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Pablo Planas

Turull, el hiperventilado del 3%

A estas alturas, el nombre es lo de menos. Lo urgente es recuperar los despachos de la Generalidad para reanudar el golpe. Y lo dicen tal cual.

Pablo Planas
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A estas alturas, el nombre es lo de menos. Lo urgente es recuperar los despachos de la Generalidad para reanudar el golpe. Y lo dicen tal cual.
Jordi Turull | EFE

¿Últimas horas del 155? La política catalana es una tómbola. Ahora toca Turull. No entienden los nacionalistas el favor que les hace el juez Pablo Llarena al poner a punto de inhabilitación al que fuera bizarro portavoz de la Generalidad golpista. Era cosa de ver la suficiencia con la que se manejaba ante la prensa, el ardor guerrero del monaguillo del proceso, su pericia como palmero del tres por ciento, grisáceo funcionario chivato del aparato convergente reciclado en separata con corbata de los que bramaron que "ni muertos" cuando Puigdemont se planteó convocar elecciones en vez de buscar la ruina con la proclama de una república de plastilina.

Turull, como todos, se riló ante las togas, pero antes de eso tenía la mirada del tigre y trataba a los plumillas de mierdas al sol. Su excolega de gabinete Santi Vila, al que Llarena no ha citado, lo retrata en su libro yo-no-he-sido (De héroes y traidores) como uno de los más fanáticos, de aquellos que decían que cómo iban a volver a su pueblo si no declaraban la independencia, de los que no podían defraudar a sus hijos adolescentes. Pero no es Llarena quien frena a Turull, el gafe tercerón. Tres veces fracasó en el intento de ser alcalde de su localidad y en la refundación de Convergencia no lo votaron ni para coordinador del cuarto de la fregona. Si las monjas de la CUP se tragan el sapo, la antisistémica agrupación de inadaptados de postín perderá el poco glamour electoral que le queda.

Pasa que, a estas alturas, el nombre es lo de menos. Tanto da Turull que Batet, Madaula, Madrenas o Quinquillà, sin perder de vista a Elsa Artadi o a Pujol, el de la radio del conde de Godó. Ahora ya no quieren repetir las elecciones y parecen dispuestos a investir a una escoba, la que sea mientras les valga para excitar a las beatas del lazo amarillo, agitar a los cuperos y seguir para bingo. La gente no sabe quiénes son Campdepadrós o Torra. Lo urgente es recuperar los despachos de la Generalidad para reanudar el golpe. Y lo dicen tal cual, sin cortarse un pelo. Que sepáis que vamos a estirar la goma hasta que se rompa, que vamos a ir de legales, pero para repetir el palo porque el que la sigue la consigue.

Si la actualización judicial de las conversaciones de los golpistas no fuera con tanto retraso, estaríamos en la fase del descifrado de los obscenos mensajes entre aspirantes a presidente o consejero sobre los preparativos sediciosos para formar un Gobierno autonómico de apariencia legal pero obediencia filibustera, levantar el 155 y recuperar la firma y las tarjetas de crédito del Fondo de Liquidez Autonómica (FLA) que sufraga el pueblo. Ni se rinden ni cambian de rumbo.

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