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Javier Somalo

Nessun dorma, presidente

Juzguemos por los hechos, no por las palabras. Veamos lo que hacen, no lo que dicen.

Javier Somalo

Ahora parece como si Pedro Sánchez pretendiera patrocinar otro España Suma: ni quiere independentistas ni quiere a Iglesias. Pero por mucho que tema no dormir por las noches, son precisamente esas compañías las que le hicieron presidente por primera vez, sin voto popular, a través de una moción de censura con la que empezó todo, por culpa de Sánchez y gracias a Rajoy.

Pero Sánchez tampoco quiere a Rivera y por eso le vuela el cráneo con el mismísimo Pirulí, el cañón de hormigón armado de TVE, sede de su ministra de Propaganda, Rosa María Mateo, desde donde se dispara el fuego pesado con pólvora del rey, o sea, con dinero ajeno. No es un bulo. Juan Carlos Girauta le contó a Luis Herrero que el vocero de Mateo fue Enric Hernández, ex director de El Periódico y ahora comisario de información. Pregunten en Moncloa si quieren un careo con el inquilino. Nosotros recibimos órdenes, le faltó añadir.

Con tanta propaganda pública e intoxicación subcontratada por lo privado podría resultar complejo descifrar los mensajes electorales que nos asolarán en estos cuartos comicios en cuatro años. Pero hay una forma bien sencilla de hacerlo. Juzguemos por los hechos, no por las palabras. Veamos lo que hacen, no lo que dicen. Y en los nueve meses que Pedro Sánchez estuvo en La Moncloa colocado por los que le producen insomnio no fue poco:

Empezó por la anulación del control previo de las cuentas de los golpistas en la Generalidad de Cataluña. Según dijo Celaá entonces, sólo era un "gesto de normalidad política". Lo lógico y natural con unos golpistas que llegaron a proclamar la República de Cataluña. Como no pasaba nada, no tenía sentido tener a los pobres rebeldes en la miseria. Y si ya podían sacar dinero del cajero sin permiso, por qué no reabrir las embajadas. Pues se reabrieron las embajadas, aberración estructural donde las haya porque Cataluña está representada en el exterior por España, más allá de las calçotadas que quieran hacerse en Amberes como gracia gastronómica.

En esta realpolitik colaboracionista estaba incluido también el acercamiento de los presos golpistas a Cataluña, asunto que podría parecer normal por cuestiones de economía procesal pero que no lo es de ninguna manera porque la competencia penitenciaria está cedida por el Estado en Cataluña, que así de bien pensado está el sistema nacional. En esta fase fue cuando el Gobierno de Sánchez empezó a deslizar la idea de un posible indulto. Y si sonó el río es porque estaba infestado de peces, por eso Ciudadanos, con el apoyo del PP, puso como condición para el pacto-pirueta de último minuto la garantía escrita –poco asusta al doctor lo escrito por otros– de que no habría tales indultos.

Y cómo olvidar la rebaja de la acusación de rebelión que hasta entonces tenía clara la Abogacía del Estado. Pues nada de rebelión; como mucho, sedición porque no hubo la violencia necesaria. Faltaron las armas, llegó a decir Calvo obviando que las urnas fueron transportadas por mossos que no llevaban precisamente piruletas en el cinto y quitándole hierro al hecho de que la Guardia Civil y la Policía Nacional fueran asediadas hasta el punto de robar sus armas de los coches patrulla. Hay testimonios suficientes en las actas del juicio. Pues el que no durmió aquella noche, y seguro que muchas más, fue Edmundo Bal, único abogado del cuerpo estatal que se negó a hincar la rodilla y que terminó destituido por "por cuestiones de confianza".

Como puesta de largo –la guinda está por poner– llegó el Pacto de Pedralbes en el que el Estado español representado por Sánchez negoció de tú a tú con la Generalidad –ERC y PDeCAT le habían llevado La Moncloa pero quedaban por aprobar unos Presupuestos– sin mencionar la Constitución española en momento alguno y proponiendo la figura de un mediador para hablar sin cortapisas y, sobre todo, sin conocimiento público.

