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Revuelta popular

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La combinación era explosiva:

  • un estado endeudado hasta las trancas, incapaz de pagar sus gastos con los ingresos normales y obligado a recaudar impuestos extraordinarios y a privatizar bienes y servicios estatales

  • una serie de oligarquías o castas locales, aliadas con el estado y que gozaban de un amplio grado de autonomía y de privilegios, a cambio de garantizar la paz social y el cobro de los impuestos en sus respectivos territorios

  • una clase media formada por profesionales, pequeños empresarios y pequeños propietarios agrícolas, completamente exhausta por la crisis económica y el esfuerzo fiscal

  • una clase baja parcialmente subsidiada, pero sometida también a una carga fiscal cada vez mayor, mediante los crecientes impuestos al consumo

  • una burocracia y una corrupción galopantes, en una administración obsoleta y controlada por las castas locales y estatal

Estoy hablando de Nápoles y Sicilia en vísperas del levantamiento de 1647, cuando ambas regiones formaban parte de la Corona española. En ambos casos, se produjeron sendos levantamientos encabezados, respectivamente, por el pescador Masaniello y por el orfebre Giuseppe d'Alesi.

Si la Historia resulta interesante es porque las situaciones se repiten, en su esencia, una y otra vez. En este caso, la situación básica de fondo era la de una oligarquía parásita del estado y que, aliada con este, exprime a las clases medias y bajas para mantener sus privilegios y su situación económica. Hasta que la cuerda se tensa tanto, que se rompe y se produce el motín.

A partir de ahí, la personalidad de los protagonistas concretos suele hacer que se presenten diferencias superficiales entre unos y otros casos. Por ejemplo, en Nápoles, el cabecilla de la revuelta era un exaltado que fue asesinado por otros elementos más moderados; en Sicilia, el cabecilla era un moderado que fue asesinado por otros sublevados más radicales. En Nápoles, la intervención de agentes franceses hizo que la revuelta terminara adquiriendo tintes anti-monárquicos y anti-españoles; en Sicilia, por el contrario, los sublevados invocaban el nombre del rey de España para cargar contra la oligarquía local, a cuya voracidad atribuían todos sus males. Pero, como digo, todos esos aspectos son solo espuma: las verdaderas causas eran de índole económica y el conflicto se reducía a un enfrentamiento entre las dinámicas clases medias, que corrían con todos los gastos, y unas castas parásitas que hasta de la crisis económica sacaban beneficio.

Y al igual que los planteamientos se repiten muchas veces a lo largo de las Historia, también los desenlaces suelen repetirse: el poder central, aliado de las castas locales, se terminó imponiendo, tras algunos años de turbulencias, tanto en Nápoles como en Sicilia. Porque (a diferencia de las oligarquías, siempre unidas en la defensa de sus privilegios) los sublevados formaban una amalgama desordenada, descoordinada y con objetivos dispares. Y utilizando una combinación de fuerza y de mano izquierda, la Corona española logró dividir y desactivar a los rebeldes y capear aquella crisis, devolviendo la situación al estado anterior a la revuelta.

En el fondo, nunca hay nada nuevo bajo el sol. Los seres humanos somos más simples que el mecanismo de un chupete.

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