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Al binomio ‘infancia + miseria’, indispensable para que corra la pólvora, se han sumado la molicie veraniega y el superávit de becarios en las redacciones

José María Albert de Paco
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Al binomio ‘infancia + miseria’, indispensable para que corra la pólvora, se han sumado la molicie veraniega y el superávit de becarios en las redacciones

Al menos 750 catalanes menores de 16 años presentan códigos diagnósticos que están relacionados con la pobreza y la desnutrición, y el 25% de ellos son bebés. Eso decía la nota de prensa que divulgó a principios de mes el Síndic deGreuges, y que estaba basada en un sedicente ‘Informe sobre la malnutrición infantil enCataluña’. La gran mayoría de los diarios españoles (y a la cabeza, claro está, los catalanes) deglutieron el comunicado sin hacerse demasiadas preguntas y lo estamparon en sus primeras con gran alarde tipográfico. Tratándose de niños, y además pobres, toda alarma es poca, debieron de pensar los redactores.

Algunos de los elementos de esa alarma guardan un descorazonador paralelismo con el caso Raval, ocurrido en Barcelona hace ahora dieciséis años, y que, como recordarán, estalló cuando la policía dijo haber desarticulado en el barrio del Raval una red de pederastia con ramificaciones en dos continentes, y que constituía algo así como el teatro de operaciones de la principal industria europea de pornografía infantil.

A semejanza de aquella ocasión, al binomio ‘infancia + miseria’, indispensable para que corra la pólvora, se han sumado la molicie veraniega y el superávit de becarios en las redacciones. Asimismo, en el foco del incendio se halla el celo benefactor de una institución del Estado; si en 1997 fue la policía nacional, ahora ha sido el Síndic de Greuges. Por si no hubiera suficientes coincidencias, el légamo de noticias sobre la ‘spanish crisis’ habría predispuesto al público a tomarse muy en serio documentos como el fabricado por la oficina del ex presidente de ICV Rafael Ribó; exactamente igual que, a mediados de los noventa, el caso del pederasta belga Marc Dutroux maceró al público en la sinrazón del mal.

Hasta aquí llegan los paralelismos. Hace tres días, el presidente de la Societat Catalanade Pediatria, Ferran Moraga, denunció las fallas del informe Ribó. Para empezar, advirtió de que hay un problema de terminología, ya que se emplean de forma arbitraria términos que no son equivalentes, como ‘malnutrición’, ‘desnutrición’, ‘privación’ o ‘déficit de vitaminas’. En segundo lugar, señaló que el dato de que hay en Cataluña 751 niños con problemas de desnutrición se ha extraído de los códigos de diagnósticos de la historia clínica que utilizan los pediatras del Instituto Catalán de la Salud, lo que equivale a decir que se trata de una información que se refiere mayoritariamente a niños que sufren dolencias crónicas que provocan desnutrición, como cáncer, anorexia o insuficiencia cardíaca, lo que, obviamente, nada tiene que ver con la pobreza. Por otro lado, hizo notar que no constan los autores del trabajo ni los criterios metodológicos que se han seguido para su elaboración ni las fuentes consultadas (más allá de un borroso "entidades y servicios que atienden a la infancia", inaceptable en un trabajo que se precie de serio).

A lo que parece, estamos ante una añagaza pseudocientífica cuya única diferencia respecto a la célebre fotografía del contenedor es que, mientras que el fin de la segunda es exclusivamente retórico, el de la primera es, además, propagandístico. El próximo día 29, Ribó comparecerá en el Parlamento catalán para aclarar algunos aspectos del informe y el próximo 12 se reunirá con el presidente de los pediatras. El panfleto como fundamento y la ciencia como guinda póstuma, ahí va un comunista.

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