aún, a todos los seres vivos y los objetos inanimados del Cosmos: materia.
 
Bien, dejémonos de acertijos: dicho día se inaugurará la ampliación de las instalaciones del Laboratorio Subterráneo de Canfranc, un centro nacional de investigación que se convertirá en una herramienta decisiva en el estudio de la física de astropartículas. El laboratorio está especialmente diseñado para la medición de partículas tan elusivas como los neutrinos y otros pedacitos de realidad que podrían componer la materia oscura del Universo.
 
Aunque parezca mentira, el 96% de la materia que compone el Cosmos es un absoluto misterio para la ciencia. Sabemos exactamente de qué están hechos los planetas, las estrellas, el polvo interestelar; conocemos átomo a átomo la composición de los tejidos vivos, de las fibras, de los minerales, de los elementos químicos, de los gases de la atmósfera; somos capaces de encontrar la arquitectura física de las células y el material del que está hecha la "piel" de un virus… Pero todo eso no es más que una ínfima parte de la realidad. La inmensa mayoría de lo que nos rodea, 96 de cada 100 partículas del universo son invisibles, desconocidas, esquivas. Son materia oscura.
 
Sabemos de su existencia porque la materia pesa y, por lo tanto, ejerce una influencia gravitacional en su entorno. Si no existiera ese 96% de cosmos invisible, las galaxias no girarían a la velocidad que lo hacen, el Universo no se expandiría del modo que se expande, no habría forma matemática de explicar el comportamiento del Cosmos físico. Hay algo más allá de la materia que vemos. Y ese algo es enorme… Pero ¿qué es?
 
La astrofísica ha ofrecido algunas alternativas teóricas para explicar este misterio. La materia invisible podría estar formada por cuerpos supermasivos del tipo de los agujeros negros, que, como su propio nombre indica, son imposibles de detectar por los telescopio. Podría, por el contrario, estar compuesta por objetos muy pequeños y muy condensados de materia bariónica (la materia normal), cuyas peculiaridades los hacen indetectables.
 
Otros físicos han querido encontrar la explicación en partículas extrañas que no se parecen a los electrones, los protones y los neutrones que nos explicaban en el colegio (o al menos nos lo explicaban, antes de que los nuevos planes de estudio convirtieran la enseñanza de la Física en una verdadera "materia oscura"). Estas partículas raras podrían ser neutrinos, hipotéticos axiones u otras entidades poco definidas como las llamadas WIMP (partículas masivas de interacción débil, en inglés).
 
El principal problema que ofrecen estas últimas alternativas es que, precisamente, se trata de partículas de interacción muy débil, y en física lo que no interactúa no existe. Del mismo modo que podemos dar fe del bofetón de Rita Hayworth a Glenn Ford en Gilda por varias evidencias (la grabación visual, el sonido del cachete, el color rojizo en la cara de la víctima, el calor desprendido en la palma de la mano de ella…), la física de partículas demuestra la existencia de estos corpúsculos por la "huella" que dejan en el resto: unas partículas interactúan con otras, chocan, transfieren energía, movimiento, calor, "ruido"… se hacen visibles.
 
Pero los neutrinos y los WIMP son tímidos. Su interacción con el resto de la materia conocida es casi inexistente. De hecho, a usted le están a travesando ahora mismo millones de neutrinos sin que choquen con un solo electrón de la materia que compone su cuerpo. Estos neutrinos proceden del interior de las estrellas, como el Sol, y son capaces de viajar por el Cosmos sin apenas interactuar con nada.
 
El único modo de cazarlos es construir trampas subterráneas, en lugares aislados de otras perturbaciones físicas, donde se instalan piscinas llenas de agua pura, a la espera de que un neutrino despistado choque con un núcleo del líquido elemento y genere un destello.
 
En el caso de Canfranc, el Laboratorio Subterráneo, al estar situado bajo más de 800 metros de roca, se minimiza al máximo la contaminación de otras fuentes de radiación y se genera un efecto aislante similar al de un blindaje de 2.500 metros de agua.
 
Pues ahí abajo, en lo que antaño no eran más que galerías geológicas pobladas de moho, se darán la mano la ministra y el presidente aragonés poco antes de cortar la cinta inaugural y dar el pistoletazo de salida a la caza definitiva de la materia oscura. Si salta el chispazo, les informaremos puntualmente.
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