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De Godoy a Rajoy

Rajoy se ha incorporado ya a la lista deshonrosa de los que traicionaron a su pueblo.

Santiago Abascal
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Un traidor. Juró cumplir y hacer cumplir la Constitución. Había firmado un contrato con la gente. Tenía el mandato de una gran mayoría absoluta. En su mano el poder, y los instrumentos para ejercerlo. El artículo 155 de la Constitución. El Código Penal. La Abogacía del Estado. La Fiscalía. El presupuesto público para condicionar a la Generalidad sediciosa. La policía. La Guardia Civil. Los Mozos de Escuadra. Pero sobre todo tenía la obligación patriótica de defender a los españoles de Cataluña, de garantizar sus libertades y de preservar el legado y el futuro de nuestros hijos, a los que también les pertenece la tierra catalana.

Se ha limitado a verlas venir, sumando el asunto catalán al montón de legajos de los problemas que se resuelven solos, o al montón de los que no se pueden resolver. Para el presidente Rajoy no parecen existir más alternativas en la vida.

Con su indolencia, con su cobardía y su descreimiento ha dejado que esa cosa que se llama España, "¡qué coñazo!", parezca una antigualla indefendible y molesta. Ha dejado que los argumentos separatistas prendiesen. Que las leyes fueran incumplidas, las sentencias desobedecidas. Y, lo que es peor, ha permitido que las esperanzas de millones de españoles se vayan perdiendo y que muchos vean su dignidad ciudadana menoscabada o pisoteada. Nos ha llevado, en definitiva, a la antesala de una derrota sin dar la más mínima batalla.  Ahora, esa victoria ya sólo puede producirse si antes le damos la batalla a un presidente, cuyo retrato debería ser colgado en alguna galería de felones, al que hay que echar por el bien y la supervivencia de España.

Artur Mas, en su chulería insultante, sabe qué presidente tenemos. Nuestra debilidad es un clamor. Por eso hoy se ha pavoneado inculpándose públicamente como responsable de la consulta. Corrupto entre los corruptos –nada menos que una parte de nuestro país pretende robarnos–, nada teme. Porque él es también impune entre los impunes.

¿Qué iba a temer si incluso la TVE de Rajoy le ríe la gracia? El canal 24 horas de Televisión Española ilustraba la noticia de la consulta con la leyenda: "Las colas y la normalidad son la nota predominante del inicio de la jornada". He ahí el problema: normalidad en la secesión, normalidad en el desafío a las leyes y a los tribunales, normalidad en la indolente pasividad del presidente del Gobierno. Mientras, somos otros los que, cumpliendo con una obligación moral y patriótica, interponemos las querellas contra Artur Mas por los delitos cometidos de prevaricación, usurpación de funciones, malversación de caudales públicos, desobediencia y sedición.

Conservaremos la unidad nacional, a pesar del presidente del Gobierno. Pero Rajoy se ha incorporado ya a la lista deshonrosa de los que traicionaron a su pueblo. De Godoy a Rajoy. Ahora ya sabemos que no contamos con el presidente. Vamos a por él. También en los tribunales.

Santiago Abascal, presidente de Vox.

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