Y de Cataluña llegamos a Navarra pasando por Bildu, el partido del etarra Arnaldo Otegi. "Todos los partidos con escaños son legales y legítimos", dijo en junio Isabel Celaá. Todos menos Vox, "un partido con ideario inconstitucional" que para el Gobierno es como "volver al armario del franquismo". Esto lo dijo Carmen Calvo. Y sin rubor ni amargas noches de vigilia el partido de Otegi hizo presidenta de Navarra a la socialista María Chivite y como primer plazo del pago, los socialistas de Navarra convirtieron en alcalde de Huarte al bildutarra Alfredo Arruiz ausentándose vilmente de la votación. El negocio sigue vigente y por eso Chivite ha evitado recientemente apoyar una moción que osaba invitar a los Reyes a los Premios Príncipe de Viana. Este mismo viernes, Pablo Casado y Santiago Abascal le han recordado a Sánchez que la traición en Navarra sí es una causa merecedora de desvelos. El de Vox ha ido más allá –que Casado– reclamando la ilegalización de Bildu. ¿Exagerado? En el País Vasco, el socio de Sánchez quiere vetar la entrada a los tres líderes del centro derecha mediante una proposición no de ley en el parlamento de Vitoria. Lo que les espere cuando vayan será culpa también del socio patrocinador que vive en La Moncloa.

El cuanto a los terrores nocturnos por Podemos, sería fácil dar la razón al presidente si no fuera porque sólo lo finge. En calidad de ex vicepresidenciable fallida en funciones, Irene Montero dijo esta semana: "Nosotros lo que queremos es cambiar la vida de la gente". No cabe duda de que sería el único partido que, en caso de gobernar, cumpliría a rajatabla su promesa porque, lo que es cambiar, cambiaría y mucho la vida de la gente e incluso la de las personas. Imaginen. ¿Y si Irene hubiera aceptado? ¿Dormiría bien el presidente? Pero ahora parece que el del jersecito de lana, el nieto perfecto de Manuela, no resultaría tan peligroso como el de la coleta y seguro que no se le aparecería a Sánchez por debajo del colchón con un guantelete de cuchillas. O quizá descubran que el púber chavista puede inflar las cuentas de las derechas. Es lo que nos queda por sufrir hasta que los nigromantes y arúspices del PSOE decidan qué maniobra cotiza más en las encuestas de Tezanos. España es siempre lo de menos…

La princesa Turandot buscaba pretendiente sin intención alguna de contraer matrimonio. Era una venganza personal por hechos pasados que le generaron un odio patológico y cruel hacia los hombres. En la falsa ronda nupcial hubo una larga lista de víctimas pues nadie era capaz de resolver los tres enigmas que la princesa impuso como requisito para acceder al matrimonio. Y errar suponía morir. Sólo un príncipe extranjero lo consiguió pero renunciaría y moriría también si ella era capaz de adivinar su nombre. La cruel Turandot ordenó que nadie durmiera en Pekín hasta conocer la identidad del extranjero o se desencadenaría una matanza sin precedentes. Sin embargo, la princesa acabó rendida a los encantos del extranjero que, tras besarla, le susurró su nombre: Calaf. Al alba, la propia Turandot desveló el enigma del extranjero ante el pueblo: su nombre es el amor, dijo. Y todos, hasta los grotescos y despiadados ministros Ping, Pang y Pong –que cada cual trate de trasladarlos de la ópera a la realidad–, se acariciaron el cuello en señal de alivio pues el enigma letal que caía sobre ellos estaba resuelto en el plazo fijado. Pero las víctimas de aquella ronda de pretendientes, incluida la mujer que por amor se negó a revelar el nombre de Calaf aun conociéndolo, siempre pondrán en entredicho el pretendido final feliz de la bella ópera que no pudo concluir Giacomo Puccini.

Pues nadie duerme tranquilo pese a que todos conocen su nombre: la traición. A ver si esta vez la oposición acierta a desenmascarar al insomne que se hace pasar por víctima y lo muestran como lo que es y por lo que ya ha hecho. Sobran argumentos. Quizá si pronuncian su verdadero nombre consigan desalojarlo del Poder y, de paso, darle un final alternativo más justo al Turandot de Puccini. Hasta entonces, desde luego, nessun dorma.

Javier Somalo, director del Grupo Libertad Digital.

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