Menú
Javier Somalo

Qué es la vergüenza

Ahora resulta que el Gobierno socialcomunista de Sánchez coincide en valores, y en desvergüenza, con la derecha saliente de Pablo Casado.

Ahora resulta que el Gobierno socialcomunista de Sánchez coincide en valores, y en desvergüenza, con la derecha saliente de Pablo Casado.
El líder de Vox en Castilla y León, Juan García-Gallardo y el presidente en funciones de la Junta de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco. | Europa Press

Los políticos son muy dados a sentir vergüenza por actos ajenos. La prueba de que nunca la sienten en carne propia es que jamás dimiten. Usan la vergüenza como marca, como tacha acusatoria ante algún acto que no les agrada y, sobre todo, ante aquello que contraviene sus planes para acceder al poder, que les supera, que recorta las distancias. La política y la vergüenza suelen caminar en sentidos contrarios.

En España hace años que la desvergüenza de la izquierda —incluida la de todos los partidos— domina la política en los medios de comunicación. La pregunta es la de siempre pero todavía no ha dejado de ser oportuna: ¿por qué es una vergüenza pactar con Vox y no lo es meter en el Gobierno a un Partido Comunista, pactar con otro que da soporte al terrorismo y con un tercero que perpetró un golpe de Estado en una comunidad autónoma? A ojos de un observador externo y neutral esta debería ser la mayor de las desvergüenzas, el récord de la ignominia.

Según las nuevas leyes de la vergüenza, que ahora también observan los del Partido Popular Europeo, es vergonzoso tener víctimas del terrorismo en las filas de un partido político de la oposición pero no lo es, o hasta es virtuoso, tener a sus verdugos, terroristas condenados, en las filas de otro partido político que sostiene a un gobierno de la nación.

Según Félix Bolaños, ministro de la Presidencia, Relaciones con las Cortes y Memoria Democrática, el partido de Santiago Abascal está en contra del orden constitucional pero el partido de Arnaldo Otegui o el que colaboró en el golpe de Estado del 1 de octubre de 2017 están indiscutiblemente dentro del orden constitucional, de la ley y de la "gobernabilidad" que le permite hablar como ministro. En calidad de ninguno de las tres funciones que sobrecargan su Ministerio debería decir Bolaños tamaña barbaridad sin prevaricar. Pero lo dice, sin vergüenza.

Otra de las novedades que trae la vergüenza en estos tiempos es la coincidencia entre izquierda y derecha. Ahora resulta que el Gobierno socialcomunista de Sánchez coincide en valores, y en desvergüenza, con la derecha saliente de Pablo Casado y hasta con el patrón europeo de la derecha burocrática, esta vez personalizada en Donald Tusk. Dice el polaco que no se pueden consentir pactos de Gobierno como el alcanzado entre Vox y Fernández Mañueco para formar un Gobierno estable en Castilla y León tras no haber alcanzado en las últimas elecciones anticipadas el resultado esperado por el equipo de lumbreras que ahora se dedica a minar el futuro de su partido. Dice Tusk que el pacto es una "triste sorpresa", una "capitulación", palabra que podría usarse para determinadas actitudes europeas, las que son de su negociado, que hoy nos tienen pendientes de un hilo y de un ruso mediocre que lleva un maletín nuclear y antidepresivos en el bolsillo. Mientras Vox es una vergüenza, Ucrania no es miembro de UE, aunque esa pudiera ser su primera tabla de salvación.

Que Tusk ejerza de polaco sólo un poco, viendo un peligro inminente en Vox como extrema derecha e ignorando (¿deliberadamente?) un peligro real en el único gobierno europeo que tiene dentro al comunismo más ortodoxo y como socio a separatistas de lo más putinescos es, sin duda, la más "triste sorpresa" y toda una "capitulación", además de una ausencia completa de vergüenza. Polonia, siempre víctima, no merece esas medias tintas. Dicen que Tusk sabe poco de España, mala excusa. Pero realmente parece que haya sido Casado el que le ha hecho un vengativo resumen. La vergüenza es intransferible: si se tiene, no hay que darla. Así que Tusk, como Casado.

Muchos periodistas que quieren ser políticos coinciden en calificar las palabras de Tusk como "tirón de orejas" de Europa al Partido Popular de Núñez Feijóo. Pues está Europa como para esos gestitos cobardes teniendo a Putin y a todo el comunismo intacto en el patio trasero de casa.

Al grano. Que el Partido Popular post-Casado quiera marcar una clara diferencia entre su formación y Vox es un punto de partida necesario. Significa que son dos partidos que pueden entenderse si quieren que haya una alternativa no izquierdista. Dos partidos igual de válidos, legales y legítimos. Lo malo es cuando alguno trata de distinguir entre auténticos y copias, puros e infieles, cosa que seguirá sucediendo mientras los chiquilicuatres anden sueltos y sin tarea fija, casi como de costumbre.

Resultaría oportuno que el Partido Popular quisiera distinguirse de Vox sin tratar de aniquilarlo y que empezara a entender que entre los dos partidos hay 11 millones de votantes que no quieren a la izquierda, que no la han querido nunca y que están deseando avergonzarse sólo de Pedro Sánchez y de sus vergonzosos socios de Gobierno. Es cuestión de poner en orden las vergüenzas.

Temas

En Opinión